Un mundo misterioso: Entrevista a Rosendo Ruiz, director de Casa propia

Por Sebastián Rosal

La de Rosendo Ruiz es una carrera que puede exhibir dos cualidades poco habituales dentro del panorama del cine argentino reciente: por un lado una producción sostenida y asidua (seis películas estrenadas en festivales en los últimos siete u ocho años, algunas de ellas con estreno comercial); por el otro, un gusto por la narración de aliento clásico que sabe también adentrarse con la misma pericia en gestos y climas contemporáneos. Adelantado y parte de la nutrida movida generada en Córdoba en los últimos años, hablamos en Perro Blanco de estos y otros temas a propósito de Casa propia, su última película.

PB: En Todo el tiempo del mundo el viaje iniciático de los chicos era como la puerta de entrada a un mundo en el que ya las decisiones empiezan a ser propias, ese momento en el que la posta pasa de los padres a uno mismo. En Maturitá, la alumna, y en particular el profesor, debían precisamente entrar en la madurez del mundo de los adultos. Aquí en Casa propia, el personaje de Alejandro se da cuenta al llegar a los cuarenta de que debe hacer algo con su vida, de que algo debe cambiar. El tema de los pasajes, de las transiciones, en tus personajes es algo que vuelve recurrentemente. ¿Qué te interesa particularmente de esos momentos?

Hasta ahora (no quiere decir que vaya a seguir siendo así) lo que me moviliza para construir las películas es lo que se genera alrededor de situaciones, escenas, secuencias, que me han contado o que he vivido, sobre esos momentos en que a uno se le cae un velo de los ojos, de la mirada. Esos momentos lindos y a la vez horrendos que van marcando puntos de inflexión en el camino de la vida en cada uno. En De caravana, es el momento en el cual al fotógrafo, al  protagonista, le cae la ficha (aunque esto está de manera soslayada, porque quien se lo dice es el Laucha, su antagonista) sobre la imposibilidad de llevar adelante una relación con alguien de una clase social muy distinta a la de uno. En Casa propia, ese momento de inflexión en el cual está basada la historia es cuando la persona nos cuenta que le dicen, le avisan que su madre no se va a morir, y él siente una profunda angustia porque ella no se va a morir. Entonces a partir de ese momento en Casa propia, o en De caravana, o en Maturitá. En Maturitá, es el momento en el cual a Canu la chica de la pensión le cuenta la historia del mantero que se incendió en el mercado. A partir de allí, la historia de esa chica de clase media alta que va a un colegio privado, que tiene su mundo ahí, que transgrede ciertas reglas de su  mundo porque ella sale con un profesor –ella sabe que no es ningún acto malo el que esté haciendo-, decía, ese es el momento en el que se le abre la cabeza, se le abre el mundo de la vida del guardia que la invita a la pensión a recuperar unos videos, conoce a la hija y a través de ella se le abre la puerta de otro mundo… bueno, esos momentos de toma de conciencia que uno va haciendo, cuando se da cuenta de por dónde tiene que ir la vida, son momentos muy importantes, los momentos que hasta ahora me vienen movilizando para construir películas alrededor.

PB: Uno de los méritos de la película es la fluidez, la naturalidad con la que se mueven los actores y con la que avanza la historia. ¿Cómo fue el armado del guion, cuánto se modificó la película en relación a tu idea inicial al momento de filmarla y de interactuar con los actores?

En todas las películas que hice, primero yo cierro los ojos y veo las películas que me imaginé. Por suerte siempre son mejores las que quedaron que las que imaginé (risas). Las que quedaron se enriquecen muchísimo con el trabajo de mis colegas, de mi equipo. Casa propia en realidad quedó bastante cercana a la idea original, a la película original que vi. Para el guion, inicialmente nos juntamos con Inés Moyano (productora) y Gustavo Almada (protagonista y co-guionista) a escribir escenas y situaciones aisladas, solo con algunos disparadores de talleres de escritura que yo había hecho. Entonces sabíamos que teníamos este nudo central, este personaje que se daba cuenta que no quería que su madre viva; teníamos otros personajes alrededor de ellos (es decir, de Alejandro y de su madre) que eran la novia, la hermana, el amigo… había una amiga también al comienzo. Esas escenas y situaciones iniciales después las ordenamos linealmente y construimos un relato, una línea discursiva que se iba produciendo al poner una escena detrás de la otra. Los actores tuvieron mucho que ver porque la película pasó también por la dramaturgia de los actores. Una vez que estaban los actores principales tuvimos la posibilidad de jugar sobre las escenas, con lo cual yo iba modificándolas, reescribiéndolas, iba rearmándolas de acuerdo a lo que salía en las improvisaciones.

