El camino de los senderos que bifurcan

Por Diego Kohan

  1. Año 2000. Charlo en el cine con un amigo de toda la vida, a la espera de que comiencen los avances. Mi vida como espectador de cine estaba a minutos de cambiar para siempre y yo no lo sabía. ¿La película? X-Men, su primera versión cinematográfica. Hasta ese momento, pocas veces un estreno me había despertado tanta expectativa y ansiedad. Consciente de mis limitaciones, asumo la imposibilidad de transmitir con exactitud lo que sentí al ver esa primera escena, rebalsado de adrenalina, emoción, nervios, alegría y absolutamente conmovido. Posiblemente, una de las mejores escenas que dio el cine de superhéroes en su corta historia. En un campo de concentración nazi, un niño (algunos ¿pocos? sabíamos que se trataba de Eric Lehnsherr – Magento) es separado de sus padres; desesperado en llanto por su tristeza y angustia, con su mente logra retorcer –sin proponérselo- una puerta de hierro.
  2. Con el tiempo y a la distancia, la escena sigue funcionando. Intacta. O incluso mejor aún, mejorada por el contraste con la acumulación de películas posteriores del género ya elaboradas bajo fórmulas y moldes comunes que la prosiguieron. Quizás, con casi 20 años desde su estreno, ya se trata de una secuencia recordada y vista con nostalgia. Y decimos que aún funciona porque además del cariño de fan, esos minutos inaugurales (acaso de todo el cine de superhéroes moderno) es puro cine: no hace falta explicar la situación, no hay diálogos, no hay nada más que lo que vemos y a la vez está todo, el fuera de campo con una fuerza impresionante; el montaje es acertado, no hay grandes efectos especiales, e incluso la escena termina con solidez simbólica al mostrar la reja doblada, entre abierta, rota: algo cambió, algo se rompió –claro- y no volverá a ser igual. Pero claro, eso fue hace 18 años. Y mucha agua pasó bajo el río y mucha de esa agua se bifurcó hacia distintos formatos (de hecho una gran versión animada de X-Men preexistió a la versión en cine).
  3. Como sabemos, la teoría siempre es posterior al asunto en cuestión. Por eso ahora resulta pertinente preguntarnos si da lo mismo, si es igual esa adaptación de comics a cualquier pantalla. En primer lugar, formularía de modo más preciso esta incógnita y separaría al cine respecto de de Tv/Streaming (consumo por internet). Como en todo género, la pantalla grande exige una respuesta inmediata y convoca a una gran masa de espectadores (hablamos de producciones de gran inversión de dinero). Para esto debe responder a ciertos criterios como por ejemplo la calificación (nadie invertiría estas sumas ridículas en una película para mayores de 18) o el estándar de FX, etc., etc. La TV, en este sentido, supo ser bastante más laxa con algunas exigencias de inversión, con alguna particularidad en el acabado y, de manera más específica, su interés era divergente al de los tanques cinemtográficos. Ambos formatos –cine y tv-, como dijimos, tienen sus condicionamientos y, en principio, los dos tienen sus cuestiones positivas. Veamos.
  4. Pensemos lo primero, que es una cuestión de dimensiones y extensión. En general, la pantalla grande es el lugar de los personajes más emblemáticos y el de las batallas a mayor escala. Hay un componente épico que se lleva mucho mejor con el dispositivo de exhibición cinematográfico que el televisivo. Piensen sino en los combates de Avengers. Hechos para tv serían inviables. Menos que menos lo serían sus intérpretes. Además, el género precisa de minutos de acción y por ende los rasgos del personaje de turno son menos sutiles que en tv, donde la tridimensionalidad tiene más tiempo para desarrollarse (o debería, claro); seguramente, si Ironman fuese una serie de Netflix veríamos varias horas destinadas a su conflicto interno en torno a su frivolidad e incapacidad sentimental.
