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Tiempo de lectura: 4 minutosDossier Estudio Ghibli (XXI): El recuerdo de Marnie

Por Rodolfo Weisskirch

El recuerdo de Marnie (Omoide no Mânî)
Japón, 2014, 103′
Dirigida por Hiromasa Yonebayashi

Una mujer inolvidable

Por Rodolfo Weisskirch

Niños enfermos, escenarios aislados de todo contexto urbano, encuentro de dos mundos -uno de ellos fantástico y el otro real- y la construcción de un ideal familiar son, aparentemente, los diversos núcleos narrativos de Hiromasa Yonebayashi, director de El mundo secreto de Arriety y El recuerdo de Marnie. Hablamos de uno de los más jóvenes realizadores de Estudios Ghibli, que sin perder tiempo ha buscado despegarse de la sombra de Miyazaki, en particular para enfocar sus conflictos en las incertidumbres internas de sus protagonistas y no tanto en la fusión de lo real y lo fantástico.

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La premisa de El recuerdo de Marnie está basada en una novela de Joan G. Robinson, en la que protagonista, Anna, una niña huérfana de 12 años, asmática, introvertida, antisocial, solitaria y deprimida -¿algo más?- es enviada por su madre adoptiva a la casa de unos “tíos” en medio del campo. El cambio de aire, supuestamente, la ayudaría en la cura de la enfermedad respiratoria.

Dado que, desde temprano, Anna se siente atraída por sitios abandonados -como una torre o una vieja mansión a orillas de un lago- es en la mencionada casa donde, justamente, conoce a Marnie, una joven rubia, por la que siente una atracción inmediata. Marnie la pasea por las fiestas familiares, le enseña a desinhibirse, y Anna, con la condición de volver al anochecer, cuan Cenicienta, a la casa de sus familiares, acepta introducirse en el universo que le enseña Marnie, que parece sacado de otra época, como si cruzando un lago Anna viajara en el tiempo y se encontrara con un escenario similar al del Hotel Overlook en plena actividad.

Pero más allá del componente fantástico (presente en la mayor parte de las producciones del Estudio Ghibli) y el misterio que envuelve a la personalidad de Marnie -¿es real o producto de la imaginación de Anna-, el principal conflicto que presenta el film es la búsqueda de la identidad. Y en todo caso como un recuerdo fantástico puede ser el detonador para descubrir aquello que parecía oculto, que estaba reprimido, olvidado o simplemente pugnaba por salir de algún modo pero no encontraba la forma. La protagonista cumple con un arco dramático impecable. Sus conflictos, deseos y sueños posibilitan una construcción escalonada del carácter. Los conceptos sobre la comprensión del pasado, la aceptación individual de la propia identidad, pero también las consecuencias del previsible cambio, forman un eje temático trágico, pero al mismo tiempo reconfortante para la protagonista.

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Yonebayashi construye con extraordinario pulso un relato iniciático combinado con una especie de thriller hitchcockiano. Porque como si no fuera poca, la referencia en el título -y el nombre del personaje- el escenario elegido, el secreto alrededor de Marnie, y la presencia casi fantasmal de niñera de Marnie, sugiere cierta influencia climática de la inoxidable Rebecca, una mujer inolvidable, con algunos atisbos de Cuéntame tu vida y Vértigo. La presencia de Hitchcock no solo es inevitable sino que es indispensable para entender el mundo que miramos en la película de Yonebayashi.

Pero el realizador nunca pretende jugar con los géneros ni torsionarlos siquiera. Por el contrario, se acomoda fácilmente al melodrama clásico, pero con un toque de misterio casi gótico alrededor de esta figura central fantasmal. Incluso siguiendo cierta previsibilidad de esos códigos genéricos, en los últimos 45 minutos se incorpora un personaje que sirve de vehículo para que la protagonista resuelva terapéuticamente el acertijo. Si, es un recurso un poco obvio y un deus ex machina alarmante, pero permite que la narración avance sobre la previsibilidad que nos brindan las visitas a los viejos géneros, que son, muchas veces, casas abandonadas que supieron ser majestuosas..

Se pueden conjugar varias hipótesis de por qué Anna siente atracción por Marnie. Es interesante sospechar que la tensión de Anna es algo más que una empatía. Mientras todas las niñas de su edad ingresan en un mundo de interés heterosexual por otros varones, Anna decide auto marginarse y construir un vínculo idílico con Marnie, que se siente sin ambages como la presencia de una fascinación lésbica que la película muestra elípticamente. Pero ahí también prevalece la ética de la narración clásica, que muestra sin enfatizar.

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El recuerdo de Marnie, tiene una dosis justa de sensibilidad adulta e ingenuidad infantil. Es fácil de leer y entender, más allá de alguna que otra sobreexplicación al final. Al igual que en las obras de Pixar el realizador no piensa en el público infantil como principal receptor, lo que posibilita, diversas sub lecturas, dependiendo la edad y el conocimiento cultural de cada uno, sobre la obra en cuestión. En esta obra, la cultura y tradiciones japonesas, son prácticamente obviados, algo que no sucede en otras películas del estudio. Por el contrario, se sugiere, un micro- universo integrado por personas de diversas colectividades, que nunca son especificadas.

Yonebayashi se mantiene fiel a una premisa visual económica, prolija, sin demasiadas ambiciones. Es principalmente, un narrador clásico. Y con esta especie de fábula, confirma los intereses dramáticos que le dan status de un posible autor, acaso no demasiado rupturista, dentro un estudio que tiene, de por sí, una personalidad ya definida y mas juguetona con los géneros, con los tonos y los cambios de ritmo.

El recuerdo de Marnie, celebra la fusión de dos culturas -la oriental y la occidental- pero concentrando la mirada en la construcción de universos con una coherencia interna que no precise del referente externo (como si sucede con muchos otros autores del estudio, en especial Miyazaki, un especialista en sincretismos culturales varios). Curiosamente, mediando las tradiciones más antiguas, a veces los alumnos logran superar la magia del profesor. 

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