Por un cine político: entrevista a Carolina Azzi, directora de Espacio gratuito: cinco claves para ganar una elección

Por Hernán Schell

Cómo se dice en un momento de esta entrevista, Carolina Azzi es una de las pocas cineastas políticas que hay en el país. Podría agregárse que dentro de ese selecto grupo es de las pocas que puede hacer que una película pueda ser fuertemente política al mismo tiempo que amena y movilizadora. Espacio Gratuito es una película en la que se repasan los spot políticos que se hicieron desde el retorno de la democracia en 1983 hasta nuestros días. La película lo hace, además, sin ir al recurso fácil del orden cronológico ni recurriendo a entrevistas, sino mezclando épocas y llegando a conclusiones sorprendentes respecto de una estética que ha variado menos de lo que creemos. En esta entrevista Carolina no sólo habla de su trabajo sino de su visión sobre el cine político, de su la publicidad y sus posibilidades, y del mundo de la política como uno quizás más ordinario de lo que pueda llegar a pensarse. En fin, pasen y lean lo que dice la directora, que es muy interesante todo.

¿Cómo nació la idea de este documental?, ¿Por qué te interesó?

El documental apareció cuando me enteré de una propuesta del fondo metropolitano del 2013 a raíz de los 30 del comienzo de la democracia. Ahí se convocaban proyectos que tuvieran que ver con la temática, y el dinero que daba el fondo metropolitano para cine era de 50000 pesos. Entonces a partir de ahí me dije: ¿qué puedo hacer con esta plata para que me alcance con esto? ¿Qué idea puedo presentar? Y bueno, 2013 era un año electoral, eran esos años donde tenías el bombardeo constante del spot y a mi el género del spot político siempre me resultó muy atractivo. No solamente el spot en sí sino también tratar de entender cómo funciona y que pensarán los publicistas o los estrategas políticos cuando diseñan uno. A esto se le agrega que la cosa con trabajar con material de archivo es algo me gusta y que hago bastante bien, en El Olimpo Vacío toda la parte de material de archivo fue una de las cosas que más disfruté, no sólo buscarlo sino resignificarlo y darle otra forma, entonces ahí juntando todo dije, “bueno, hago esto”. Y esto terminó siendo Espacio Gratuito, un proyecto donde no hay que filmar, y en donde puedo contar los 30 años de democracia a partir de spot políticos.

Una cosa que me llamó la atención es que a diferencia de las dos películas anteriores (El Diálogo y El Olimpo vacío) acá no hay entrevistas. De todos modos supongo que habrá habido por parte tuya entrevistas a publicistas o estrategas políticos.

Si claro, me encontré, los entrevisté y todo. Y se me pasó la idea de incluir algunas de esas entrevistas. También pensé en incluir el contexto histórico de esos spot a través de otros materiales de archivo de programas de la televisión del momento, de publicidades icónicas de productos comerciales de la época, pero todas esas pruebas yo sentía que terminaban fracasando, que ganaba mucho el documental cuando tenía la consigna original de tener sólo spots políticos. Me di cuenta que el objeto del documental tenía que ser el género. Cuáles son las reglas del género, cuáles son las continuidades y cuáles son los cambios. Cada vez que agregaba otra cosa terminaba afectando para mal el documental.

¿La voz en off son todas impresiones tuyas de cuando fuiste viendo los spots o también hay ahí opiniones de la gente que entrevistaste o libros que leíste?

Es más una mirada propia que si, probablemente esté nutrida de las entrevistas que le hice a publicistas y de libros que leí,  como los de Alberto Borrino o Gabriel Dreyfuss, pero más que nada fueron conclusiones que fui sacando yo a partir del visionado de estos spot.

Como vos misma decís en el documental, una mirada más de verla como género. Justamente una cosa que impacta muchísimo cuando se ve tu película es que son spot del 83 para acá y son todos muy parecidos. Como si no hubiera habido un cambio significativo.

Es que uno de los descubrimientos que más me impactó cuando estaba haciendo el documental era ese. Darme cuenta que, como todo género, hay continuidades y hay rupturas, pero me di cuenta que las continuidades eran mucho más fuertes que las rupturas. Así es como a lo largo del tiempo  ves que desde el 83 hasta el 2015 la idea de país que se vende es la misma: las cosechadoras, las vaquitas…

¡Los aviones! Yo no me acordaba que había tantos aviones en los spot políticos. No paraban de aparecer en el documental.

¡Y dejé algunos afuera!, la cantidad de spot con aviones de aerolíneas argentinas despegando es impresionante.

Vos en el documental empezás planteándote cuatro teorías sobre la eficacia del spot político. Son cuatro teorías posibles que vos no respondés. ¿Vos en lo personal llegaste a una respuesta?