PB: Podría decirse que Casa propia es una película realista, y sin embargo ese realismo se ve más de una vez enrarecido, puesto en suspenso: el ojo de Alejandro recorriendo la maqueta virtual de una casa vacía (que se vuelve así un objeto de deseo), el sueño en el que tiene una charla con su madre. Incluso la música, a mi entender, otro gran acierto, parece tener vida propia y ayuda a darle otro matiz a esa conexión realista. ¿Cómo surgieron esos momentos?

Como bien decís, queríamos que la película fuera bien realista, inspirada o teniendo como referencia muchas películas del cine rumano, en donde la luz, la construcción de los planos, la historia está basada en un fuerte realismo. Pero necesitaba por momentos marcar la mano extra-diegética,  la mano mía como director para hacer aparecer ciertos momentos de una expresividad distinta, donde rompíamos la manera del discurso para cargar de otros sentidos los momentos, muy claramente en esos que marcás. Momentos claves en los que alejamos al espectador del realismo de la historia y le marcamos una intencionalidad expresiva bien clara de parte mía como realizador.

PB: Tenés ya seis películas filmadas, y en un período breve de tiempo. Una manía de los críticos es encontrar constantes en la obra de un director, pero me interesa particularmente tu mirada frente a eso. Desde De caravana a Casa propia, ¿qué considerás que se ha mantenido y qué cambió en tu visión del cine, en la manera de pensarlo y hacerlo?

Básicamente, siento que con el correr de las películas he ido manteniendo la esencia formal de cómo abordar la construcción de las películas. La escritura de los guiones es muy variada, pero una vez que están listos el trabajo con el actor y el trabajo con la cámara sigue siendo el mismo, más refinados seguramente, lo que antes nos demoraba tres días ahora nos demora uno. Lo que ha ido cambiando es quizás la manipulación de los elementos cinematográficos, de las herramientas cinematográficas, como que formalmente después de De caravana empecé a “jugármela” más, a veces corriendo el riesgo de que la forma se “coma” por momentos al contenido, un alerta siempre en rojo que busco que se me prenda cuando estamos haciéndonos los “artistas” (por decirlo de alguna manera), donde nos vamos de mambo, pero creo que si ese “irse de mambo” en lo formal encuentra el corazón de lo que estamos queriendo narrar, queriendo comunicar, creo que está bien hacerlo, creo que las herramientas del cine son muchas y como director las voy probando, las voy usando para determinados momentos, para determinadas necesidades. Creo que estoy con mantengo las bases en cuanto a las búsquedas formales de las películas, pero un poco más osado para encarar algunos riesgos estéticos.

PB: Se habla desde hace un tiempo del Nuevo Cine Cordobés. Más allá de lo acertado o no de ese nombre, el fenómeno existe y sos parte central de él. ¿Cómo ves toda esa movida, tanto en las películas que se están haciendo como en la actualidad de la crítica que se produce?

El cine cordobés existe, se ponga la etiqueta que se le quiera poner; la realidad es que en esta ciudad del país estamos filmando películas, y estamos filmando películas que llegan a festivales, que se hacen ver, que tienen visibilidad. No tengo información de películas que se estén haciendo en otras regiones. Lo poco que veo en festivales es que no va apareciendo un cuerpo de películas, como sí está sucediendo en Córdoba. Respecto de la crítica de Córdoba, creo que Roger Koza sigue siendo el gran crítico cordobés, y que van surgiendo jóvenes críticos que todavía no ingresan en el juego con peso, con exposición mediática. Creo que le está faltando desarrollo a la crítica cordobesa, que aparezcan en escena críticos que vengan a hablar de películas y de cine. Creo que hay una movida cinéfila importante, de gente que ve mucho cine, que sabe de cine, pero que no llega a tomar el rol de críticos, de asumir ese papel a través de medios, de forma pública. Estaría bueno que eso se consolide un poco más, que no queden solo Koza y un par más que están asomando de a poco.

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