  5. Si hacemos un repaso podríamos afirmar que no queda superhéroe importante sin película propia; algunos, incluso, tienen varias sagas en su lomo, como Batman, Spiderman, Superman. Ahora bien… ¿Cuántas de ellas son realmente buenas? ¿Debemos establecer el estándar en consideraciones como “se pasa el rato”, “disfrutable” o similares? En buena medida esto depende de la adaptabilidad y plasticidad, un problema con el que ha sabido lidiar mejor la tv que el cine. Si esto es asi se debe a que, cuestiones de derechos al margen, las empresas (¿y en menor parte los directores?) optaron por reducir la fidelidad al corazón del comic de turno, así vimos cómo en la mencionada X-Men modificaron vínculos, líneas temporales y protagonismo a su antojo (vale aclarar que posiblemente sea el comic con la red más compleja y satisfactoria de todos estos elementos); que Nolan apenas saca un solo villano icónico del baúl (Joker) y que el archienemigo (Mandarín) más importante del superhéroe más popular del momento (Ironman) fue reducido a un actor ordinario que interpreta a un terrorista. Algunos dirán que dado las ganancias y aceptación de estas películas fueron decisiones acertadas. Buena parte de lo que pasa en la TV es que hay una dinámica más expansiva con los personajes y sus conflictos de origen en el comic.
  6. Un tercer punto de estas contraposiciones tiene que ver con lo que podríamos llamar iconocidad y potencial de desarrollo lateral. Las series basadas en comics suelen adaptarse con más naturalidad a los esquemas televisivos -de hecho, las tiras en papel son eso-, con la diferencia que mientras Marvel optó por las temporadas cortas y un conflicto bien determinado, DC usó el formato de varios episodios con pequeños duelos en cada uno de ellos. Es interesante ver como dentro del formato de pantalla chica también podemos diferenciar TV convencional de Streaming. Tal discrepancia da un gran contraste entre el tono de las ficciones de ambas compañías. Bien hizo Marvel en entender que Netflix es un buen lugar para desarrollar historias más oscuras, urbanas, pequeñas e incorrectas (personajes rotos, decisiones poco heroicas, etc.) mientras DC sigue alimentando la tv clásica con seriales que aún tienen rasgos de la vieja Smallville y sus contenidos mantienen esa atmósfera de tira juvenil de “preparatoria”, con romances inocentes y puros y gestos desinteresados ante el llamado al deber. Algunos ejemplos de ambas cuestiones: Jessica Jones, Luke Cage, Legion (Marvel), Flash, Supergirl, Gotham (DC). Como se ve, la pantalla chica suele ser el rincón ideal para los personajes menos icónicos o de segundo orden, con la comodidad de inventar, deshacer y demás retoques de la historias fuente (las originales del cómic) sin grandes demandas o rechazos de los fans. Además, en todos los casos se tratan de series pensadas para nacer y morir en la pantalla chica; de hecho, cuando algún personaje aparece en Cine –caso Flash-, cambia el actor y no hay relación alguna. Las series que mejor aprovecharon las libertades de no requerir un público tan masivo como una película fueron Daredevil (la mejor de todas, al nivel de cualquier serie reconocida), Legión  y  Jessica Jones (sobre las que he hablado aquí y aquí).
  7. Algo que le es común a prácticamente todas las adaptaciones (Cine y TV) es el hábito-manía de comenzar el relato por el rito iniciático de cada superhéroe; es decir, por el nacimiento del alter ego de cada uno. Esta premisa ya ridícula no tiene una explicación sólida. Hasta hace unos años, esto se resolvía con un flashback porque no era considerado importante. Sostenemos esta diferencia de época con los ejemplos de las películas de las tortugas ninjas, de la vieja saga de Batman o incluso con la famosa serie del Zorro. Hoy en día no hay ficción del género que no comience su relato en ese punto de partida común. Pensemos que en sus versiones cinematográficas Spiderman ya contó la famosa picadura 2 o 3 veces. Ridículo, como dijimos. El cine parece hoy por hoy más proclive a resolver ese problema, a sacárselo de encima con sobreentendidos (ver la nueva saga de Spiderman) mientras que la TV parece continuar con ese lastre.
  8. Volvamos sobre nuestros pasos. El estreno de X-Men parecía la llegada definitiva de los cómics a la pantalla; ya no se trataba únicamente de Súperman y Batman o alguna serie como la vieja Hulk (o la famosa Batman con Adam West claro) sino de otra cosa. La industria había decidido que era de hora de buscar otras fuentes, otros relatos y otros mitos que sirvieran ser explotados (narrativa y económicamente). Posiblemente, nadie imaginó que 20 años después el cine comercial se reduciría casi exclusivamente a esto. Lamentablemente, decenas de estrenos mediantes, sabemos que lo auspicioso de aquella primera escena en el campo de concentración no fue la norma sino la excepción. Las mencionadas fórmulas y estrategias comerciales atentaron y atentan contra no sólo la libertad creativa sino contra la identidad -mediante puesta en escena- de los film y series. Sin embargo, una gran porcentaje del público no repara en eso: “es una película de superhéroes, ¿qué querés?” se escucha seguido, a modo de defender el producto, como podría decir el seguidor del cantante pop de moda ante la crítica musical o la exigencia de cantar sin playback.
