De a poco iremos subiendo las elecciones de los integrantes de la redacción. El juego del dossier consistirá en lo siguiente: cada redactor eligió 10 comedias fundamentales en su vida, 10 comedias que lo transporten inmediatamente a la felicidad (sin ningún orden de prioridad). A su vez, mas allá de esa lista (o incluyendo películas de esa misma), les pedimos que eligieran tres películas sobre las cuales pudieran explayarse. Pero solo pedimos una condición a cumplirse: que una película fuera una comedia canónica, conocida, celebrada; que otra fuera una comedia más bien relegada, olvidada o desconocida, de ser posible; y que la última fuera una comedia contemporánea, de los últimos 10 años. Con esas pautas la redacción fue pensando sus elegidas. Y de a poco las iremos compartiendo. Aquí les dejamos la segunda entrega.

Ludmila Ferreri

1. Silencio se enreda (Peter Bogdanovich, 1992)
2. El retrato (Carlos Schlieper, 1951)
3. Zelig (Woody Allen, 1983)
4. El rey de la comedia (Martin Scorsese, 1982)
5. El ultimo gran héroe (John McTiernan, 1993)
6. La historia de Palm Beach (Preston Sturges, 1942)
7. Junior (Ivan Reitman, 1995)
8. El reportero (Adam McKay, 2004)
9. Balnearios (Mariano Llinás, 2003)
10. Bienvenido a los 40 (Judd Appatow, 2011)

Canónica: El retrato (Carlos Schlieper, 1947)
Schliepper es nuestro Hawks. Es el Hawks que supimos tener pero que perdimos. Que no aprovechamos. Que no supimos cultivar a futuro. Schliepper era un hombre del futuro. Que en un puñado de años llenó el cine argentino de comedias feministas, sexuales, llenas de locura y velocidad. Pero también de promesas y futuros que nunca llegaron más allá de los maravillosos años de su producción que encierran las obras entre 1942 y 1951, acaso su mejor etapa. El retrato no solo es una gran comedia de transmigración de almas y cuerpos sino también una prueba de las libertades que el director podía tomarse como para reformular a la comedia de rematrimonio (haciendo del redescubrimiento sexual un hecho que linda con perversiones varias). Como suele suceder en nuestro país, el patrimonio audiovisual del período de estudios o bien está perdido o bien pertenece a manos privadas. Que esta comedia maravillosa sobre una abuela que ocupa el cuerpo de su nieta y le cambia la vida (y modifica a su matrimonio, pero también la percepción del propio cuerpo y de la sexualidad) no sea una película indispensable en nuestro cine (aunque si lo sea para otras cinematografías que si han considerado a la obra del director) es también un problema nuestro. No reivindicarla es, lisa y llanamente, una irresponsabilidad feroz. Busquen cosas de Schliepper. Pero comiencen con El retrato.

Olvidada/Desconocida: Silencio, se enreda (Peter Bogdanovich, 1992)
Bogdanovich es uno de esos directores que han construido su obra en torno a la felicidad. Pero la felicidad en su cine está directamente asociada a la liviandad, a las burbujas. Por eso algunas de sus películas más felices (Todos Rieron, Silencio se enreda, Qué pasa doctor?, Enredos en Broadway) son en efecto películas sobre el acto de la comedia. Pero curiosamente esa reflexividad en Bogdanovich es un hecho sutil, elegante y lateral. Por eso el centro de esas comedias burbujeantes es la misma tradición, como si Pedro el grande se dedicara a revisitarlas (en particular la comedia de vaudeville) para hacernos deslizar sobre ellas, sobre la fina capa de hielo que las forma. Bueno, en esa dirección, Silencio, se enreda (Noises off, título original bastante más inspirado) es la más sofisticada de esas comedias, entre otras cosas porque duplica, triplica y cuadruplica el juego para que estemos ante una obra de teatro que es filmada pero que a su vez se desdobla en su interior, confundiendo a los mismos actores…que actúan en la obra de teatro…y que confunden los niveles de lo real con lo representado hasta el nivel de la embriaguez. Es notable que Bogdanovich, contra todas las recomendaciones, hace una película completamente fuera de su tiempo. Pero no hace un ejercicio de estilo, sino que posiblemente se trate de el último gran clásico (junto a Eastwood?) que cree en lo que narra, que no juega a la retro nostalgia, sino que concibe un mundo en el que los hechos son posibles. En ese juego cinematográfico de espejos multiplicados, Silencio, se enreda brilla como ninguna otra comedia del director. Y nos recuerda que estamos cuidando muy mal a la obra de este genio absoluto.

