De a poco iremos subiendo las elecciones de los integrantes de la redacción. El juego del dossier consistirá en lo siguiente: cada redactor eligió 10 comedias fundamentales en su vida, 10 comedias que lo transporten inmediatamente a la felicidad (sin ningún orden de prioridad). A su vez, mas allá de esa lista (o incluyendo películas de esa misma), les pedimos que eligieran tres películas sobre las cuales pudieran explayarse. Pero solo pedimos una condición a cumplirse: que una película fuera una comedia canónica, conocida, celebrada; que otra fuera una comedia más bien relegada, olvidada o desconocida, de ser posible; y que la última fuera una comedia contemporánea, de los últimos 10 años. Con esas pautas la redacción fue pensando sus elegidas. Y de a poco las iremos compartiendo. Aquí les dejamos la primer entrega.

Rodolfo Weisskirch

1- El colegial (Buster Keaton, 1927)
2- Sopa de ganso (Leo McCarey, 1934)
3- Ayuno de amor (Howard Hawks, 1940)
4- Los desconocidos de siempre (Mario Monicelli.1958)
5- Una Eva y dos Adanes (Billy Wilder, 1959)
6- La fiesta inolvidable (Blake Edwards, 1968)
7- Perdidos en Nueva York (Arthur Hiller, 1970)
8- El joven Frankenstein (Mel Brooks, 1974)
9- El sentido de la vida (Terry Jones y Terry Gilliam, 1983) 
10- El lobo de Wall Street (Martin Scorsese, 2013) 

Canónica: El Joven Frankenstein (Mel Brooks, 1974)
La volví a ver hace un par de meses en la Sala Lugones y es una película que no ha envejecido. Mel Brooks hace una relectura de las películas de James Whale, respetando la fotografía, encuadres y movimientos de cámara de Frankenstein (1931) y La novia de Frankenstein (1935). Mel Brooks nunca fue tan preciso con la puesta en escena como en esta película y el elenco que integra el film, sin dudas, el mejor de toda su filmografía. Wilder, Feldman, Garr y Boyle consiguen una química perfecta. El slapstick y la comedia verbal funcionan como un relojito. Y si bien la obra de Brooks no se caracteriza por la elegancia o la sutileza, aquí estamos ante su película mas sofisticada. La ruptura de la cuarta pared a través del personaje de Igor (inolvidable interpretación de Feldman) funciona perfectamente, porque la expresividad del intérprete nos remite automáticamente a los mejores comediantes del cine mudo, otra tradición más condensada en la película. Viniendo de un cineasta que es un indiscutido comediante que ha influido en enormidad de directores posteriores, El joven Frankenstein sigue siendo su mejor obra, y una referencia universal de la mejor comedia estadounidense.

Olvidada: Perdidos en Nueva York (Arthur Hiller, 1970)
The Out of Towners es uno de los guiones más cinematográficos escritos por Neil Simon en la década del 70, algo curioso al provenir de un referente del teatro comercial del siglo XX. Perdidos es Nueva York tiene como protagonista al que sería prácticamente el mejor alter ego de Simon: Jack Lemon. En esta oportunidad, el personaje, junto a su esposa (maravillosa Sandy Denis), viajan de un pueblo del interior de Estados Unidos a Manhattan para concretar en apenas dos días, una entrevista de trabajo. Desde que aterrizan en Nueva York tienen que enfrentar numerosos contratiempos, uno más terrible que el otro, pero suficientemente verosimiles como para mostrar el salto de un pueblo pequeño a una ciudad cosmopolita apenas medio siglo atrás. Perdidos es Nueva York se trata de una obra olvidada, que en los 90, se exhibía constantemente en cable. Personalmente, me enamoré de ella la primera vez que la vi, y la volvía a ver con cada repetición. Comedia de situaciones clásica que, más allá de las situaciones hilarantes, se sostiene sobre sus personajes.Al final de cuentas el hombre que decide enfrentarse a toda una ciudad -y pierde la batalla- para no terminar siendo un ingenuo habitante del interior es un cuento moral viejo pero perfecto. Y el cierre es emocionante. Una obra maestra encubierta. 

Contemporánea: El lobo de Wall Street (Martin Scorsese, 2013)
Iba a cerrar el Top Ten con Después de hora, la única comedia pura de Martin Scorsese, pero decidí que el único que podía desbancar a Scorsese era el propio Scorsese. El lobo de Wall Street es lo más divertido y épico que Scorsese ha hecho en los últimos tiempos. Todo lo que uno espera ver de un film de gángsterse del tío Martín está dentro y potenciado en tres horas redondas, donde Leonardo Di Caprio nos descubre a un comediante físico sorprendente (pero Margot Robbie y Jonah Hill también están perfectos). No importa cuánto sea real. Lo que importa es el patetismo de estos lobos. Scorsese se divierte con los personajes, a quienes ama y odia a la vez. Jordan Belfort genera empatía, suda carisma y uno desea que triunfe, pero al mismo tiempo desea que vaya preso. A pesar de su extensa duración al film no le sobra un solo minuto. Es el Scorsese inspirado, joven, cínico, crítico, frío y cinéfilo, es decir, el que más amamos. Hay escenas realmente inolvidables como la de Belfort entrando drogado al hotel, arrastrándose por el piso; las fiestas en la oficina, lanzando enanos, o la emboscada final con «Ms. Robinson» de fondo. Confirmación de la maestría narrativa de Scorsese y relajamiento respecto de la solemidad de sus películas de gangsters, el joven Marty no solo es uno de los realizadores más estimulantes de su generación, sino un gran comediante escondido.


