De a poco iremos subiendo las elecciones de los integrantes de la redacción. El juego del dossier consistirá en lo siguiente: cada redactor eligió 10 comedias fundamentales en su vida, 10 comedias que lo transporten inmediatamente a la felicidad (sin ningún orden de prioridad). A su vez, mas allá de esa lista (o incluyendo películas de esa misma), les pedimos que eligieran tres películas sobre las cuales pudieran explayarse. Pero solo pedimos una condición a cumplirse: que una película fuera una comedia canónica, conocida, celebrada; que otra fuera una comedia más bien relegada, olvidada o desconocida, de ser posible; y que la última fuera una comedia contemporánea, de los últimos 10 años. Con esas pautas la redacción fue pensando sus elegidas. Y de a poco las iremos compartiendo. Aquí les dejamos la quinta entrega.

Andrés Fevrier

1. Vampiresas de 1935 (Gold Diggers of 1935, Busby Berkeley, 1935)
2. La serpiente de cascabel (Carlos Schlieper, 1948)
3. El falso escultor (A Bucket of Blood, Roger Corman, 1959)
4. La Cigarra no es un bicho (Daniel Tinayre, 1963)
5. Yoyo (Pierre Étaix, 1965)
6. La fiesta inolvidable (The Party, Blake Edwards, 1968)
7. Ariel (Aki Kaurismäki, 1988)
8. Músicos grandiosos (A Mighty Wind, Christopher Guest, 2003)
9. Pelotas en juego (Dodgeball: A True Underdog Story, Rawson Marshall Thurber, 2004)
10.La vitalidad de los afectos (De helaasheid der dingen, Felix van Groeningen, 2009)

Canónica: La fiesta inolvidable (The Party, Black Edwards, 1968)
La primera sensación frente a esta obra maestra de Black Edwards no fue de alegría sino de  desconcierto, incluso algo de angustia. La vi una tarde de mediados de los ochenta en una de las salas chicas del cine Metro. Mi vieja, que amaba la película, nos llevó a mi hermano y a mí. Pero a nosotros, que teníamos 9, 10 años, ver a un tipo extrovertido, distinto a los demás, que intenta una y otra vez -en general sin suerte- encajar en un contexto ajeno nos ponía inquietos, incómodos. Desde entonces, quizá curiosamente atraído por aquella primera impresión, la volví a ver mil veces, y en cada una fui encontrando cosas nuevas, más placenteras, más felices. La fiesta inolvidable es casi experimental: no hay trama ni historia, apenas un personaje lanzado a un escenario hostil y una seguidilla brillante de situaciones a la deriva. De grande descubrí que Edwards le había afanado mucho a Jacques Tati. Y con el soundtrack me enamoré de Claudine Longet y su delicioso modo de cantar “Nothing to Lose”. 

Olvidada: La Cigarra no es un bicho (Daniel Tinayre, 1963) 
Alguno podrá argumentar que una de los películas más exitosas de la historia del cine nacional, que inauguró un largo subgénero auténticamente porteño (el de las comedias picarescas en telos y afines), no puede considerarse olvidada, muchos menos desconocida. Entonces yo pregunto: ¿la vieron? Quiero decir: ¿la vieron como se debe, en fílmico, en una sala de cine repleta? Tuve la suerte de verla en 35mm en Mar del Plata, en 2014. Y fue una de las experiencias más gozosas que recuerde. Porque a diferencia de la mayoría de sus sucesoras (empezando por Hotel Alojamiento), La cigarra… es una comedia imperecedera. No pretende transgredir los límites de la época -que hoy serían insoportablemente ingenuos-, sino que a partir de la precisión de sus diálogos y la ingeniosa blancura de buena parte de sus chistes logra un humor que resiste muy bien el paso de los años. Y probablemente sea la mejor película argentina sobre cuarentenas.

Contemporánea: Pelotas en juego (Dodgeball: A True Underdog Story, Rawson Marshall Thurber, 2004)
“Debo decir que una eliminación final por doble falta no sucede desde el episodio de Helsinki de 1919, y creo que todos recordamos cómo terminó aquello”. No sé si alguna vez me reí tanto en los últimos años como cuando escuché por primera vez esa frase, una noche solitaria frente al televisor. Pero acaso haya que tener muchas horas de ESPN encima para poder disfrutarla en plenitud. No me refiero a mirar blockbusters deportivos tipo Real Madrid-Barcelona o Federer en una final de Grand Slam. No: estoy hablando de gozar con un jueves de European Tour, con una reunión de la Diamond League. Entre muchos otros méritos, Pelotas en juego hace reír a partir de comprender y luego exagerar -con milimétrica sutileza- los códigos del deporte y sus transmisiones televisivas. Y como si fuera poco Lance Armstrong añadió involuntariamente, ocho años después de su estreno, un chiste nuevo. En general no me entusiasma demasiado la llamada Nueva Comedia Americana, pero esta comedia es cosa seria.

