El silencio de otros 
España-EE.UU.-Francia-Canadá, 2018, 95′
Dirigida por Almudena Carracedo y Robert Bahar.

Sin sepultura

Por Carla Leonardi

Tras la muerte de Franco, ocurrida en 1975, se impone por ley del congreso español el llamado “Pacto del olvido”, que no fue otra cosa que una amnistía general que también perdonaba a los crímenes de la dictadura, sin tener en cuenta que los crímenes perpetrados por el Estado no pueden equipararse a aquellos que pueda haber realizado la población civil en tiempos de dictadura. Este pacto de silencio, por tanto, no permitió que los crímenes de desaparición y muerte, ocurridos durante el franquismo, puedan ser investigados y llevados a juicio dentro de España. Esto terminó generando, entre otras cosas, la incomodidad de que algunas de las víctimas tuvieran que convivir en su presente, en su vida cotidiana, con aquellos quienes los torturaron en su juventud. El plano que toma a José María Galante reflejado en la puerta de la vivienda de su torturador es de por si elocuente, ya que las rejas en la puerta lo sitúan a él como prisionero producto del silencio impuesto como política de estado, mientras que su verdugo transita por las calles con impunidad y sin ningún tipo de cuestionamiento interior. 

Una mujer anciana sale de su casa en un pequeño pueblo de La mancha, en España. Sale con su rodete arreglado y echa andar por las calles munida de su andador. Apesadumbrada, lamenta con dolor que no se le enterrara dignamente a su madre. Tiene que dejar el ramo de flores atadas a la banquina en la ruta que pasa por lo que fue la fosa común de cadáveres de fusilados durante la dictadura del Gral Franco. Ese es el comienzo de El silencio de otros.

A nivel formal el documental emplea un montaje que alterna la voz en over del narrador, material de archivo fílmico de los acontecimiento históricos del contexto a los que se hace referencia y testimonios con cámara fija de victimas sobrevivientes y familiares de desaparecidos durante la dictadura de Franco así como de los actores legales intervinientes. El punto de vista elegido, sin dudas, apunta a meter al espectador en la intimidad de la la organización y desarrollo de lo que ha sido conocido como la “Querella argentina”. En qué consiste esa estrategia? Imposibilitados de avanzar con la causa en su país y apremiados por el paso el tiempo que borra las huellas de la memoria (porque los familiares o las víctimas que lograron sobrevivir van muriendo), un grupo de querellantes se reúne bajo el patrocinio del abogado de derechos humanos Carlos Slepoy para presentar la causa por los crímenes del franquismo en los tribuales de argentina, donde se habían realizado avances en materia de juicio a los genocidas de la dictadura. La estrategia judicial de los demandantes se ajusta al derecho internacional, considerando estos crímenes como de lesa humanidad, sin tiempo de prescripción del delito y pudiendo tomar acción cualquier tribunal del mundo, y toma como modelo el caso del dictador chileno Augusto Pinochet, quien pudo ser detenido en Londres e investigado por sus crímenes gracias al accionar de la justicia española. De esta manera, el tono que adopta el film se acerca al thriller judicial, mostrando la sordidez y la connivencia del poder judicial con el poder político (incluyendo al de la realeza) de España para resistir y mantener el pacto de silencio, ante la avalancha de denuncias. 

A lo largo el documental se hace evidente la soledad de la lucha de las víctimas y los familiares de víctimas del franquismo, que choca una y otra vez contra diversos obstáculos que les pone un poder político que les da la espalda abiertamente, bloqueando declaraciones y pedidos de extradicción de los torturadores imputados, inmovilizando la derogación de la Ley del pacto del silencio, pero también chocando contra parte de la población civil de corte conservador que prefiere acallar la protesta porque considera que el país solo puede avanzar con paz y trabajando y no removiendo hechos del pasado. Al mismo tiempo es la misma población civil que no muestra interés por conocer lo sucedido en aquellos años y que mantiene vivo al franquismo conmemorando los aniversarios el fallecimiento del dictador. Frente a todo eso las víctimas también muestran su fortaleza para no bajar los brazos aunque al día de hoy hayan obtenido algunos pocos avances (imputación de torturadores, exhumación de cadáveres de algunas fosas comunes), pero no se haya realizado ninguna detención ni juicio contra los imputados. 

El documental es convencional en su estructura, algo que puede reconocerse a los pocos minutos, pero donde mejor funciona es dando cuenta de la disparidad de las fuerzas en juego a través de la la articulación simbólica de los monumentos que rinden homenaje a cada una de las fuerzas implicadas. El monumento, inaugurado en homenaje a las victimas de la guerra civil  en el año 2009 (llamado Mirador de la memoria y situado en las sierras del Valle de Jerte) consiste en un conjunto de estatuas muy austeras, que fueron baleadas luego de su inauguración. Esto da cuenta de la sensibilidad que al día de hoy tiene este tema en España y su vez permite ver el odio profundo que aún persiste. Contrasta con este monumento la ampulosidad de aquel del Valle de los Caídos, que no es otra cosa que el memorial donde está enterrado Francisco Franco. De la misma manera se contrapone la pomposidad de aquellos que le rinden homenaje a cada año de su muerte con el desprecio por esos otros a quienes se les niega la identidad y una sepultura digna. 

Que los familiares breguen por la digna sepultura de sus seres queridos ante la justicia universal no es otra cosa sino la recuperación del gesto de Antígona, aquel que invocaba las leyes de los dioses por la sepultura de su hermano. Este acto no es mero capricho ni intención de remover el pasado para molestar al presente. La sepultura es la inscripción en lo simbólico del paso del un ser humano por la vida, es un rito que permite tramitar el duelo en relación esa falta que supone toda perdida de un ser querido. En esta misma línea, los pedidos de verdad y justicia para los responsables suponen la posibilidad de tramitar el horror que quiebra la narrativa de la vida cotidiana y que retorna como trauma una y otra vez pugnando por inscribirse en aquellos que han sobrevivido. Se trata de reinstaurar en el orden de lo simbólico la experiencia del orden de lo humano. Se trata de devolverle a las victimas, su dignidad de sujetos y a sus familiares, la posibilidad de elaborar el duelo. 

El titulo del  documental se sitúa entonces en una doble dimensión de lectura. “Otros” puede leerse desde los querellantes, dando cuenta del silencio elegido por muchos al sostener el pacto del olvido, mientras ellos alzan la voz de la denuncia y de la lucha. Pero también “otros” puede leerse desde aquellos que rechazan la diferencia y deciden silenciarla, eliminarla concretamente. El pacto del odio redobla el silencio de manera nefasta, pues condenados ya a un silencio real ahora les impone a las víctimas y a sus familiares un silencio simbólico al no devolverles las marcas identitarias de su historia. 

El silencio de otros es un documental convencional pero necesario y valioso, ya que opta por seguir el periplo íntimo de los querellantes en la causa por los crímenes del franquismo, que lucen pequeños frente al aparato gigante que osan importunar. Si bien anclado en las consecuencias actuales de un periodo histórico que sucedió hace ya cuarenta años no elude sus resonancias en el presente, en un mundo globalizado contemporáneo que impone uniformidad y donde la intolerancia sigue siendo moneda corriente. Por eso es importante un documental como este, para que no perdamos la memoria y estemos alertas a las nuevas modalidades de ejercicio de poder y olvido, que hoy no tienen sede en la figura de un lider despótico, sino en la tiranía de lo igual que alienta el mercado.  

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