Las margaritas

Tiempo de lectura: 7 minutosDossier Obras maestras desconocidas/secretas (IX)

Andrés Brandariz

El dossier sobre obras maestras secretas/desconocidas tiene ese no sé qué de revelar algo oculto, algo prohibido, el gusto por el escondite, el encuentro con algo clandestino. Por eso se trata de un dossier íntimo y público a la vez, en el que jugamos a pensar listas de películas olvidadas, desconocidas o ningunearas al momento de su estreno y en la posteridad. Aquí les dejamos la novena parte de este dossier. Esperamos que lo disfruten en su integridad.

Por Andrés Brandariz

The Curse of the Cat People (Gunther von Fritsch & Robert Wise, EEUU, 1944)
The Tales of Hoffman (Michael Powell-Emeric Pressburger, Reino Unido, 1951)
Sedmikrásky (Věra Chytilová, Checoslovaquia, 1966)

Un toque de Zen (King Hu, China, 1970)
The Legend of the hell house (John Hough, EE.UU., 1973)
Angst (Gerald Kargl, Austria, 1983)

Mary & Max (Adam Elliot, EE.UU., 2009)
Stories We Tell (Sarah Polley, Canadá, 2012)
The Eyes of My Mother (Nicolas Pesce, EEUU, 2016)
Les Innocentes (Anne Fontaine, Francia, 2016)

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Clásica: The Curse of the Cat People (Gunther von Fritsch & Robert Wise, EEUU, 1944)
Las tres películas que elegí para escribir en este dossier adoptan, de maneras distintas, el punto de vista de un personaje que tiene algún conflicto con la noción de normalidad; o por lo menos, una óptica distorsionada a la hora de entender la realidad. Las tres suelen agruparse dentro de los códigos del cine de terror: sin embargo, The Curse of the Cat People no pertenece a este género. Se trata de una película de género fantástico, en el sentido más tradicional posible del término: presenta un mundo similar al nuestro -por lo menos, similar de la década del 40′- en el cual aparece un elemento que le resulta ajeno. Tampoco se trata de una secuela estricta del clásico de Jacques Torneur de 1942: comparte algunos de los personajes principales y agrega otros, pero la maldición sobre la cual gira la trama de la primera no vuelve a ser siquiera mencionada. Sin embargo, The Curse… comparte con Cat People la mismas inquietudes que abordan todas las películas que produjo Val Lewton para RKO en el transcurso de apenas cuatro años (1942-1946) que abordan, de una manera u otra, lo fantástico: el choque entre un mundo racional, al cual sostenemos como un statu quo, pero que es incapaz de contener nuestros miedos y aspiraciones.
En el caso de The Curse of the Cat People, el tema es el choque entre la mirada infantil -en la cual cabe toda fantasía e imaginación- y el mundo adulto que pretende corregirla, amaestrarla, negarla. La protagonista de The Curse of the Cat People es una niña, Amy (Ann Carter), la pequeña hija de Oliver (Kent Smith) y Alice (Jane Randolph) Reed, pareja que quedaba constituida luego de la trágica muerte de Irena (Simone Simon) -la mujer pantera de la película de Tourneur-. La imaginación desbocada de Amy, sumada a su dificultad para hacer amistades, preocupan a su padre. Sin embargo, luego de intentar socializar con otras niñas de manera frustrante, Amy encuentra una compañía más estimulante en una actriz mayor (Julia Dean) que está convencida de que su hija (Elizabeth Russell) no es su hija sino una impostora. Este encuentro libera la imaginación de la niña y, combinado con el encuentro de una foto de Irena -cuya pérdida todavía es una herida abierta para Oliver- Amy empieza a tener encuentros secretos con la difunta, convertida en una especie de hada madrina fantasmal. A lo largo de la película, Amy recibe las reprimendas e incluso el castigo del padre por sus fantasías y delirios. En lo profundo de las motivaciones de Oliver, está el temor a todo lo que se sale de la normalidad implica. En este sentido, sí se puede pensar a la película como una secuela -por lo menos en un plano espiritual- de la «maldición» de Cat People. El miedo de Oliver es el miedo ante la perspectiva trágica de que otro ser amado (en este caso, su hija) caiga en la locura. Pero el conflicto se resuelve cuando Oliver es capaz de ver con los ojos de la niña, los ojos de la fantasía. En el final, ambos contemplan el jardín y son capaces de ver al fantasma de Irena. Para la niña, esto implica la validación de la imaginación, la posibilidad de una crianza libre del molde rígido de la racionalidad; para el padre, implica aceptar todavía vive en él esa mujer a la cual sólo puede ver imaginando. 