Luciano Salgado

1- Annie Hall (Woody Allen, 1977)
2- Policías de repuesto (Adam McKay, 2010)
3- Top Secret (Zucker-Abrahams-Zucker, 1984)
4- Masacre en el Bronx (Stanley Tong, 1995)
5- La boda de mi mejor amigo (Paul Hogan, 1997)
6- Funny People (Judd Appattow, 2009)
7- Blazzing Saddles (Mel Brooks, 1984)
8- Zoolander (Ben Stiller, 2001)
9- Bésame, tonto (Billy Wilder, 1964)
10-Victor/Victoria (Blake Edwards, 1968)

Canónica: Top Secret (Zucker-Abrahams-Zucker, 1984)
En algún momento de la historia de la comedia entre finales de los 70s y finales de los 80s (trabajando conjuntamente, aunque luego dispersándose y trabajando de manera individual en distintas películas que tendieron a degradar el formato de la sátira que alguna vez supieron construir maravillosamente: comparemos con cualquier Scary Movie (de la 3 a la 5)) el trío Z-A-Z reinó en la comedia como pocos casos. Esta suerte de herederos populares de la estrategia que hizo famoso a Mel Brooks en los 70s supo construir con Top Secret un verdadero conglomerado de situaciones felices, una mejor que la otra, convirtiendo a esta sátira de las películas de espías en una maravilla veloz, endiablada verbalmente, con gags de doble, triple y cuádruple sentido. Al mismo tiempo estamos ante una comedia física delirante y marxiana (en el sentido de los Hermanos Marx, claro), donde las asociaciones permiten encadenar delirios continuados casi sin detención. En esta montaña rusa perfecta capaz de reconstruirnos la cara y dejarnos la sonrisa de yeso, quien brilla es Val Kilmer, ese actor que supo ser un gran comediante (o promesa de) pero que con el tiempo perdimos entre las malas elecciones y el ostracismo. Como suele suceder a muchas grandes obras, Top Secret es una de esas películas que prevalecen en el tiempo, de esas películas que recordamos con amor incondicional porque nos hacen suyos cada vez que las visitamos, como si fuera uno de esos grandes amigos que no se ven en muchos años pero que reconocemos de inmediato al abrazarlo.

Olvidada/Desconocida: Masacre en el Bronx (Stanley Tong, 1995)
Posiblemente alguien me vaya a decir que no estamos frente a una comedia con Masacre en el Bronx (traducción absurda de Rumble in the Bronx que sería más bien algo parecido a Quilombo en el Bronx). Pero no podría estar más equivocado. Porque en el centro duro de esta película sin mayores pretensiones que construir un mundo unidimensional de personajes ídem, en el núcleo de esa película hay un héroe todoterreno, heredero de Buster Keaton, que es Jackie Chan. Pero no es el JC degradado de la experiencia en EE.UU., sino la versión hongkonguesa, es decir, el Jackie Chan comediante en estado puro. El hombre logra aquí lo que pocos pueden: construir una comedia física perfecta hecha de piñas, patadas, tropiezos, golpes de todo tipo. Pero JC no es un luchador. No es un tipo rudo como puede serlo un Jason Statham. Tampoco es un viejo héroe de acción de los 80s/90s, en la línea Stallone-Schwartzenegger-Norris-Van Damme-Willis. No: Jackie Chan es un comediante perfecto de la tradición realista-baziniana. Por eso sus películas hongkonguesas son películas en las que prevalece el plano general, en las que nada es simulado, sino que lo que vemos es lo que hay. Ese suplemento de realidad le da a esta comedia desatada un componente de felicidad extra, porque sentimos que estamos en la arena del circo frente a un gran acróbata que es pura simpatía y locura. Como dato extra, Jackie logra desarticular los usos de los objetos que nos rodean, convirtiendo a cualquier cosa que se tenga a mano en un arma o en un elemento cuya función se invierte. En serio: no le pidan a Masacre en el Bronx nada parecido a un argumento. Pero disfruten la plástica de la comedia física, que seguramente morirá con el gran Jackie, un comediante sin herederos. Y si quieren ver donde comenzó todo, les dejo otra recomendación: busquen Drunken Master, donde Jackie se reinventó, a finales de los 70s, para convertirse en comediante todoterreno.

Contemporánea: Superbad (Gregg Mottola, 2007)
Una de las comedias más hermosas de todos los tiempos (una de las que más felicidad me provee, al menos, es esta maravilla indestructible de una época en la que el mundo era más justo, más gracioso, más interesante, más sensible e inteligente. En definitiva, una comedia sobre un mundo que precisaba de personas y no de statements. Sobre ella y la corrección política ya se escribió mucho y muy bien en las páginas de esta revista (pueden leer la nota por aquí), asi que no hay mucho que pueda decir al respecto más que acordar. Pero no me interesa hablar sobre corrección política. Pero si quiero hablar de camardería, de amor de amigos, de crecer juntos y de muchas e todas esas cosas que nos hacen bien y que olvidamos como bien les pasa a los protagonistas de Superbad, quienes aprenden que crecer también tiene algo que nos vuelve más viles, más crueles con el mundo (incluso con quienes más queremos), solo por intentar hacer entrar todas las putas variables y angustias que nos genera saber que en algún momento nos va a tocar hacer el camino solos o rodeado de menos amigos respecto de lo que hubiéramos querido. Sea como fuera, si algo hace de la película de Greg Mottola una artefacto hermoso e inoxidable es justamente su conexión emocional con nuestra educación emocional. La claridad de construir ese aprendizaje en una noche de locura, a su vez, provee a el juego de una densidad narrativa que en muchos casos suele estar ausente en buena parte de los coming of age. Luego Appattow (aquí productor) empezaría a tirar la toalla y a renegar de su mejor pasado. E incluso los actores (Jonnah Hill, por ejemplo) renegarían de ella tildándola de machista. El presente no entiende nada. Gracias por existir, muchachos.

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