Federico Karstulovich

1. South Park: bigger, longer and uncut (Trey Parker-Matt Stone, 1999)
2. Todos Rieron (Peter Bogdanovich, 1981)
3. Playtime (Jacques Tati, 1967)
4. Alta Fidelidad (Stephen Frears, 2000)
5. This is Spinal Tap (Rob Reiner, 1984)
6. Pelotas en juego (Rawson Marshall Truber, 2004)
7. Irene yo y mi otro yo (Peter & Bobby Farrelly, 1999)
8. Amazon Women on the moon (Joe Dante-John Landis, 1986)
9. La elección (Alexander Payne, 1999)
10. Quisiera ser grande (Penny Marshall, 1988)

Canónica: Hatari! (Howard Hawks, 1962)
Hawks, un genio todo terreno, el tipo que podía dirigir en cualquier género, con cualquier grupo de actores casi cualquier cosa, hizo, al final de su carrera (como Ford, ese otro todoterreno) su película más libre, gozosa, disfrutable por todos los costados posibles. Puede resumirse con el escueto «Tanzania. Un grupo de cazadores conviviendo bajo un mismo techo. Una mujer se integra al grupo (en donde también hay mujeres). Tensión sexual por todos lados. Hablar. Comer. Cazar. Dormir. Coger. Más animales». Con pocos materiales, con una singular idea de concentración dramática, con una fluidez que le permite hacer de John Wayne una parodia del macho pistola (el feminismo de Hawks no era una proclama, era una pragmática desde la primera hora), con una capacidad para sostener 157′ de película como si se tratara de un suspiro, Hatari! demuestra ser mucho más que una película de aventuras mal catalogada (los problemas de tratar al cine como estantería de supermercado). En ella se resume el arte hawksiano como en pocas películas: la confianza en la imagen, las palabras como responsables del ocultamiento de los sentimientos, el sexo, siempre el sexo hasta en la sopa pero casi nunca exhibido, los grupos como formas de la felicidad y como testimonio de la camaradería. Hawks no necesitó etiquetas en ningún momento de su carrera. Pero, tal y como dije al inicio, fue en el final de su carrera en donde se desprendió de cualquier referencia que no fuera seguir hacia adelante sin confiar en ninguna otra cosa que no fuera en su hambre narrativa. Por eso Hatari se siente como una gran y maravillosa comilona, en donde el viejo maestro quiere comerse el mundo y abrazar la experiencia de la felicidad. Lo logra. Y lo transmite en dos horas y pico inolvidables. Si nunca la vieron, búsquenla, visítenla y ámenla fuerte. Porque vale toda la alegría (no la pena) del mundo.

Desconocida: Adictos al Sexo (John Waters, 2004)
John Waters es bastante más que el padre del trash. Si me preguntan respondo sin problemas: si, amo el humor escatológico porque creo que en él radica una de las formas más animadas de la felicidad y la libertad: la del goce del cuerpo. Por eso el cine de Waters es responsable de una radicalidad que se hace imposible de domesticar, incluso cuando se lo inserta en el sistema de consumo masivo y se lo pasteuriza vía musicales. De una u otra forma Waters está ahí, agazapado. Pero también hay un JW irreductible, con una radicalidad que no busca volver a los 70s sino subvertir los códigos de cada tiempo. Por eso, allá por 2004, estrenó una obra maestra indestructible que pasó completamente desapercibida (no puedo entender cómo…o en todo casi si puedo: el contexto de época ya había aprendido del maestro y la NCA (nueva comedia americana) dominaba el espectro), que fue un fracaso rutilante y además ofició de último largometraje filmado, lamentablemente. Nuevamente, como en otras películas anteriores post-Polyester (1981) la historia es la de una liberación. Un pueblo en tensión entre puritanos y adictos al sexo. En medio de eso una protagonista (Tracey Ullman, brillante), quien luego de rechazarlo descubre que el sexo puede ser fuente de felicidad y liberación (incluyendo todas las perversiones y subversiones posibles). El final es apoteótico y radical en su manera de entender la comedia como ese punto álgido en el que el cuerpo tiene que convertirse en protagonista absoluto. Una película feliz y sobre la felicidad, capaz de salvarnos de casi cualquier mal.

Contemporánea: JackAss 3D (Jeff Tremaine, 2010)
Alguna vez expliqué en clase que la troupe de Jackass, contrario a ser un grupo de pelotudos que hacen bromas pesadas a terceros, son acaso el último resabio que nos queda de humor físico salvaje y descontrolado. Ese humor conecta con las mejores tradiciones del slapstick de Buster Keaton y Harold Lloyd (pero también con otras). Pero los chistes de pedos, pis, mierda, semen, pendejos, sudor, vómito y otras viscosidades no se legitiman porque citemos a cómicos canónicos. Bien por el contrario, el humor de los muchachos de Jackass nunca se ha legitimado (al contrario: experimenta un desprecio progresivo). Contra el temor reverencial al cuerpo que expresa el presente de correcciones políticas varias, de control y legislación de qué debe ser motivo de risa y qué debe ser motivo de censura, lo de JackAss 3D es una patada en los huevos. Toda la película es un gran espectáculo audiovisual sobre la libertad del humor físico, sobre la pérdida del miedo a golpearse, a lastimarse, a pelotudearse entre amigos (en donde el juego del poder de las cámaras ocultas que burlan a incautos deja de existir para convertirse en una fiesta íntima). Homoerotismo, escatología, visceralidad, recuperación del amor a los elementos primarios, lo que logra esta película es un milagro infrecuente. Como se podrán imaginar fue un fracaso colosal. Incluso, casi una década después, el grupo volvió por mas en un par de películas con raíz más narrativa y menos anárquica, pero también plenas de felicidad: Bad Grampa y Action Point. Pero eso es otra historia. Allá por 2010 Jackass 3D convirtió al cine en un lugar de felicidad extrema, en donde quienes la disfrutamos no podíamos levantarnos de nuestros asientos del dolor de estómago por tanto reírnos. No suele suceder muy seguido eso. Háganse el favor de buscarla y verla urgente. Y luego salgan a la calle, a disfrutar de la libertad, aunque sea por un rato.

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