Contemporánea: Bienvenido a los 40 (Judd Appatow, 2011)
La puta que te parió, Appatow. Te odio. No, no sos malo. Tampoco sos increíble ni tu obra es imprescindible. Y tu rol como productor puede ser bastante cuestionable como influencia. Pero cuando la pegás la pegás. Y cuando lo hacés duele. Por eso duele tanto Funny People, por eso duele tanto Bienvenido a los 40 (más para quienes ya los cumplimos). No, no duele porque sea terrible lo que la película cuenta, que no es otra cosa que una comedia de rematrimonio y reconciliación con el propio proyecto de vida yéndose al tacho con los sueños de juventud. Lo que duele es que aquí el director logra una sensibilidad perfecta, que no precisa del llamado conservador de sus peores películas (Virgen a los 40 y Ligeramente embarazada) porque no es una de esas películas engañosas sobre sentar cabeza. Bien por el contrario, estamos ante una película que implica todas las mierdas posibles que puede traer aparejado ese acto de «asentarse». Por eso la sucesión de viñetas hogareñas se siente menos como una pesadilla que como un despertar en una vida que no se eligió, pero que se vive por inercia. En ese momento de replanteo del matrimonio con hijos y con deudas que cuenta la película está el centro duro de esa comedia de la vida que es tener que volver a cruzarse con uno mismo frente al espejo y decirse que se eligió bien, mal, horrible o todo junto. Pero que se hizo lo que se pudo. De esa angustia surge la comedia y la risa contenida invade todo lo que imaginen, como un acto desesperado. No la vean solos.

Sergio Monsalve

1.Mistaken for Strangers (Tom Berninger, 2013)
2.F for Fake (Orson Welles, 1973)
3.Incidente en el lago Ness (Zak Penn, 2004)
4.Borat (Larry Charles, 2006)
5.Operación Luna (William Karel, 2002)
6.I’m Still here (Casey Affleck, 2010)
7.This is Spinal tap (Rod Reiner, 1984)
8.Jackass 3D (Jeff Tremaine, 2010)
9.Apuntes para una película de atracos (León Siminiani 2018)
10.The King of Kong (Seth Gordon, 2007)

Canónica: Zelig (Woody Allen, 1983)
Por derecho propio, Zelig pertenece al espacio mutante del documental que busca desmontar la estructura de la técnica y del canon expositivo, desde una concepción “falsa” o concebida a través de los recursos de la ficción.  El tema da para una larga reflexión conceptual, que desborda el ánimo de la nota. De cualquier modo, en el tiempo de cuarentena, lo mejor que puedo recomendar, como creador de documentales, es que usted disfrute del trabajo de Woody Allen en el contexto de la posverdad y el Deep fake. En el foro, si gusta, lo invito a conversar sobre el tejido del guion y la precisión metodológica que lo anima. Mis colegas de inmediato dirán que se trata de un mockumentary en el estricto sentido de la palabra. Como el cine es tan elástico como sus categorías, estimo que Zelig es una salvaje parodia del travestismo, de los disfraces camaleónicos que revisten a la investigación científica en el ámbito documental. 

Olvidada/Desconocida: Agarrando Pueblo (Luis Ospina, 1978)
Menos conocido es “Agarrando Pueblo”, disponible en Youtube. Lo ejecutó un mentor de todos en América Latina, el colombiano Luis Ospina con sus amigos de Callywood. El realizador falleció el año pasado en Bogotá, honrando la gracia que lo animó en vida. Meses antes de su muerte lo entrevisté en una librería de Caracas, donde me habló de “Agarrando Pueblo”, como una pieza de su cine “mentiré”. El cortometraje se estudia en las universidades del planeta, siendo una sátira salvaje, para entender la pornografía de la explotación de la otredad, de la vampirización de la miseria ajena, tan habitual en las imágenes que circulan de pobres enfermos por coronavirus. De nuevo, es una obra de una simulación radical que trastoca la percepción y los códigos ortodoxos de la crítica.

Contemporánea: Todo sobre el asado (Mariano Cohn-Gastón Duprat, 2018)
Más recientemente, los colegas del medio han revisado el legado de los maestros, abriendo las fronteras y los horizontes de la picaresca hispana. Empecé por Buenos Aires y me despido por ahí, enviando mis respetos a dos genios. Nadie en el mundo gesta las marcianadas que cocinan Gastón Duprant y Mariano Cohn a cuatro manos. Estarían ellos orgullosos de saber que cuentan con una amplia fanaticada en Venezuela, que los admira y los analiza en clase. De “Yo Presidente” a “Todo sobre el Asado”, ambos demiurgos han elaborado un desopilante bestiario borgiano, que desmitifica los rituales carnívoros del poder y del hombre común. El documental es así: una parrilla que admite las carnes, las varas y los cortes más disímiles, alimentando el gusto por lo excéntrico y rocambolesco que nos une.

Comentarios