Fyre: The Greatest Party That Never Happened
EE.UU., 2019, 97′
Dirigida por Chris Smith
Con Billy McFarland y  Ja Rule

La burbuja emprendedora

Por Sergio Monsalve

En Wall Street dicen que el Fyre Festival es el cementerio de la burbuja del nuevo emprendimiento millenial. Una debacle que todavía cuenta sus pérdidas en vidas embaucadas y procesadas por la justicia. 

¿Qué podía salir mal? Estaba la imagen de Ja Rule de por medio y la presencia del empresario de moda en New York: Billy McFarland, quien encandiló al jet set con la ilusión de su imagen de nuevo titán de las financias digitales. Aunque en realidad sus proyectos eran un fraude y carecían de bases financieras sólidas, la comunidad de los ricos bobos le había extendido un cheque en blanco. Nadie podía desconfiar de su palabra, nadie quería resistirse a su mito del último Gran Gatsby. Todos cayeron por inocentes al comprarle un ticket para el montaje de una estafa que era imposible de sostener más allá de los perfiles de los influencers

¿Pero qué ocurre cuando la oferta engañosa de la publicidad de Instagram surte un efecto poderoso y las personas son directamente manipuladas? Pues sucede lo que vemos en el furioso e indignado documental, Fyre: The Greatest Party That Never Happened, crónica de alto suspenso y tensión que reconstruye el hundimiento de un evento, sobre la base de una muy seria investigación periodística que derrumba el storytelling del entusiasmo que hoy nos asola y nubla la vista por redes sociales. 

Billy McFarland convenció al mundo que tenía el conocimiento y el cash para hacer la de Fitzcarraldo en una isla del narco Pablo Escobar, ofertando la experiencia de vivir un súper concierto con una lista de invitados de lujo, tipo Coachela, a propósito del lanzamiento de una aplicación que modificaría las reglas de contratación de artistas VIP. Para ello grabó un oneroso comercial con las top models del siglo XXI. 

Así prometió lo que jamás se consumó: el sueño de compartir con las bandas y los cantantes del momento, mientras brindaba hospedaje en cabañas y casas hípsters frente al mar. 

A escasos días de celebrarse el Fyre Festival, los locales y los administradores reconocieron que se debía reprogramar la agenda o suspender el show, pues no existían las condiciones y los recursos adecuados para inaugurarlo. 

Pero el arrogante Billy McFarland, como los chavistas en Venezuela, huyó hacia adelante, exigiendo mayor cantidad de dinero a sus patrocinantes. Los media managers le exigieron ser orgánico y transparente, cancelando el evento. La gerencia soberbia los despidió y sustituyó por recién llegados a la aventura condenada al fracaso.  

El documental se narra con imágenes registradas por jóvenes y turistas que sufrieron el desfalco de sus vidas. Muchos de ellos rinden testimonio ante las cámaras del prolijo director que filma con el convencimiento de un reportero postwatergate, a la altura del denunciante de nuestra era, Alex Gibney(el cineasta que ha desnudado a las figuras y las tramas conspirativas de la burbuja que irrumpió después del once de septiembre). 

Pérmítanme esta digresión- nota al pie para lectores latinoamericanos: Fyre pertenece el filme a una tradición americana que envidiamos en países bloqueados y censurados, como Venezuela, donde una generación de bolichicos ha cometido actos de corrupción de igual o peor magnitud, contando con la aprobación y el silencio de una prensa amordaza, seguramente comprada. Por fortuna, existen periodistas y portales alternativos que van tras la caza de los equivalentes nacionales de la ruta del dinero K. En efecto, dado que Perro Blanco es una revista de origen argentino, Fyre: The Greatest Party That Never Happened será apreciado por mis amigos porteños como un relato cercano que refresca la memoria de los desfalcos de los populismos latinoamericanos en otras naciones, como la mía, plagadas de elefantes blancos y obras inconclusas devenidas en ruinas, en evidencias penales (Argentina, Brasil, Ecuador tienen mucho para contar al respecto). Por tanto, ratificamos que el cine funciona como antídoto contra el Alzheimer y combate a la impunidad. 

Fuera de las opiniones e interpretaciones (que me pertenecen y pueden no ser compartidas por los lectores o por otros redactores) a la distancia, sujetas al debate, el largometraje de Smith funciona a la perfección en su debido contexto, ilustrando el absurdo empoderamiento que garantizan los mecanismos de representación de la contemporaneidad, a través del régimen de pantallas de Instagram. Una interfaz dudosa, como mínimo. Suerte de simulacro o de fachada de pueblito de Catalina de Rusia. Recomendaría palpar el curioso antecedente del documental El Sueño Checo, abocado a estudiar un experimento fallido de mercado. 

Al  final llega la cronología de un cataclismo anunciado. Los cándidos compradores de los boletos arriban en masa a la isla de la fantasía, pero no consiguen nada, solo parapetos y vientos de tormenta. Les prometieron alojamientos extraordinarios pero terminaron peleándose por unas tiendas de campaña de un campo de refugiados. Damnificados y varados, comiendo tristes emparedados de queso, cuando pagaron por banquetes de gastronomía chic.  El resto es historia (quizás poco conocida, pero historia al fin): Blink 182 y Major Lazer suspenden su participación, al igual que el resto de los integrantes del line up. Billy McFarland acaba en prisión, afrontando una demanda colectiva por fraude. 

¿Servirá su horrible historia como ejemplo? Netflix capitaliza la bancarrota moral de un cierto anarcoliberalismo en los tiempos de Trump. ¿Simple oportunismo a favor de las agendas del progresismo? El tema amerita un foro de discusión. Si Gimme Shelter sepultó al hipismo de Woodstoock, Fyre: The Greatest Party That Never Happened supondría el réquiem de la utopía del entrepreneur. Ya veremos.

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