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Tiempo de lectura: 3 minutos#DossierMonteHellman: una introducción nómade

Por Pedro Gomes Reis

Nowhere Man

Como bien sabemos la muerte siempre trae alguna clase de reivindicaciones y reconocimientos que son bastante más difíciles de encontrar en vida. Sea como fuera, prontamente sabremos qué pasará con la obra de Monte Hellman. Y de aquí a los próximos años veremos qué sucede con un montón de directores con los que comparte la invisibilidad, los que fueron sistemáticamente olvidados: los Bogdanovich, los Cimino, los Friedkin, en fin, quién sabe.

La realidad es que la obra de Monte Hellman se encuentra en un lugar intermedio en como para buena parte de la cinefilia. Si bien se trata de un director que supo gozar de cierta clase de prestigio en el pasado, la realidad es que MH no pertenecía estrictamente a la Generación del 70, sino a un intersticio. Un lugar sin lugar. Al mismo tiempo tampoco se trata de un director que pertenezca a la llamada generación intermedia como los Lumet, Penn, los Pakula, los Pollack. Tampoco pertenece a la tradición de directores que comenzar en la década del 50 como Fuller, como Aldrich, como Siegel. Monte Hellman no pertenece técnicamente a ningún lado. Esa no pertenencia tuvo un correlato directo en su propia obra. Por eso su obra, en efecto, es un verdadero caso de cine nómade: sus personajes circulan todo el tiempo en su cine; en sus películas se producen situaciones de tránsito e inestabilidad en todo momento. Y a la vez, los desplazamientos se dan azarosamente, sin un centro preciso o directo en la narrativa. Al final de cuentas la obra de Monte Hellman terminó, en alguna medida, también adoptando algo del lugar del propio creador.

En este orden de cosas la decisión de hacer un dossier sobre la obra de un director tan importante (y no en los términos de importancia trascendencia si no en los términos de capacidad de generar nuevas miradas, nuevas vías de entrada, o en la capacidad de inventar modos de pensar el cine) respondió directamente a poner en alguna clase de justicia tamaño olvido. En este sentido el dossier que están a punto de leer se propone distintas vías de entrada. Hemos pensado en un dossier que tenga un ojo puesto en cada una de las etapas de las películas de Monte Hellman: es decir una mirada que se concentre en la primera etapa de películas pequeñas económicas (no casualmente una etapa vinculada a Roger Corman); una siguiente etapa vinculada a las formas de ciertos géneros en particular el Western (hasta el punto que el mismo Monte Hellman es creador de una variante específica dentro del género); otra etapa concentrada en largos recorridos que realizan los personajes a lo largo de road Movies extrañas; y sin dudas una última etapa signada por películas malditas, en particular las tres últimas: por un lado Iguana, por otro Silent Night Deadly Night III: Better Watch Out (que no fue ni más ni menos que un extraño Slasher casi fuera de su época), incluyendo a la testamentaria y reflexiva (al extremo con un juego de muñecas rusas) como lo fue Road To Nowhere.

En todos y cada uno de los casos decidimos o planteamos un ingreso a la obra de Monte Hellman que no se concentre en una mirada autoral definitiva y que clausure el modo de pensar su obra. De hecho no hay figura dentro del marco de los directores precedentes o posteriores a su generación que quizás sea tan resistente a los modos de configuración del cine autor como en la obra de Monte Hellman. Ojo, nada de esto quiere decir que no posea rasgos autorales, sino que en todo caso su eclecticismo le permitió construir una obra variada, plural, inestable, imprecisa y sorprendente a lo largo de varias décadas. En este sentido la propuesta de este dossier no tiene otro horizonte más que volver a iluminar esta figura fundamental que seguramente en el plazo de los siguientes meses adquiera un nuevo status de culto, dicho sea de paso, status que en alguna medida se había tenido pero que le había negado la posibilidad de descubrir su cine con otras coordenadas a muchos espectadores. Sumado a esto, el acceso a su obra se había convertido en una un hecho particularmente difícil.

Esperamos que con la lamentable muerte de Monte Hellman su obra vuelva ser vista y al mismo tiempo seamos los espectadores los que podamos encontrar en su obra un nuevo camino de retorno al cine. Quizás su obra vuelva a ser vista de otra manera con otros ojos. Al final de cuentas, a veces, las revoluciones (al menos las más interesantes) son las silenciosas. Quizás ese sea el triunfo final de este director hoy olvidado sobre el cual nos proponemos volver de manera urgente.

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