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Tiempo de lectura: 3 minutosEl agente topo

Por Raúl Ortiz Mory

Chile, 2020, 90′
Dirigida por Maite Alberdi
Con intervenciones de Sergio Chamy, Rómulo Aitken, Marta Olivares, Berta Ureta, Zoila González, Petronila Abarca, Rubira Olivares

El disfraz

Maite Alberdi dice que sus películas no están pensadas ni ejecutadas desde un punto de vista político. Alberdi miente. No sé si lo hace deliberadamente o sincera su posición basándose en el privilegio que otorga el registro documental. Alberdi prefiere rechazar el sentido político que encierran sus trabajos para apuntar, y, obvio, justificar sus obras, alineándose hacia espacios más amables y menos controvertidos. Sus declaraciones se desbordan por el lado de una falsa modestia que fluctúa entre el sentimentalismo y la instantánea de la exploración social.  

La política que construye -la que realmente aporta y parece un sueño tan lejano, la menos practicada- no es aquella que se dedica a cuestionar el sistema. Tampoco tiene como objetivo, en esencia, poner en duda el accionar de los individuos que la ejercen. La buena política -si es que el término no suena inocente- impulsa el debate sobre las normas y las instancias que conducen el comportamiento de los propios individuos. Varias generaciones, especialmente en América Latina y sin importar la condición social o el tipo de gobierno que han soportado, asocia la política con escándalos de corrupción, manipulación de voluntades e ineficiencia de la gestión pública. Es decir, cualquier idea distinta a la que se cuece en su génesis. 

El agente topo, la última película de Alberdi, está llena de política, como en otros de sus documentales: La once y Los niños. Y la vuelve a ejercer desde un rincón apacible que a primera vista se siente inocuo, conmovedor y bastante inofensivo, pero, sin que lo notemos, poco a poco, ajusta la cuerda hasta que el nudo hace daño y caemos violentamente en el espiral del cuestionamiento, fomentando la discusión que reflexiona acerca de las instituciones básicas, caso la familia, o los espectros más enrevesados, caso el Estado. 

Insisto, hacer política desde el fuero tradicional de los hemiciclos y las casas de gobierno, e incluso, desde el ámbito cinematográfico, no siempre debe o tiene que seguir la línea del ajusticiamiento popular o la acusación frontal. El agente topo, disfraza la denuncia que expone su historia con un personaje por el que es fácil sentirse identificado, ya sea por las experiencias cercanas o ajenas que cualquier espectador cargue. Sin duda, la empatía es un elemento que ayuda a tomar postura desde el inicio del documental. Entonces, se hace difícil no avanzar por la historia sin que el tema central del filme toque, hiera y hasta nos haga sentir culpables. Eso también es hacer política.

El agente topo narra la historia de Sergio, un octogenario que funge de espía en un asilo de ancianos con la finalidad de denunciar maltratos a una de las internas. El entrenamiento que recibe Sergio es intenso y, debido a su avanzada edad y poco dominio de la tecnología, demasiado complicado. Superadas las barreras iniciales del adiestramiento, Sergio recorrerá el centro de reposo entablando amistades y conociendo casos que grafican el microcosmos de la tercera edad y lo duro de ser percibido como una carga para la familia. 

El documental que, evidentemente y sobre todo al inicio, juguetea con la ficción, mantiene un tono acorde a las películas de género detectivesco (musicalización, ritmo y estética fotográfica), pero también se acerca a la comedia negra que especula sobre las posibilidades de su propio potencial. Sin embargo, conforme el trabajo de Alberdi va tomando cuerpo, todo adquiere un cariz melodramático que se refuerza por la simbiosis entre las historias del “reparto coral” y la mirada del protagonista. 

Entre los cimientos que hacen estimulante el último trabajo de Alberdi está la capacidad de sorprender por medio de las revelaciones que otorga lo insólito. La frescura de la cotidianeidad y la cámara camuflada en la rutina de los ancianos alcanza buenos resultados, especialmente en las escenas rodadas en lugares comunitarios o durante las celebraciones que organiza el asilo. 

Alberdi ha dicho que sus películas tienen un compromiso social e histórico que retrata el presente y que servirá como archivo para que en el futuro se entienda un momento de la sociedad chilena, sudamericana o mundial. Eso es exagerado. No obstante, en tiempos donde vivimos llenos de incertidumbre, que son más amenazantes que los riesgos mismos que propone la realidad, una película como El agente topo llama la atención debido a su sensibilidad y a su particular forma de hacer política sin mucho ruido. 

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