Captura de Pantalla 2021-07-25 a la(s) 05.53.12 p. m.

Tiempo de lectura: 3 minutosGunpowder Milkshake

Por Pedro Gomes Reis

EE.UU., 2021, 114′
Dirigida por Navot Papushado
Con Karen Gillan, Lena Headey, Carla Gugino, Michelle Yeoh, Angela Bassett, Paul Giamatti, Chloe Coleman, Freya Allan, Ralph Ineson, Adam Nagaitis, Samuel Anderson, Ivan Kaye, Michael Smiley, Joanna Bobin, Robert Maaser, Ed Birch, David Zimmerschied, Mai Duong Kieu

Cocción

Al terminar de ver Gunpowder Milkshake me he recordado lo que es un político en campaña electoral: un puñado de promesas en cada equina, la ilusión de que tu vida puede llegar a ser mejor gracias a sus acciones y, finalmente, la esperanza del movimiento en una dirección, porque la historia debe seguir y no debe andar quedada, estancándose en los recovecos del pasado. Pero también, como sucede con los políticos luego de ganas las elecciones, Gunpowder Milskshake me ha dejado con esa sensación que nos sobreviene: que las promesas fueron apenas unos buenos momentos de adrenalina a la hora del conteo de los votos, que lo que nos resta luego de que la espuma de la ola se desvanezca no es mas que un puñado de esperanzas que no podrá validarse con la realidad.

Porque, vamos, la película deNavot Papushado no tiene ideas nuevas. No le podemos pedir eso, porque desde su premisa se declara culpable de ir a saquear todos y cada uno de los lugares comunes posibles del feminismo kickass que desde los 70s para acá siempre vuelve en forma de fichas, de tarjetas, de películas superheroicas, de historias de venganza, de series dramáticas. Sea como fuera, el formato vuelve. Y dado que es placentero ver cómo la gente se pega en el cine (no en la vida real), y más aûn lo es cuando la plástica del movimiento, la danza del color y los cuerpos lo habilita…cómo no iba a lanzarme de lleno a ver Gunpowder Milkshake? El problema radica en otro lado: observar como un grupo de mujeres le rompen la cabeza a los hombres que las persiguen no es suficiente. Porque hay que tener ideas. Y concretarlas. Ahí es donde la promesa electoral se nos desvanece.

Gunpowder Milkshake tenía todo el tiempo(p) posible para constriuir un gran artefacto popular lleno de canciones y de colores. Pero eligió desperdiciar nuestros votos (de confianza) en escenas que no sabe resolver (ay, ese montaje horrible para las escenas de peleas, que corta el plano ahí donde necesitamos un plano sin cortes!). Pero no solo de arruinar grandes ideas cinéticas vive esta propuesta. También desaprovecha a sus actrices, todas ellas descollantes (en partcular Karen Gillan, aquí desperdiciada como no hemos visto hasta el momento) en cualquier otro contexto, pero aquí algo apagadas y entregadas al juego en el que solo Angela Bassett juega mejor sus cartas. Pero no más que eso. Los enfrentamientos y algunas de las resoluciones elegidas nos rememoran a John Woo y su locura por el ralenti…pero aquí el director siempre opta por una disonancia que altera o bien los movimientos de cámara, o bien la arquitectura de las coreografías, o bien la fluidez del montaje. Se trata de una marca de autor esta potestad de atentar contra todo aquello que podía funcionar bien incluso sin ser particularmente original?

El problema mayor de Gunpowder Milkshake no es su incesante nececidad de citar de manera irrefrenable a sus uno y mil antecedentes (algo de este īmpetu me recordaba a las decisiones de Edgar Wright en Baby Driver, película con la que esta tiene más de un punto de contacto estilístico), sino en su expresa incapacidad de asimilarlos confiando plenamente en las ideas cinematográficas disponibles. Pareciera ser que, en cierto punto, la película avanzara resistiendo las formas de lo cinematográfico, atentando contra ellas. En ese sentido, por lo pronto, desconozco si se trata de una elección o de lisa y llana impericia del responsable. Indistintamente la experiencia no puede ser más decepcionante: no estamos ante una película desechable sino ante eso que mis amigos argentinos llaman “un golpe de horno”. Porque Gunpowder Milkshake se parece mucho más a una película inacabada para un primer screening de testeo de público que a una película terminada. Como si la fórmula para la campaña electoral no hubiera superado los testeos y las encuestas.

Pero el cine es el cine y las elecciones son las elecciones. Por eso, en esta campaña, no podemos elegir tantas promesas no cumplidas.

NDA: al finalizar esta nota tomo conciencia que en Argentina están por ingresar en un período electoral. Válgame las lecturas que puedan llegar a hacer de este texto, estimados lectores.

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