Cuando no tenemos una opinión definida sobre algunas películas, en Perro Blanco nos tentamos con la idea de armar polémicas. Pero a veces pensamos que polemizamos cuando en realidad no hacemos otra cosa que intercambiar ideas. Ahí es donde aparecen los diálogos, que son una manera de preguntarnos en voz alta y afrontar ideas sin ninguna certeza. En este caso le tocó a la última película de Armando Bo (nieto), un director que no cuenta precisamente con seguidores en la revista (tanto en su función de director como de guionista). No obstante, parece que los redactores, que fueron a ver la película sin mayores expectativas, salieron más conformes de lo que hubiéramos imaginado. Sí, la vida te da sorpresas.

Animal
Argentina-España/2018, 112′
Dirigida por Armando Bo.
Con Guillermo Francella, Carla Peterson, Gloria Carrá, Marcelo Subiotto, Mercedes De Santis, Federico Salles, Majo Chicar y Joaquín Flamini.

Una fábula argentina

Por Ignacio Balbuena, Nadia Marchione y Hernán Schell

Hernán Schell:
Creo que Animal es esa clase de películas a las que le pegaron solo por prejuicio, y que esta golpiza vino por razones erradas de asociación e impostación ideológica indignada. La asociación fue inmediata y por Iñárritu, del cual su director fue guionista. Como Animal es una película que trabaja sobre un personaje sufriente, se la acusó de ser un exponente del cine de la crueldad al estilo de películas como Biutiful, Babel y El renacido. Pero lo cierto es que acá no hay ningún regodeo innecesario. El personaje de Francella no cae en desgracias al azar; las desgracias y dificultades se van sumando a partir de decisiones suyas, y todo parte a raíz de esta suerte de villanos casi de historietas que le van haciendo la vida cada vez más imposible. Ninguna de estas decisiones de los tipos de clase baja es tirada de los pelos o inesperada, sino que es perfectamente coherente con ellos. No hay nada excesivamente cruel acá; el director no hace que a Francella lo atropelle un colectivo y quede paralítico en medio de la película. Por otro lado, me asombra que nadie haya visto que, en el fondo, la película maneja humor, algo retorcido, pero humor al fin. Incluso tiene un final feliz, oscuro si se quiere, pero feliz. Lo otro es la asociación que he visto con cierto espíritu clasista de la película porque los dos pobres de la película son malos y el personaje de Francella de clase media alta, bueno. No sé qué película vieron. Por empezar, dos pobres (que además están lejos de un registro realista) no son todos los pobres, y el personaje de Francella no es tampoco alguien tan maravilloso. Creo incluso que una de las grandes habilidades de la película es que cuando se analiza el largometraje, uno se da cuenta de que es un tipo que falsea su felicidad y su postura bondadosa. Ese plano secuencia que muestra un momento maravilloso es, en el fondo, bastante falso. Si algo va mostrando el personaje de Francella es que ni su familia, ni su casa, era algo que realmente le importara demasiado, o por lo menos le importaba mucho menos de lo que él creía. Finalmente, su forma de felicidad se encontraba en una forma de vida mucho más egoísta. Analizándola incluso, creo que Animal puede ser tomada como una película cínica. No lo digo como algo bueno o malo en sí, sino como una película que tiene una estética del cinismo. Puede que no sea una forma de cine que ve al mundo como yo lo veo o como me gusta verlo, pero creo que dentro de su verosímil hace algo más que interesante.

Nadia Marchione: Totalmente de acuerdo, Hernán. Me parece que juzgar a la película en términos de verosimilitud realista es acercarla demasiado a Iñárritu cuando tanto su estética como su modo de contar dicen a los gritos que no va por ahí, que puede intentarse leerla en código pero que no es tan clara esa vía de lectura. Sin ir más lejos, es la historia de un tipo común contada de modo grotesco. Tanto desde el tratamiento de los villanos (porque sí, son villanos) como en el planteo de muchas situaciones. Es casi un cuento de hadas, que no pretende dar un discurso sobre ricos y pobres (sería absurdo leerla así también porque claramente los “pobres” también son de fábula, empezando por sus vestuarios de homeless comedia musical de Broadway). Y en cuanto a lo del humor que mencionás, coincido plenamente: es cinismo, no realismo social. Esa es una diferencia fundamental con los relatos desprovistos de todo humor de Iñárritu. Alguien que decide hacer “mentir” a su personaje que se hizo una lipoaspiración (que saca la grasa, lo que molesta) cuando acaba de entregar su vida entera a cambio de un riñón de alguien maltrecho. Alguien que elige esa “metáfora” de la lipo para poner en boca de un tipo que claramente se sacó de encima toda su vida y que estamos descubriendo que ese era definitivamente su objetivo, es alguien retorcidamente cínico (y la película convierte esto en algo lúdico, de manera oscura, pero con una idea de diversión grotesca).