La angustia del miedo 635958322 large

Moderna: Angst (Gerald Kargl, Austria, 1983)
Angst es una de las películas preferidas de Gaspar Noé, lo cual ofrece cierta idea de lo que nos podemos llegar a encontrar al verla. Ante todo, se trata de una experiencia brutal: pocas veces en mi vida he visto una sinergia semejante entre los diversos elementos que configuran la puesta en escena de una película para conjurar un clima tan inquietante, tenso y desagradablemente incómodo.
Angst (que no tiene nada que ver con la angustia, en alemán significa lisa y llanamente «miedo») sigue el derrotero de un asesino serial (Erwin Leder) que sale de la cárcel después un encierro de dos años. Inmediatamente, el asesino empieza a buscar a su próxima víctima. Un prólogo nos muestra el asesinato que lo llevó a la cárcel -del cual el Psicópata dice no tener recuerdo alguno- y un pequeño resumen, de corte documental, de su historia criminal. Pronto, el asesino encuentra la manera de entrar en una casa de familia donde liberará toda su brutalidad sobre tres víctimas inocentes: una Madre (Edith Rosset), una hija muy joven (Sylvia Ryder) y un hijo (Rudolf Götz), que se desplaza en silla de ruedas y tiene una discapacidad cognitiva.
En su linealidad -tan diferente a la tensión a través del suspenso a la cual nos tienen acostumbrados los thrillers de home invasion de otras latitudes- Angst pone a prueba nuestra voluntad de seguir mirando: los actos que se describen son repulsivos, de una crueldad caótica que se complementa de la manera más perturbadora posible con los textos de una voz en off -consistentes en testimonios de asesinos seriales reales-, que narra con serenidad mientras el Psicópata despacha a sus víctimas y carga sus cadáveres en un auto. Lo que la mete de lleno en el género de terror, además de las características del psicópata, es nuevamente la puesta en escena: las angulaciones extrañas, el uso agresivo del sonido, la punzante banda sonora electrónica de Klaus Schulze, configuran una especie de realismo extraterrestre en el cual la cotidianeidad de un desayuno en una estación de servicio convive con la explosión de la violencia más exacerbada. 
A cada momento, Angst amenaza con convertirse en nada más que un display de vileza, en un regodeo vulgar consistente en desafiar los límites de lo que se puede llegar a filmar. Sin embargo, el cierre habilita otra lectura. En el final, en el cual el Psicópata le muestra a los clientes de la estación de servicio el horrendo trofeo de sus tres víctimas sin que esto les movilice emoción alguna, nos interpela como espectadores. Es una especie de pre-Funny Games, sin romper la cuarta pared. La decisión de no mostrar los cadáveres en el baúl -sólo se ve al Psicópata abriéndolo y a los clientes mirándolo-, cuando previamente se nos ha mostrado con sumo grado de detalle cada asesinato, pone a la película de cabeza y nos reubica súbitamente en ella como construcción. Gerald Kargl nos ha mostrado todo lo que se puede llegar a ver, pero se niega a mostrarnos ese baúl: el plano «pide» que se muestre el baúl y, a pesar de ello, el director nos lo oculta. «Qué más quieren ver?», parece preguntarnos. La catarsis de ver las caras de horror de los clientes ante el baúl abierto también nos está negada: lo único que hacen es contemplarlo con impavidez. De esta manera, la película nos obtura emocionalmente, y nos niega el remate a esa broma de mal gusto contada por un demente.   

The Eyes of My Mother 861738387 large

Contemporánea: The Eyes of My Mother (Nicolas Pesce, EEUU, 2016)
The Eyes of My Mother es una suerte de cruza entre The Curse of the Cat People y Angst, sumado a sus propias obsesiones autorales (particularmente con Ingmar Bergman). La ópera prima de Nicolas Pesce podría resumirse, para quien haya visto las dos películas anteriores, como lo que hubiera pasado si la niña de The Curse of the Cat People se convirtiera, progresivamente, en el Psicópata de Angst
The Eyes of my Mother es la historia de la solitaria Francisca (primero interpretada por Olivia Bond, luego por Kika Magalhåes), que vive una vida bucólica en una granja retirada de la urbanización hasta que un extraño (Will Brill) asesina a su madre (Diana Agostini). En castigo, el padre (Paul Nazak) lo encierra en el granero y Francisca -que ha aprendido de su madre algunas nociones de taxidermia- le arranca al extraño los ojos y las cuerdas vocales, volviéndolo incapaz de valerse por sí mismo. A la vez que Francisca comete este acto brutal, cuida con devoción al extraño: es su bebé. En el proceder de Francisca aparece una retorcida lógica infantil, una especie de ingenuidad para la destrucción que la convierte en un personaje tan enigmático como insólitamente conmovedor. En esta contradicción, The Eyes of My Mother se revela como una película profundamente terrorífica: una situación de virtual esclavitud se convierte en una especie de vínculo madre-hijo, una siniestra parodia del concepto del «instinto maternal» llevado al extremo.
Con el tiempo, Francisca sentirá el deseo de criar a su propio bebé. La escena en la cual se apropia del hijo de una mujer (Flora Diaz) es una síntesis de todo el espectro emocional al cual The Eyes of My Mother nos somete como espectadores, con sus planos largos, su blanco y negro ascético y una casi total ausencia de música (aunque un fado portugués tiene la oportunidad de brillar). Francisca, luego de lograr su objetivo, resulta ser una madre ejemplar para su hijo Antonio (Joey Curtis-Green), con el pequeño detalle de que tiene a su verdadera madre encadenada en el viejo granero. 
La idea de la familia como ideal, y la de Francisca como una parodia alucinada de ese ideal, está en el corazón de The Eyes of My Mother y también define a su personaje, que resulta totalmente trágico: no en vano el gesto de Edipo, el arrancarse los ojos, aparece con tanta fuerza en esta película. Francisca ansía la normalidad que le fue quitada con violencia y brutalidad, pero la única manera que conoce de recuperarla es violenta y brutal. Al final, le toca ser víctima de las fuerzas del orden, que vienen a desarmar su fantasía. La pregunta sobre el psicópata -¿nace o se hace?- queda flotando en el aire, fascinante y perturbadora.

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