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Tiempo de lectura: 3 minutosEl misterio de Soho (I)

Por Santiago Gonzalez

Last Night in Soho
Reino Unido, 2021, 118′
Dirigida por Edgar Wright
Con Thomasin McKenzie, Anya Taylor-Joy, Matt Smith, Terence Stamp, Diana Rigg, Rita Tushingham, Synnove Karlsen, Joakim Skarli, Andrew Bicknell, Colin Mace, Michael Ajao, Will Rogers, Will Rowlands, Craig Anthony-Kelly, Lisa McGrillis, James Phelps, Oliver Phelps, Jessie Mei Li, Michael Jibson, Connor Calland, Katrina Vasilieva, Abdul Hakim Joy, Milica Guceva

De entre los muertos

Es probable que 2021 vaya a ser recordado, al menos cinematográficamente, como el año en que dos directores establecidos en la industria dieron dos de sus obras más arriesgadas, más libres y despreocupadas. James Wan hizo su parte con Malignant, una película que revivía al cine fantástico europeo cosecha 60-70, con el giallo a la cabeza, y que de paso dejo en off side a varios críticos de cine que con un par de huevos fritos por ojos la vieron como un mamarracho o simplemente no aceptaban sus influencias porque no entraba en su biblia de cómo deben funcionar los subgéneros en la cultura cinéfila popular.

El inglés Edgar Wright es de la misma generación que Wan y comparte la misma avidez cinéfila enfocada en subgéneros marginales con los que creció. EW comenzó su carrera en el cine casi en la misma época que el director malayo. Con Shaun of the dead (2004) EW dejó en evidencia sus virtudes rápidamente: manejo casi virtuoso de todas las herramientas del lenguaje formal y inclaudicable amor por el género fantástico y las derivaciones degradadas y minimizadas. Al mismo tiempo, vale aclarar, también podían verse de entrada sus falencias como la sobresaturación de las herramientas del lenguaje cinematográfico, como si precisara demostrarnos tu dominio absoluto de las facultades narrativas. Sin ir más lejos esto fue el principal motivo de afectación para que Scott Pilgrim vs the world (2010) se convirtiera en la que hasta ahora emerge como su peor película.

Me arriesgo a tirar una teoría nacionalista sobre EW. Creo que trabaja mejor cuando no sale de las historias de su país. Me refiero a que entiende la tradición cinematográfica inglesa y por su puesto a sus maestros. Quizás por eso su mejor película resulta ser Hot fuzz (2007) cuya trama ocurría en un pueblito perdido inglés. Ahí Wright caricaturizaba a los típicos personajes que pululan por aquellos lares pero también homenajeaba al cine de terror de sectas. Nuevamente la superposición entre lo local y lo universal de los géneros. El arte de EW es un arte combinatoria, producto de la hibridación.

Después de su paseo por Estados Unidos el director vuelve a su país, a su tradición y sobre todo a su historia, porque Last night in Soho es eso. Es una película histórica, no solo por enfocarse en los dos tiempos en que transcurre la historia (o tres si se tiene en cuenta las imágenes de los créditos sacadas por Wright durante la pandemia), sino también por construir su mundo mediante subgéneros ya muertos y recuperar actores emblema de la década del sesenta y setenta como Diana Rigg y Terence Stamp, solo para comenzar. Lo más interesante (y acá está la clave de su cinefilia emparentada a la de James Wan) es que lo hace abrazando al pasado pero no desde un gesto pop vacío y ostentoso, gesto que a veces parece imponerse en su cine cuando revisa el pasado, sino con verdadero amor por aquellas formas cinematográficas ya desaparecidas, como si precisara declarar su identidad sobre los desperdicios de los fantasmas del pasado. 

Wright trabaja la historia desde la óptica de los subgéneros (del giallo al krimi, del terror psicológico al de asesinos seriales) ya que sabe son campos de libertad para jugar con la imagen y con la historia. De ese sistema de trabajo sale una superficie pulida que es vieja y nueva al mismo tiempo. Digo esto porque lo que más ruido provocó en muchos críticos al momento de su circulación internacional fue cambio de tono en el tercer acto en donde prevalece la fantasía con giros argumentales para desembocar en una resolución que muchos vieron como tranquilizadora en estos tiempos de corrección política. Debo decir que, contrariamente, creo que Wright toma esa decisión porque realmente comprende el cambio que se estaba produciendo en aquel entonces (los 60s/70s), años olvidados para la corrección actual, en donde la mujer comenzaba a ser construída a partir de un viraje: abandonar el papel de la víctima indefensa para poder convertirse, inclusive, en victimaria.

En su cinefilia, Wright también le envía un mensaje al presente desde el pasado. El problema es si estamos preparados para entenderlo (al mensaje y al pasado).

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