Un espacio propio : Entrevista a María Alché, directora de Familia sumergida

Por Hernán Schell

María Alché se hizo conocida a partir de protagonizar La Niña Santa junto a Mercedes Morán y Julieta Zylberberg. Su carrera promisoria como actriz, sin embargo, fue virando hacia costados impredecibles como directora de casting, fotógrafa y directora de cortometrajes excelentes como Guliver y Noelia y ahora de un largometraje notable como Familia sumergida. Si uno quisiera hacer paralelos algo caprichosos, podría decirse que su cine es parecido en ese aspecto: películas que parece que van a ir hacia un lugar y luego viran hacia espacios totalmente impredecibles y desconcertantes. Familia sumergida es, en este sentido, un choque de cosas que se van sucediendo en una película que no parece querer encontrar un centro definido. Se pasa de la cotidianeidad a escenas oníricas, de momentos de aparente calma a situaciones incómodas o melancólicas donde la tristeza puede explotar en cualquier momento. Dentro de estos pasajes, hay uno particularmente relevante: el que vuelve a un espacio cotidiano y reducido, en un territorio misterioso, donde las cortinas actúan como capullos de cosas de tintes monstruosos; una sala, el espacio para construir algo onírico, y un juego entre un hijo y una madre, una excusa para crear una suerte de coreografía misteriosa familiar.

Se trata, en suma, de esas películas a las que denominamos, a falta de algún adjetivo, como “raras”, y a las que llamamos apresuradamente “caóticas” hasta que pensadas empezamos a reconocer en ellas una estructura interna más férrea de lo que se cree. Lo que uno sí puede ver a simple vista en Familia sumergida, es que Alché es una realizadora virtuosa, capaz de generar algunas de las escenas más intensas y visualmente creativas del cine argentino de este año; que Mercedes Morán es una de las mejores actrices argentinas; y que estamos también ante una de esas películas sensoriales, que conviene ver en las pantallas más grandes posibles. De estas y otras cuestiones referidas a la directora, a su modo de preparar la película, a sus diferentes cambios de rodaje que fueron apareciendo, hablamos en esta entrevista.

¿Cuánto estuviste trabajando en el proyecto? Desde que surgió la idea original hasta ahora.

Finales de 2013 y 2014 empecé trabajando en el guión lentamente, a la película la empezamos a filmar en enero de 2017 y todo el año pasado y un poco de este año lo dediqué a la posproducción, y, bueno, son esos procesos locos y largos a la vez.

¿Fue mutando mucho a lo largo del tiempo?

Mutando mucho, y también con esa desesperación de que pasa el tiempo y todavía no filmaste y seguís con las mismas cosas, entonces también se van como actualizando a cosas que vas viviendo, lecturas, se va como nutriendo para mantenerse vivo a lo largo del tiempo. Igual, en cuanto las mutaciones, cuando recién empezó el guión, el personaje de Marcela era uno más en un mundo de muchos personajes, y después en un momento, después de un año de escribir a todos los personajes, pasé a concentrar la película en ella totalmente, y esa decisión trajo por un lado todo un mundo nuevo, y por otro lado, comenzó a determinar a todos los otros personajes, que si bien aparecían menos que en las primeras versiones, empezaron a tener un recorrido muy fijo a partir de poner todo desde el punto de vista del personaje de Marcela.

Es raro que hables de que en algún  momento era coral la película. Familia sumergida parece un film hecho para que todo, incluso la puesta en escena, se ajuste a la psicología de un personaje, a su punto de vista.

Sí, porque después cuando empecé a pensar la puesta en escena, se fue llenando de mucha carnadura la película, y trabajé muy cerca de muchos colaboradores; trabajé mucho con el músico Luciano Acigoti, pensando muchas cuestiones más allá de la música; trabajé con la sonidista desde el guión, que es Julia Huberman, con la directora de fotografía, con la directora de arte, y eso me parece que también terminó de compactar la película, ¿no?; ellos se metieron en la película desde una etapa muy temprana, y pensamos cuestiones de color de sonido y también un poco algo interesante es que me permitía con el músico que pensáramos cosas del color, con la directora de arte el sonido, con la directora de fotografía de la narración… hubo, en suma, como un cruce de disciplinas.

Interesantísimo eso de que hayas pensado la narración con la directora de fotografía.