Algunas si y otras no. La que creo que no pude responder que es la que más me interesa es si la publicidad política sirve para algo en términos ya no te digo de construcción de democracia, sino si sirve para ganar votos y eso se lo pregunté a todos los publicistas y ninguno lo sabe.

¡Pero cobran una fortuna por hacer eso!

¡Si! ¡Y el dinero que se gasta en eso los partidos es impresionante! Es cierto igual que es muy difícil medirlo porque en el contexto de una campaña donde hay un montón de cosas, un candidato moviéndose, donde hay discursos, donde hay miles de cuestiones y está además la tanda política, ¿cómo medís el impacto de eso último? Y yo cuando los veía además pensaba que capaz todo esto, no corre la aguja ni un poquito, yo no sé si alguien cambia su voto después de ver un spot. Una de las cosas que a mi me movilizaba y creo que me fascinaba del género era que más de una vez me encontraba conmovida con un spot de un candidato al que yo sé que jamás votaría y sin embargo hay algo en la construcción del spot que apelaba a ciertos valores y a ciertas cuerdas que evidentemente lograban moverme algo hasta te diría atávico. Cosas que tenían que ver con cuestiones que inculcaban en la escuela de cómo tiene que ser la Argentina y eso bien instrumentado yo me daba cuenta que me emocionaba aunque yo jamás votaría este hombre. Y otra cosa que me pasó a mi y que también vi que le pasó al publico con el que hablé, es que en los spot veía candidatos que odiaba y candidatos que votaría, y veía que la forma en la que los presentaban en los spot eran exactamente iguales. En eso no se diferencian en nada, todos usan los mismos recursos.

Si claro. Y volviendo a lo anterior. ¿Qué pregunta pudiste responder?

Una cosa que si pude responder es que el impacto es mucho más emocional que racional y esto es algo que los publicistas se fueron dando cuenta. Del 83 hasta ahora los argumentos se fueron diluyendo cada vez más para dar paso a una publicidad puramente emocional como vemos ahora en las campañas actuales, como las duranbarbistas, que son todas en este momento que tienen que ver con la proximidad, el contacto, la emoción, donde los argumentos no están. Y está bueno eso porque eso muchas veces uno lo pone en el otro. Uno piensa que por ahí otras personas son más emocionales en sus decisiones políticas y creo que uno tiene que reconocer que en la política todos tenemos una cuota de emocionalidad, y que a veces partimos de emociones a las que después les vamos dando un armazón racional.

¿De los spot que viste cuál fue el que más te impactó tanto para bien como para mal?

Bueno, de las campañas que a mi me resultaba atractiva de candidatos que no votaría era la de Insaurralde, que era muy publicitario en cuanto la puesta en escena, muy sofisticado en cuanto a la puesta de cámara, la iluminación, las decisiones de la música, todo muy orquestado, muy opuesto a la campaña de Cambiemos de 2015 que tenía una cosa más decontracturada. Me parece que esos spot de Insaurralde estaban bien pensados porque era una campaña que apelaba además  a valores comunes y borraba la cosa más autoritaria que puede haber en el cristinismo. Y las que me impactaron para mal, no sé, muchas, la que me causa mucha gracia es la que está en el documental de Rodriguez Saa que hablan de todo lo que pasa en San Luis y ponen una chica que dice “apoya el arte, él es un artista”.

Pensé que me ibas a hablar del de Walter Wayar que es de los últimos que mostrás

Si, de los últimos que muestro y que lo empalmo con uno muy serio de Alfonsín justamente para mostrar los dos extremos.

Igual lo interesante del corto de Walter Wallar es que no deja de ser una versión mucho más berreta de cosas que hacen otros políticos con más plata en publicidad.

Si, en general cuando te vas a los spot de la política más provincial te encontrás con eso de versiones más baratas de lo que viste en otros spot pero con mucha más plata.

Yendo de lo cómico también está en la película lo más inquietante, que son los spot en los que se cuentan tragedias personales, como el de Blumberg o Menem hablando de la muerte de sus hijos. Ahí ya se cruza un límite muy delicado.

Si, totalmente, había gente que me aconsejaba no ponerla y yo creí que si porque ellos hicieron los spot y es parte de cierta lógica publicitaria también pero me pasaba lo mismo. Que sentía que ahí se cruzaba un límite sobre lo que había que conmover, incluyendo una tragedia personal extrema, como si en la ambición del poder todo vale.

Y ahora yendo para el otro extremo está también el tema de Flavia Palmiero “Cuando sea grande” que ponés en tu documental. Una canción infantil naif. ¿Por qué la elegiste?