Ignacio Balbuena: Bueno, vengo de ver la película un poco más tarde. No entiendo quién podría entender esta película como una sucesión de miserias Iñárritu-style o hacer una lectura clasista cuando es claro que la película apunta para otro lado. Sobretodo por ese final, que como ya dijeron, es feliz, y por el registro no realista con el que están construidos los villanos, que como bien dice Nadia parecen salidos de una comedia musical. Visualmente es una película muy fría, con esa corrección de color azulada y glacial, las escenas del frigorífico, el registro monocorde del personaje de Francella, o incluso del resto de su familia. En las intervenciones musicales es donde la película muestra ese costado como de cuento de hadas o de fábula, o también en ese momento clave en el que Francella maneja por la zona roja y hay un cartel de neón que dice “fantasy”. Es como plantea Hernán: el personaje de Francella necesitaba encontrar esa forma de vida egoísta para escapar de la monotonía del plano secuencia con música clásica que representa su rutina diaria, que parece vivir a desgano. Francella, un actor muy luminoso y gestual, parece estar a media máquina durante toda la película. Actúa la desesperación con los ojos intensamente en algún que otro plano -se nota mucho esa economía para decir mucho con muy poco en el abrazo en el que el homeless le dice “te estoy jodiendo” y lo cachetea- pero por lo demás, es como comenta el amigo cirujano en un momento, parece un zombie. El amigo cirujano tiene también otra escenita que es importante a la hora de considerar lo que propone la película, que es esta visión del mundo si se quiere algo cínica. En la escena final, con un Francella desesperado amenazando a punta de pistola a su amigo cirujano para que lo opere, el tipo primero accede a ayudarlo sin necesidad de estar bajo coerción, y antes de operarlo, se toma un pase de cocaína. Unas escenas antes, el mismo tipo le agradecía a Francella por haberlo arrastrado a un tratamiento, y en el final se revela que esa misma persona vive funcionalmente con un tubito de cocaína escondido en la campera. Como si esta cuestión de lo inviable que es sostener una fachada de rutina, familia y trabajo feliz y ordenado fuera imposible para todos, no solo para Francella.

Hernán Schell: Sí, es verdad. Justamente y a partir de esta idea de fachada es donde me está empezando a gustar un elemento que antes no me convencía para nada de la película: la actuación de Francella. Hay algo que vi de muy poco convincente ahí, tanto en esa interpretación como la de Carla Peterson. Charlando con un amigo, me dijo que esa actuación le molestaba porque parecía demasiado esforzada, demasiado hecha para mostrar que él no era ya ese actor cómico de otros tiempos. Puede ser. De todos modos, hay algo en esa artificialidad que me parece funcional a la película. Recuerdo por ejemplo que la escena de la discusión en el auto entre Peterson y Francella se sucede inmediatamente antes de la charla que hay entre los dos indigentes, que en la película fluye de manera más natural. Y en alguna medida creo que es un contrapunto muy buscado. La vida entre Francella y Peterson no es real; de ahí que no está del todo mal que sus actuaciones no sean convincentes. La de los indigentes, en cambio, tiene algo de inmoral pero también de genuino; por eso también la química entre los actores sea mucho más comprensible.

Nadia Marchione: Absolutamente. Me parece una lectura muy interesante la del contrapunto de las dos parejas. Yo no creo que la actuación de Francella sea esforzada. De hecho, me parece mucho más caricaturesca la de El clan, y ahí sí me daba la sensación de que había una voluntad de despegarse de la comicidad. Acá me parece que la búsqueda es más por lograr una actuación que de tan neutra parece lavada. Pero no es la actuación sino el personaje. Y me da la sensación de que pasa lo mismo con Peterson. De hecho, llama mucho la atención que salvo en esa escena del auto, ella jamás levanta el tono de voz. Y si se inquieta, lo hace de un modo super contenido (la escena en la habitación del bebé con la intrusa es un claro ejemplo de esto). Son personajes que tienen vedada la espontaneidad a fuerza de socializarse excesivamente. Y en ese sentido las actuaciones, desde mi modo de ver, no podrían estar más ajustadas a las necesidades del relato.

Hernán Schell: Es interesante eso de la socialización excesiva que propone Nadia. Pensada en restrospectiva, pensé también en otra escena que pareciera fallida o gratuita pero que en el fondo puede tener un costado de insospechada sofisticación: se trata del momento en el cual el personaje de Francella se acuesta con la mujer de clase baja. Uno ve que se resiste un poco primero a esto y después se entrega a ella. Más adelante, vemos que el personaje de Peterson descubre esta infidelidad y él va corriendo atrás de ella tratando de recuperar a su mujer mientras ella huye con el auto. Cuando terminó la película pensé: ¿por qué motivo Francella correría atrás de una mujer a la que en el fondo no quiere demasiado? Quizás tenga que ver justamente con que él sentía un deber de correr atrás de ella porque su esposa, y su función social era esa: salvar su matrimonio. Acaso Animal termine teniendo una paradoja bastante más sofisticada de lo que uno piensa. Es una película claramente artificial, con villanos de historieta y un verosímil que se cae a pedazos cuando uno lo analiza desde el realismo (la forma en la que Francella consigue hacerse el trasplante no tiene ni pies ni cabeza), que curiosamente termina contando la historia de un personaje que termina en una estado, digamos, natural, preocupado por su supervivencia y el placer presente. Digamos, como cualquier animal. Quizás haya más inteligencia acá de la que se cree y la que se ha leído apresuradamente.

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