Es que justo tuve una directora de fotografía si bien con muchas ideas estéticas, también muy concentrada en pensar todo el tiempo en la duración de los planos y qué cosas se van a entender y qué cosas no, con ese ojo muy presente que me obligaba a mí también a pensar todo el tiempo que había un público que a veces uno en el rodaje tiende a estar muy lejos de él; y ella en el rodaje lo tenía muy presente si tal o cual escena se iba a entender en el medio de lo que estábamos tratando de hacer.

Hablando de lo sensorial, una cosa que llama mucho la atención de la película es el título: Familia sumergida. ¿Por qué eligieron la palabra “sumergida”?

La verdad es que fue un título medio que surgió al comienzo y después ya, nada, nos siguió acompañando y no pudimos encontrar uno que nos gustara más. En un momento que quizás teníamos que tener un título que remita más a una mujer o sólo la palabra “sumergida”, pero, no sé, la palabra nos gustó, o la combinación de las dos palabras, porque no es nada tan concreto, pero a su vez sugiere un clima, y si bien no remite a nada concreto, como que en la película no hay agua, o no hay algo así, sí me parece que hay algo de la casa y la luz que tiene algo como de pecera y rayos de luz, y uno lo puede pensar es en distintas direcciones, o para los personajes protagonistas, o para la familia que anda ahí “nadando”, o para los personajes que emergen…

Sí, y está también el contraste. La palabra “familia” está asociada con algo sólido, con una estructura, y, por el contrario, el mundo de lo acuático es justamente todo lo contrario. Es un territorio inasible. Hablando de lo inasible o lo impredecible, vi dos cortos tuyos: Noelia y Guliver. Hay una tendencia en tu cine de presentar una situación cotidiana y luego virarla hacia lugares más impredecibles, más difíciles de explicar. 

Sí, coincido con vos en que esta tendencia a hacer un cine impredecible está ya en los cortos, pero no es que tomé una conciencia de eso desde el principio diciendo: bueno, quiero que mis películas tengan esta forma. Lo que naturalmente cuando pensaba algo iba para ese lado y es verdad también que me gustan algunas películas que tienen esa libertad narrativa de pegar saltos.

¿A qué películas te referís que pudieron haber influido incluso en Familia sumergida?

Hay una película de Raúl Ruiz que me gusta mucho que se llama La comedia de la inocencia. Después, me gusta mucho la película Morir como un hombre, donde algunas secuencias se ponen como rojas o muy oníricas de golpe y hacen fugas en la narración. Y también me gusta mucho una película que quizás no tenga mucho que ver con esta estética que se llama Me voy porque preciso, vuelvo porque te amo, que toma unas imágenes documentales y crea una ficción a partir de una grabación, y me acuerdo que esa película cuando la vi, me había inspirado mucho para Noelia, como esa idea de libertad narrativa, de una personaje que cuenta un diario íntimo, y una narración puede tener la estructura de un diario íntimo. De alguien que te cuenta algo, y quizás hay días que no escribe en ese diario y no pone nada, y claro, me siento más cerca de esa manera de narrar también donde hay un punto de vista que hay que ir descubriendo y que tiene saltos, que tiene baches y que se va completando también en la cabeza del espectador.

Hablando de influencias, ¿puede ser que en un momento de Familia sumergida hayas homenajeado a El exorcista?

Sí, bueno, hay una parte en que una chica hace un puente como lo hace Regan en esa película de Friedkin; me encanta la imagen de esa persona caminando así, pero no era la idea hacer en esa escena un momento de terror como El exorcista. Claro que igual eso depende del espectador; hay quienes esas escenas le parecen más juguetonas y hay gente a la que eso le da un terror espeluznante. Es curioso que pasen distintas cosas, pero son cosas que están un poco abiertas, que son un poco como un juego, y también un poco terroríficas, y cada uno lo percibe de esa manera.

¿A Martel la considerás también una influencia? Pienso al menos en esto que pasa en la película de imágenes de pesadilla o enrarecidas que surgen en lo cotidiano.

La verdad que no sé si yo puedo decir eso. Algunos lo ven más, otros menos. Martel es una amiga muy querida y una persona generosísima de la cual he aprendido mucho. Incluso ayudó en el proceso de esta película en el primer transcurso del guión.

Con respecto a los climas realistas de la película, están particularmente bien logrados y hay veces en donde parece que hubiera habido improvisación. Lo digo por el carácter de algunas escenas que parecen muy espontáneas.