Porque me pareció que ilustraba muy bien una cierta candidez. Algo que me fascina y que excede lo de la publicidad política, es preguntarme cuan sofisticados son los que llegan al poder, cuánta elaboración se necesita. Me acuerdo cuando salieron a la luz las grabaciones de Cristina, lo que más me impactó fue lo chiquito y doméstico que parecía todo. Yo pensaba que estos doce años no habían sido doce años de personas muy sofisticadas en el manejo del poder, que tenían una superestructura armada y cuando escuché esas grabaciones se me reveló todo mucho más casero, poco elaborado. Y con la publicidad, cuando la miro, me pasa lo mismo, esos spot, que a vos te parece que deberían tener un sustento muy firme, muy estudiado, son a veces una cosa bastante simple, incluso en la puesta. Y me parece que en cómo se representa a los votantes hay una cosa muy naif de parte de los publicitarios, casi como si fuese un pensamiento mágico parecido al de los cazadores prehistóricos que pintaban en las cavernas a los animales y con eso pretendían que los iban a cazar. En los spot publicitarios es lo mismo. Es como si dijeran: “Acá si pongo un chofer, pongo un ama de casa de clase media, pongo un estudiante universitario; me van a votar”. Además, si lo pensás, como imaginario de lo que compone la Argentina es muy pobre. Una sociología muy básica que queda muy bien representada por la canción de Flavia Palmiero, que al ser infantil es necesariamente ingenua.

Bueno, esa cosa capaz tan básica tiene que ver mucho con la publicidad en sí. Por eso es tan efímera, uno en general se olvida de las publicidades que vio. Por eso también tu documental es interesante porque uno ve un spot y te acordás de una campaña y no podés creer a la distancia lo básica que era. Por ejemplo en la de De la Rúa de la Alianza, que parecía un superstar y después es impresionante lo que terminó siendo. Es imposible disociarlo digamos.

Absolutamente. Vos cuando me preguntabas si la publicidad política es comunicación o es mera manipulación, la verdad es que yo creo que hay de las dos. Creo que hay distintas estrategias y que las mejores campañas son las que están pensadas de manera más integral y homogénea. Algunas resaltan aspectos existentes en el candidato y otras los inventan. La de Menem del 95 es una campaña sorprendentemente honesta, en la que te dicen que si lo vas a votar a Menem es por el auto y la heladera en cuotas. No te estaba vendiendo nada diferente de lo que esperabas, era por la estabilidad y después que se caiga el mundo. La campaña de Menem de 2003 es pura emoción pero tampoco hay engaño, es el “Vamos Menem”, el aguante argentino hecho spot. En cambio, hay otras donde el publicista construye un candidato a la medida de lo que cree que la sociedad argentina está necesitando en ese momento. El ejemplo de la Alianza era exactamente eso, hicieron un De la Rúa muy distinto al que era y, como vos decís, eso quedó absolutamente pegado a lo que pasó después. Construyeron un caudillo con un spot superépico, muy bien hecho, al estilo Agulla . Con el mismo estilo de los que él mismo había creado para Quilmes durante los mundiales, con la misma cosa de la exaltación épica nacionalista, pero ahora aplicada a un candidato. Un spot de De la Rúa llega al extremo de ponerlo a él diciendo “voy a hacer el que empuje a la cárcel a cada delincuente” mientras lo ves con un equipo tipo Swat atrás. Algo que nunca se había visto desde el retorno de la democracia. O sea, un candidato a presidente al frente de un grupo de tipos armados.

Claro, pero era la forma de construir la imagen de una persona que siempre se lo asociaba con algo débil o lento en otra cosa inversa.

Claro, y lo ponemos como si fuese un caudillo. Bueno, hay un micrófono en un spot de De la Rúa que es un micrófono del 45 que es el que usaba Perón y Evita. Y yendo para el lado contrario, a Macri, que se lo asociaba con un tipo lejano a lo popular, un millonario que mucha gente temía que fuera gobernar para los suyos, entonces se le armó toda una campaña para que parezca “uno más”, alguien cercano al vecino digamos. Y ahí veías a Macri llegando a los barrios.Era un modelo antiépico por excelencia. Y eso es porque en la publicidad política hay un punto en el que los modelos se agotan. Igual que con cualquier género, y hay que generar una ruptura de algún tipo. Esto de las campañas de Cambiemos de hacer este tipo de acercamiento tiene que ver con eso. Igual esto no es de ahora. Fijate que en la campaña del 2003, no había esa cosa épica que se había planteado antes, porque después de lo que había pasado, habiendo utilizado con la Alianza el recurso épico, mirá lo que terminó pasando. Ya era un mal recuerdo. Y entonces le dieron una vuelta más modesta. En el 2011 después volvió la épica.

Bueno, tenía que ver con que ya estaba Kirchner muerto y le habían puesto todo ese halo legendario…

Claro, tenían los elementos para armar…

Es que es muy fuerte ver en el documental el momento en que ves el spot de 2003 de Kirchner presentándotelo como un tipo casi común. Ni se pensaba ahí que iba a haber todo un culto al kirchnerismo tan sectario.

