UPA Perro Blanco

Tiempo de lectura: 2 minutos#PostBafici 2021 – (UPA!): Una pandemia argentina

Por Raúl Ortiz Mory

Argentina, 2021, 160′
Dirigida por Tamae Garateguy, Santiago Giralt y Camila Toker
Con Tamae Garateguy, Santiago Giralt, Camila Toker, Axel Kuschevatzky, Juan Minujín, Martin Slipak, Marina Glezer, Querelle Delage, Martina Garello, Hernán Guerschuny, Ariel Winograd, Julio Rojas

De vuelta

A nivel global, la pandemia ha truncado innumerables proyectos audiovisuales que, en mayor o menor medida, afecta a las productoras grandes, medianas y pequeñas. Las majors sortean el panorama con cierta destreza respaldadas por un colchón financiero que les permite adoptar diversas estrategias de producción, realización, distribución y exhibición. 

Pero, ¿qué pasa con las productoras pequeñas, tercermundistas, vanguardistas y, sobre todo, independientes? Aquellas que confían en la genialidad innata de sus mentes brillantes para alcanzar un huequito en los festivales de Cannes, Venecia o Berlín. Sí, las mismas que con una premiación en el Bafici o los encuentros cinematográficos de Guadalajara, La Habana, Cartagena, y hasta Lima, creen que ya están tocando la gloria artística.   

(UPA!): Una pandemia argentina narra las vivencias de una productora (Tamae Garateguy), un director (Santiago Giralt) y una actriz (Camila Toker) que están a punto de pegar el salto hacia el mundo hollywoodense y son frenados en seco por la crisis sanitaria que desata el Covid-19. El quiebre de la oportunidad para abrirse campo en un espacio grande, iluminado por estrellas de primera línea, hace que los tres protagonistas caigan en desesperados intentos por seguir agarrados al sueño de la Meca fílmica. Ese tránsito los pone en evidencia con todas sus miserias morales, éticas y materiales. 

Lejos de pensar que estas circunstancias son llevadas por un hilo dramático/solemne que flagele los descomunales esfuerzos de la creatividad cinéfila, (UPA!) está narrada desde una divertida óptica de autoburla que ataca las poses esnobs de un sector del cine argentino -y, por qué no, latinoamericano-. El mismo sector que escuda su alma indie, única y diferente, en la estela que dictan las tendencias del primer mundo. Estar in es tan necesario como renunciar a lo que realmente se entiende como ser original.

(UPA!) dialoga de forma coherente con su tiempo y emplea los mismos códigos que hicieron visibles a las dos películas predecesoras que forman parte de esta saga burlesca. La paradoja de “UPA 3”, dirigida por los tres actores protagonistas, está enraizada en que su comicidad, a momentos de trazo fino y elocuente, se engendra a partir de las propias situaciones grotescas que ofrece. Sus personajes van coqueteando con el cambio de paradigma, pero, a la vez, se acomodan a la coyuntura progresista para seguir pareciendo tan modernos e inclusivos, como las propias tendencias de los mercados estadounidenses o europeos. Una alienación sin sutilidad que los vuelve cínicos, inescrupulosos y adorables.

(UPA!) se regocija en su excesiva duración (160 minutos) y, al mismo tiempo, esa característica llega a ser su cruz. Dividida en dos partes, donde los créditos fungen de separador, la película cuenta, en el primer acto, las peripecias de los personajes para conseguir el financiamiento de la coproducción que aterrice la idea de un multiverso de Eva Perón. Sí, un disparate que podría adaptarse a la ciencia ficción, invasión de aliens incluida, de acuerdo a lo que el mercado exige, según el productor argentino afincado en Los Angeles. La claudicación del ideal independiente importa menos que nada. Lo importante es crecer, llegar e iluminar el cielo californiano. Hasta acá todo es frenético y divertido. Subtramas, confrontaciones generacionales y el ingreso frecuente de atractivos personajes secundarios desbordan la propuesta. Un exceso calculado que no incomoda.

En cambio el segundo acto -cuando los tres personajes regresan a la génesis de su trabajo low budget– rompe el vértigo de todo lo logrado y encierra las posibilidades de redondear la fábula para trastocar la narrativa por medio de un anticlímax cansino e insufrible. 

Puede que Garateguy, Giralt y Toker regresen con más UPAs -por ejemplo, el invasivo mercado del streaming da para una entrega más-. Sin embargo, solo podrá ser digerible si mantienen esa fórmula fresca que ha brindado el tríptico a modo de engranaje episódico. La misma que pierde gracia cuando la línea grueso hace que (UPA!) se extienda innecesariamente.   

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