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Tiempo de lectura: 4 minutosDossier Estudio Ghibli (XVI): El increíble castillo vagabundo

Marcos Rodríguez

El increíble castillo vagabundo (Hauru no Ugoku Shiro) 
Japón, 2004, 119′ 
Dirigida por Hayao Miyazaki

Folletín japonés

Por Marcos Rodríguez

Una de las cosas más interesantes del trabajo de un genio como Hayao Miyazaki es que uno puede sumergirse en su filmografía y encontrar, entre una serie bastante larga de obras maestras, la película enorme que mejor convenga a su búsqueda. Si abandonamos la idea ridícula de declarar cuál es su “obra maestra”, podemos dedicarnos a rastrear lo que mejor viene para cada momento. Mi hija, por ejemplo, ama Ponyo Totoro y si uno está buscando la mayor conexión emocional probablemente Totoro sea la mejor. Pero si uno busca la película de mayor despliegue narrativo y de imaginación, con una construcción perfecta de personajes, tal vez habría que ir por Chihiro. Al volver a verla, Kiki resulta asombrosamente fresca y actual. Pero también está el mundo de las aventuras de Miyazaki, con una película perfecta y mitológica e inoxidable que es Laputa. Podríamos seguir y variar las categorías, y siempre encontrar algo único.

Dentro de toda esta lista, tal vez una de las películas que a priori parecen menos atractivas sea El increíble castillo vagabundo: vino después de Chihiro, la película que le trajo el reconocimiento internacional, el prestigio definitivo, y comparte con esta unos cuantos puntos, desde un diseño parecido de sus viejas hasta una cierta repetición en los personajes y sus funciones (Cabeza de Nabo de El castillo… se parece sospechosamente al Sin Cara de Chihiro), y podríamos seguir. La ambientación steampunk la habíamos visto antes y es posible que Sophie, la protagonista de El castillo…, se encuentre entre las protagonistas menos logradas de Miyazaki: es modestita, su mayor trauma es que no se siente “linda” y su gran búsqueda es poder expresar su amor por el mago rubiecito con aires de ídolo teen pop. Es, por supuesto, una mujer de armas tomar, como todas las de Miyazaki, pero frente a la cotidianeidad entrañable de Satsuki o de Kiki, frente al valor existencial de Chihiro, incluso frente a la sed de aventuras de Sheeta, Sophie se nos aparece un poco demasiado doméstica, preocupada apenas por coser sombreros, limpiar telarañas y armar su casita cómoda donde cuidar de su familia.

Por otro lado, la trama de El castillo… es un tanto complicada. Cruza ambientación europea, magia vuelta cotidiana, época Fin de Siglo y una especie de manifiesto antibelicista muy presente pero nada concreto: hay una guerra entre un reino y otro, no se sabe dónde ni mucho menos por qué. Se ve la destrucción y muerte, la desesperación, pero no su contexto: de hecho, al final, por una simple decisión de la bruja al mando, todo se termina así nada más. Una guerra así, tan sin fundamento, tan abstracta, por más linda que esté dibujada es un poco floja, y por lo tanto más flojo es el deseo de que esa guerra no ocurra. A Sophie, como al espectador, más que la guerra le preocupa más que Howl (el mago dueño del castillo) no se convierta en una bestia emplumada. Lo demás es cháchara. Por otro lado, el encanto europeo evidentemente es fuerte para Miyazaki, pero para un occidental es más pintoresco lo exótico: los dioses de Chihiroresultaban mucho más atractivos que los vestidos de señora de El castillo…

Y, sin embargo, El increíble castillo vagabundo no deja de ser una obra maestra. La había visto hace quince años y la volví a ver con la misma fascinación. No hay grandes heroínas, también es cierto que Miyazaki no tañe (ni busca hacerlo) las cuerdas sentimentales que tan bien sabe hacer sonar. Pero de alguna forma todo eso le permite una libertad enorme a la película. No hay cotidianeidad, no hay casi explicaciones. Lo que sostiene y vuelve insuperable a El increíble castillo vagabundo es su puro nervio narrativo. Apenas empieza, la película tira una situación y la siguiente, describe un mundo extremadamente complejo con una naturalidad casi imposible y a partir de ese punto va tejiendo acciones en una cadena que jamás se detiene y que sigue una lógica que resulta indescifrable. Por lo que veo, la película está basada en una novela, que no sé realmente cómo será ni si podrá entenderse mejor o no que esta película, pero como un espectador de la obra de Miyazaki debo decir que lo que pasa es atrapante y casi inexplicable. Sobre todo en un primer momento: una chica modesta que trabaja en una sombrerería, a la que nadie le da bola, de pronto se ve atrapada en una trama de celos mágicos entre hechiceros, y al pasar a formar parte de la familia de Howl se ve inmiscuida en una serie de sucesos en los cuales siempre hay alguien más o menos a mano para dar una pista o explicación porque, la verdad, si no, no habríamos sabido para dónde salir. Esto dicho no como defecto sino como una gran virtud: la narración de El castillo avanza sin pausa y nos lleva a cada esquina para un lugar que nunca hubiéramos imaginado. Nada, absolutamente ninguna de las acciones o pequeñas resoluciones que se van encadenando en la película, responde a un lugar común. Hay ciertas figuras folklóricas dando vueltas, ciertos hitos, pero todo se engancha con una lógica de hierro y absurda.

La capacidad que tiene Miyazaki de entregarse a la narración pura, de encadenarnos a una historia que va de un lado al otro (más allá del antibelicismo ya mencionado), de convertirnos en nenes maravillados con las sorpresas que puede depararnos una historia, eso solo te lo hace un genio.

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