  9. Parece insólito que Hollywood haya demorado tanto tiempo en comprobar que los cómics son una fuente vasta de relatos complejos y sólidos. A su vez esa solidez parece pegada a la trama en las películas para cine y pegada a los personajes en TV-Streaming. La pregunta central es si esto garantiza un buen film (adaptación mediante) o una buena serie.. La respuesta es NO; pues como ocurre con cualquier tipo de cine, tampoco un excelente guión asegura nada y hasta puede salir una película horrible. Justamente, y esto es lo central en todo esto, porque ya sea que se trate de un film de superhéroes, de cuentos fantásticos o uno de dramas “basados en hechos reales”, el cine tiene sus reglas y convenciones que son abarcativas. Por esto es que a fin de cuentas todos los reproches o debates de índole fan (entiéndase: vestuario, adaptación de la historia original, etc.) nunca son más importantes que la evaluación (y goce, claro) de la película como película en sí; y cuando estas mencionadas críticas parecen ponderar los asuntos superficiales al mismo nivel que otras cuestiones realmente fundamentales como el uso de recursos cinematográficos es porque algo falla en el film de turno.
  10. La primera entrega del Capitán América pone en escena un mundo propio, contrasta pasado y presente, elige los tonos de la fotografía, nos adentra en la subjetividad del protagonista; la segunda, en cambio –Avengers mediante- , simplemente ofrece –pareciera- un episodio más del grupo mencionado. Profundidad en el desarrollo frente a acumulación de situaciones, pareciera que otra parte de la disyuntiva viene por ese lado. Capitán América, Iron Man, ya es todo lo mismo; se camufla el conflicto, alternan los personajes, pero ya no hay identidad. ¿Son malas películas? No, pero también están lejos están de ser excepcionales. Hágase la experiencia de ver Avengers sin sonido y se notará que la música no cambia en nada el entendimiento y sentimiento. Jessica Jones, como hemos comentado al pasar, pierde mucho en su segunda temporada y expone al personaje, el guión es poco original y torpe; incluso, recién al final de esta segunda temporada googlié sobre la historia original de los Comics; antes no había importado. Éste es el grueso de la cuestión, donde se conjugan el producto de pantalla (Cine o Tv), la mirada Fan y la adaptación del Cómic. Como hemos dicho, la preocupación por la fidelidad aparece cuando lo que estamos viendo falla, se trate de una película o serie. Probemos con la siguiente inversión: cuántas personas ajenas al mundo de las tiras habrá googleado al Mandarín? Apuesto que pocas, porque la película es sólida. Mucho menos nos ha importado si los acontecimientos de la maravillosa Logan –la mejor película que dio el género- responden fielmente a los cómics.
  11. Retomando sobre las fórmulas comerciales, observemos el caso de x-men como ejemplo del condicionamiento de estos elementos absolutamente ajenos a las necesidades narrativas.Notemos que la adaptación del relato original de la fuente –cómics- es alterado no por imposibilidades de anclajes históricos obligados (como la edad de Magneto, que era niño en la 2GM) ni por búsquedas referidas a lo que el Director entiende como mejor opción (como bien hace Nolan eligiendo los personajes secundarios en su trilogía de Batman) sino por un condicionamiento meramente comercial: Mystique/Jennifer Lawrence pasa a ser un personaje central de el Universo X-Men. Para aquellos que desconocen, es similar a lo que sería una versión de Avengers con Loki como protagonista o una Liga de la Justicia con Cyborg de líder. El formato televisivo parece menos proclive a esas manipulaciones y los quiebres dados por giros de timón de producción son exageradamente menores.
  12. El género “superhéroes” parece establecido, pero bien puede tratarse de una moda (por más que haya fechas de estreno con años (¡) de antelación). La mayor inquietud es saber si las próximas películas y series que veamos nos dejarán algo nuevo y nos presentaran un mundo particular para contar lo que desean o si, como es tendencia, responderán a las fórmulas comerciales de la coyuntura.

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