Trabajamos mucho creando con la familia una dinámica familiar, donde no era tan importante lo que se trataba, sino cómo se movían en grupo. Y para mí hay algo que a veces pasa cuando un grupo familiar está todo junto a la vez, de que siempre hay alguien que emerge, alguien que se enoja, alguien que se pone bien, alguien que se pone mal… son observaciones que tengo de mi propia familia, de ver que en las situaciones grupales cada uno tiene características particulares, entonces traté de trabajar con los actores esta idea de dinámica y creamos una lógica común entre todos. Donde uno se puede sentir apartado, celoso, otro jocoso demás, otro ofendido, o sea, ir variando para que todos pasen por distintas situaciones y tengan un poco contacto físico, y quizás porque yo soy cercana a la actuación, la dirección era un camino que tomé naturalmente.

Hay una escena extraordinaria, que tengo la duda de si es improvisada o no, se trata de una escena de recitado y canto que hace el actor Marcelo Subiotto.

Sí, Marcelo Subiotto, gran actor. Es parcialmente improvisada esa escena. En el guión estaba escrito que él cantaba una canción. Yo la había escrito, era un poco absurda, y todos los productores, cuando leían esa parte, como que era una parte difícil de asimilar, de entender qué iba a pasar. Yo tenía esa imagen de ese padre que enloquecía y se ponía a cantar, y cuando fui ensayando con Subiotto a él se le ocurría una canción y cada vez era mejor una que la otra, como que tenía una inventiva infinita. A veces eran canciones en ruso, a veces eran canciones en un idioma inventado y siempre era muy gracioso. Entonces fue uno de los pocos momentos en que me dijo “yo la voy a inventar en el momento”. Y confié en él, y fue bárbaro porque también generó que todos se sorprendan en el momento con eso.

¿La reacción que tienen los actores en ese momento que canta es genuina?

Sí, al ser una canción que está inventando, a los actores en ese momento les da una sorpresa y una risa que no es actuada. A pesar de que es una escena que filmamos a las siete de la mañana y con todos dormidos.

¿Cómo llegaste a trabajar con Mercedes Morán como protagonista? Porque se trata de una producción muy independiente y Morán es ya parte de un mainstream argentino.

Le mandamos el guión cuando éste estaba en una etapa muy avanzada. Nos juntamos, yo estaba muy nerviosa porque ella era Mercedes Morán y yo no sabía si iba a poder dirigirla. Pero ella fue muy amorosa, dijo que le encantaba el guión, propuso ideas y eso me permitió hacer la dirección mucho más fácil.

¿Qué ideas propuso especialmente importantes?

Ella propuso una idea clave y es que el personaje de ella siempre estaba pensando en algo que no era lo que estaba ocurriendo y que para estar en un lugar su cabeza tenía que salir de algo. Identificó algo muy sutil, pero que era muy bueno para el estar ubicado en la escena, que a veces es lo más difícil para un actor de encontrar. Y ella supo esto cuando me dijo en los primeros días que su personaje era alguien al que cualquier cosa que le digan la están interrumpiendo de algo que está pensando. Entonces todo era una interrupción. Y nos vino de hecho a la cabeza la imagen de Martha Argerich para comprender a la protagonista. Argerich tiene como esta actitud tan displicente y al mismo tiempo tan carismática, que si bien no tiene nada que ver con Mercedes como actriz, era una referencia para movimientos que iba a tener su personaje. Cómo lleva la cartera, cómo lleva el pelo, y esta postura que parece concentrar relajación y concentración a la vez. Hubo algo de eso que nos inspiró para pensar cosas físicas.

Me viene a la cabeza de esto que decís la escena en la cual el personaje de Mercedes está tratando de preparar para un examen al hijo y está con la cabeza en otro lado.

Sí, es un momento de la película además donde se muestra que en esa casa que ella comanda no hay tiempo de hacer un duelo, como si eso ocurriese en los datos en que se cuela como una posibilidad de estar triste en medio de un montón de cosas que hay que hacer porque la vida tampoco se detiene para ella, está como moviéndose entre un montón de situaciones.

Familia sumergida tiene varios momentos de humor, y también esas escenas oníricas que remiten mucho al terror. ¿Pensaste alguna vez en hacer cine de género?

Sí, a mí me encanta el género. Me gusta trabajar con ese lenguaje, y me encantaría hacer una película de género fantástico. También me gustaría hacer una comedia, como me gusta la idea de poder trabajar el lenguaje propio dentro de un género, y me encantaría en particular visitar esos dos géneros.

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