El cambio de la continuidad

Por Federico Karstulovich

Se ha dicho en innumerables ocasiones que el cine del director pocas veces experimentó cambios bruscos. No obstante pareciera cumplirse una máxima compartida por buena parte de la cinefilia (mientras que otra busca forzar los componentes de las épocas anteriores de la obra de CE): Rio Misticorompió algo que tardó muchos años en repararse. Y en el proceso de esa reparación Eastwood experimentó cosas como nunca en su carrera, como si repentinamente, luego de un inicio maduro, hubiera decidido probar todo lo que pudiera: se puso solemne y sentencioso, casi culposo con la mencionada, con La conquista del honory con Cartas desde Iwo Jima. Se puso condenadamente cruel y amarillista con El sustituto. Coqueteó con el new age de manera indirecta y extraña en Más allá de la vida. Retornó a los Biopicscon Invictus(en esta ocasión concentrándose sobre la figura de Nelson Mandela) y con J.Edgar(poniendo el eje sobre sobre la figura de J. Edgar Hoover) y se valió de historias reales de personas comunes (FrancotiradorSully15: 17 Tren a París, pero también La Mula) para retornar a sus reflexiones sobre el heroismo. Coqueteó con su pasado en Million Dollar Babyy en Gran Torino, que en su momento fueron leídas como películas testamentarias de su figura. Pero también hizo una película libre, feliz, y sin ataduras como Jersey Boys

A ver: tan malos fueron los últimos 20 años para el viejo Clint? A decir verdad, no tanto. Pero tampoco fueron tan buenos. En definitiva son cosas que pasan cuando uno prueba, experimenta nuevas posibilidades: a veces las cosas salen bien y otras no tanto. Quizás la mayor distancia se sintió entre 2003 y 2008, que fue el quinquenio en el que Eastwood se volvió “prestigioso” en los círculos no tan cinéfilos ni tan apegados a su obra. Con Gran Torino pareció volver al terreno conocido, pero luego desde Invictus (2009) a Francotirador (2014) no hizo otra cosa mas que probar. Jersey Boysse sintió como el lugar de reposo perfecto para retomar energía. Y asi como a finales de los 80s el director se tomó su tiempo para revisar su figura en relación a los géneros con los que había jugado, en estos últimos años (de 2014 a 2019) pareciera haberse tomado espacio mental para pensar con tranquilidad qué es lo que entendemos detrás de la figura del héroe. O en todo caso: se ha preguntado por el carácter banal de los héroes. Y las responsbilidades en juego que implican cargar con semejante mote. Esto, si miramos con atención, no formaba parte necesariamente de sus primeras películas. O al menos no de manera explícita.

Como pocas veces, según resultara conveniente, Eastwood volvió a ser acusado de viejo reaccionario, fascista, probélico, antifeminista, xenófobo y vaya uno a saber cuántos epítetos más. Ese también fue uno de los resultantes de la experimentación. La cinefilia, como hemos mencionado, castiga duramente. O mejor dicho, fustiga todo aquello que obligue a replantearse lugares comunes. El problema, en todo caso, es que la obra de Eastwood cosecha 2003-2019 dividió bastante las aguas entre los defensores férreos y aquellos que optaron por convertir al viejo cascarrabias en objeto de señalamientos despreciables. La pregunta a hacerse no viene por el lado de quien puede y quien no puede tener razón, sino de qué cosas pasaron por la obra de este director casi nonagenario.

Como primera medida yo no dejaría de pensar en una serie de hipótesis de máxima que complementan a la premisa planteada al inicio de esta nota: 

1. Eastwood se encontró con un límiteal poner su obra en torno a su personaje. Y por eso tuvo que correrse: haberse quedado en el centro habría vaciado a su cine

2. Al correrse del centro no solo abandonó algunos temas característicos, sino que incursionó en otrosque mayormente no formaban parte de sus inquietudes creativas. Esto brindó la sensación de novedadpero tambiénla de impersonalidad.

3. El cambio de ejes fue acompañado por el cambio de equipo creativo(y en vez de poner el eje en su propio mundo tendió a acompañar al planteo de sus guionistas).

4. El público cambió: una nueva generación descubrió a un directoral que los premios y las nominaciones vistieron de prestigio. Pero ese mismo público se declaraba desconocedor del Eastood anterior (en alguna medida como le había sucedido a Woody Allen luego de filmar Match Point). Y esto desvituóal menos levemente la noción de obra conjuntaen favor dela idea de cada obra individual.

5. Eastwood necesitaba descansar de su propia figuray precisaba sentirse libre, como si recomenzara. Como si fuera joven y tuviera la energía para conocer nuevas cosas, temas. El pasado era sinónimo de muerte, ya no de identidad.

6. Para volver a los ejes históricos de su obra necesitaba tomar distancia. Y la distancia es lo único que permite ver si las mutaciones de la historia acomodan las cosas. Es decir: Eastwood se aleja para poder volver sobre si de otro modo, apreciando el camino recorrido.