Si totalmente, ese spot es muy fuerte. Y además fue genial porque cuando se estrenó la película en el BAFICI concidió justo con el momento de supercrisis de Santa Cruz en donde no habían empezado las clases porque Alicia Kirchner no tenía para pagar los sueldos y viste que el spot lo que dice inmediatamente es que él pagó las deudas de la provincia como un buen administrador, ahorró, y hoy Santa Cruz tiene los mejores salarios de la Argentina y muestra los maestros felices enseñando.

Debe ser toda una experiencia ver esto con el público.

Si, hay todo el tiempo carcajadas, silbidos, ahora no me acuerdo puntualmente con que, pero hubo de todos y para todos los lados. Mucha gente haciendo mucha catarsis. Y en eso me siento gratificada, porque yo quería hacer algo con lo que la gente en alguna medida interactúe y que no tenga bajada de línea. Porque yo creo realmente que si había una buena razón para dejar el contexto histórico afuera era porque el contexto histórico está adentro de la cabeza de la gente. Es mucho más interesante ver cómo reacciona el tipo según lo que recuerda, que si vos le estuvieras dando todo servido. Y al tener todo el espectro político en un público más o menos numeroso, te pasa que cada uno hace su propia reflexión y que todos se sientan un poco tocados en esto de “bueno, mi candidato hace un poquito lo mismo que todos los demás”.

ahí mayor.

Si claro, acá si hay algo parecido a una bajada de línea no es sobre los políticos sino sobre el género del spot político, la película es sobre el género. Por ahí si hay algo que tienen en continuidad las tres es esta intención de ponerle un espejo al espectador, como diciéndole: “bueno, vos también hacete cargo de la parte que te toca”. Que es un poco lo que tenía El Olimpo Vacío con el episodio de las Malvinas y el Mundial con Videla. Y El Diálogo con Leis que Leis dice eso directamente: “hagámonos todos cargo quienes tuvimos que ver con lo que pasó”, y acá en Espacio Gratuito también hay un poco eso. En esta Argentina donde siempre estamos anhelando las vaquitas, el campo, las cosechadoras, somos un poco todos los que tenemos que hacer el esfuerzo de salir de esa mirada y proyectar un país nuevo.

Sos una de las pocas cineastas políticas que hay en la Argentina, ¿por qué crees que hay tan poco cine político en la Argentina?

La verdad que no sé, durante el kirchnerismo lo tenía un poco más claro y entendía un poco más porque pasaba eso, yo sentía que durante los años kirchneristas si bien había un supuesto cine político, era un cine que yo sentía que no era político porque justamente no cuestionaba el discurso hegemónico sino que lo ratificaba, pero si bien yo creo que ese cine se veía a si mismo como un cine político. Y ahora con el kirchnerismo ya fuera del poder no sé. Capaz haya que esperar un tiempo de reacomodamiento…

Puede ser que ahora surja porque en el mundo artístico hay mucha oposición a Macri. Pero hablando de cine político, ¿viste La Cordillera?

No.

Ah, que lástima.

¿A vos te gustó?

No, la odié. U odié la mirada política que tiene, me pareció muy pueril. Un House of Cards del subdesarrollo donde todo lo político es pura estrategia y el presidente alguien siniestro…

Bueno, eso es una tentación cuando hacés cine político y es simplificar todo. Eso es en lo que yo no quería caer en la película. La crítica que sacó Tomás (Carretto) en Perro Blanco me gustó mucho, estaba muy buenas las cosas que pensaba a partir del documental pero una de las cosas que le objeta a Espacio Gratuito que yo justamente traté de no hacer era ponerme en una posición nihilista en política porque no es mi posición. Yo creo que la política sirve y hay que hacer política, y por ejemplo Yo, Presidente de Cohn y Duprat era como una referencia de algo que no quería hacer. A mi me encantan las ficciones que hacen Cohon y Duprat, pero ese documental me parece esa posición fácil de descartar absolutamente todo. Es una posición en la que quedás bien parado porque pasás como crítico pero a la vez es tan destructiva que no sirve para nada. Y la que vi y también me parece que va un poco para ese lado es la de Hendler, El Candidato, que me pareció super básica y pueril, con todos sus personajes muy estereotipados.

¿Tenés algún proyecto a futuro?

Tengo muchos documentales pensados para hacer pero todavía no me decido por ninguno. Estoy muy tentada de hacer un documental familiar porque tengo mucho material y un proyecto de ficción, pero eso es más lejano.

Bueno, una cosa más que quieras decir. ¿Por ejemplo que la película dura dos semanas más en cartel en el BAMA?

Sí, y que vayan a verla ya.

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