Si bien, al menos en mi opinión, Deuda de sangrees una película relativamente fallida (más por acción de su guionista Brian Helgeland que por Eastwood), no puedo dejar de decir que es una película que pertenece a la década anterior. Por eso los cambios de época en la obra del director no son meros automatismos de cambio de década. Asi y todo conRio Místicose impone un aire de importancia, de solemnidad, de densidad discursiva que CE carecía. Es, en alguna medida, el contraejemplo perfecto de la obra anterior del director: pletórica de subrrayados, metafórica hasta lo risible, expositiva de un desprecio por lo heroico y por los personajes clásicos, estamos ante lo que la crítica empobrecida de aquel entonces podría definir como un cine adulto. Pero en el fondo estamos ante su perfecta antítesis: es una película pueril que necesita gritar a los cuatro vientos las verdades sobre un lugar y una época. Por eso, cuando uno vuelve a este experimento (yo hablaría mas bien de cálculo) fallido, la sensación es la de un quiebre irreversible. 

Fue buscado esto por parte del director? Es posible. Porque las difrerencias, los contrastes, son tan abismales que uno no puede sino pensar que hay una voluntad de ir contra lo anterior. Un poco menos grave, pero a la vez lastrada por una crueldad que Eastwood tampoco había mostrado previamente (o al menos hasta Rio Mistico) es Millon Dollar Baby, que durante ¾ partes se comporta como un perfecto retorno a Ford y a Huston. Pero que en los 45 minutos finales desbarranca con una brutalidad de la cual es muy dificil salir indemne. Solo disociando esas dos sensibilidades (3/4 partes contra el último cuarto) resulta tolerable. De ahí que muchos de los que amamos la obra de CE hubiéramos pensado lo peor. Pero lo peor no había llegado.

Con el díptico culposo de La conquista del honor (2006) y Cartas desde Iwo Jima(2006) Eastwood se viste de pacifista aunque en el fondo lo que se juega es la necesidad de construir un discurso sobre las perspectivas en el frente bélico (la idea de que ambas sean contracaras de la moneda trae al centro la necesidad de desarmar maniqueismos culturales a la vez que son películas que se preguntan por la construcción del discurso histórico de los héroes de guerra. Pero lo extraño es que toda esa necesidad no parece responder a una idea personal ni a un mundo autónomo, sino que pareciera estar respondiendo a un espíritu de época, como si en alguna medida Eastwood estuviera tomándose el trabajo de hacer notas al pie sobre la historia (y sobre el discurso de su obra).

Quizás el punto más bajo de este período (junto con Rio Mistico) sea El sustituto(2008), que nos trae a un aspecto enrarecido de la poética eastwoodiana, que es la fascinación con los hechos reales. El problema particular de esta película es que los hechos en cuestión son, cuando menos, trabajados y tratados con una crueldad y desidia narrativa que asusta, como si el director, obsesionado por lo que cuenta, hubiera dejado de lado la conciencia por el cómo. Pero otra de las cosas que trae esta novedad es la necesidad de sentenciar verdades sobre el mundo de manera solemne y subrrayada, algo que ya estaba en la mencionada Rio Mistico.

Como dijimos antes, con Gran Torinose produce el gran retorno. Habían pasado seis años desde la última aparición de Eastwood como protagonista. Y el regreso a escena lo toma con plena conciencia de la necesidad de despedirse, de pasar la posta, de realizar un giro. Por eso el aprendizaje es con los otros, es decir, el apredizaje es un legado que se deja a otros. Esto puede sonar extraño por un lado, pero tampoco lo es tanto: el ingreso a la década como octogenario parece encontrar una respuesta saludable que no pase por situarse en el centro. Irse es también una forma de generosidad. Con Invictus en cambio retorna algo que, si bien estaba en la obra anterior de Eastwood -hablamos de las películas sobre personas notables- en las últimas dos décadas pareció incrementarse. Pero Eastwood realizó un cambio de perspectiva: trabajar a personas notables desde costado poco convencionales (en vez de quedarse con el Mandela heroico de la resistencia quedarse con el Mandela de la reunificación y el perdón, con toda la incorrección política que eso supone) y trabajar a personas poco notables como héroes azarosos. Asi como Invictus lo hace a su manera, J.Edgar Francotirador lo hacen a la suya, al menos dentro del primer grupo. En el segundo, en cambio, podemos pensar a películas como Sully, como 15:17 Tren a Paris o como La Mula.

Fuera de ese conjunto queda ese giro maravilloso y liberador (algo que Eastwood parece haber implementado a lo largo de toda su carrera: momentos para parar y disfrutar dejando de lado algunas obsesiones pero conservando otras) que fue Jersey Boys pero también ese ovni rarísimo que parece no establecer punto de contacto alguno con su filmografía anterior (al menos a primera vista) que es Más allá de la vida.

En cualquiera de los casos, ya sea en sus películas que retornan al pasado y obligan a pensarse como personaje (Million Dollar BabyGran TorinoLa Mula), como en las películas del prestigio inmediato (el díptico La conquista del honor/Cartas desde Iwo Jima), o sus biopics anómalos (Invictus,J. EdgarJersey Boys) asi como su obsesion con reconstruir hechos reales (El sustitutoFrancotiradorSully15.17 Tren a ParisLa Mula) o por pensar en las derivaciones de lo heroico (FrancotiradorSully15.17 Tren a Paris), si algo ha sabido hacer CE es probar. Y toda prueba y error es un principio elemental de la pragmática: prueba, error, combinación. Eastwood tiene ochenta y pico. No le debe nada a nadie. Y en su libertad está la clave de su triunfo: es el triunfo del hacer frente a la impostación de ser. No se me ocurre nada más alejado del prestigio y la importancia de una estrella. Porque aunque las estrellas desaparezcan siguen iluminando incluso el camino más oscuro.

Comentarios