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Tiempo de lectura: 4 minutosHorizonte mortal & Cielo Rojo Sangre

Por Mariano Bizzio

Horizon Line
Suecia, 2020, 91′
Dirigida por Mikael Marcimain
Con Allison Williams, Alexander Dreymon, Keith David, Pearl Mackie, Jumayn Hunter, Amanda Khan, Lamin Tamba, Orlaith Doherty, Marc Redmond, Kate Shepard, Francois Groenewald, Anouchka Massoudy, Danny Bhowaneedin, Privilege Magezi, Jean Philippe Gorapah, Henri St Mart, Daisy Yip Tong, Daniel O’Neil, Denis Allehany, Dennis Gregory, Nadine Theron, Stephano Honore, Brendon Pirogue, Christian Luis

Blood Red Sky
Alemania, 2021, 121′
Dirigida por Peter Thorwarth
Con Peri Baumeister, Graham McTavish, Dominic Purcell, Roland Møller, Chidi Ajufo, Rebecca Dyson-Smith, Alexander Scheer, Leonie Brill, Roy McCrerey, Gordon Brown, Stewart Moore, Kais Setti, Kai Ivo Baulitz, Jamie Marshall, Florian Schmidtke, Ralph Gassmann, Rutger Lysen, Petra Michelle Nérette, Carl Anton Koch

Todos los aviones van al cielo

No me pregunten por qué (en todo caso porque no tengo un solo motivo sino varios) me gustan tanto las películas que incluyen aviones. Ojo, no me refiero a la simple inclusión lateral, sino a aquellas que hacen de los alados metálicos su instrumento determinante para narrar dramáticamente. No se trata solamente de espacios aislados del mundo. Si ese fuera el criterio debería poder hacer extensivo a otros casos, como las películas sobre náufragos en islas, como las películas sobre encierros en tiempo y espacio acotado. Pero no: los aviones tienen ese no se qué que logra conjugar el avance tecnológico, el aislamiento espacial y las condiciones más atávicas puestas en juego (lo que sucede en un avión no es joda: cualquier mínimo error puede ser fatal).

Por eso cuando leí esta nota publicada en la revista el año pasado no pude sino sentirme invitado. En la misma se mencionaban varias películas (pero también series) en donde los aviones revolucionaban narrativamente (y potenciaban, claro) lo narrado. Desde Terror a bordo a Vuelo Nocturno, de Lost a United 93, las películas y series mencionadas convertían a los aviones en maravillas dramáticas impostergables. Quedaron varias afuera? Si, claro que si: la maravillosa y olvidada Momento crítico, la grandiosa Avión Presidencial, la emocionante El vuelo, la melancólica Sully, la sorpresa de 7500. Inclusive la dignísima Non stop. Todas y cada una de ellas hacen de los aviones una herramienta necesaria que activa todo lo que anida en su interior. Porque el objeto avión es uno de los mejores catalizadores que el cine tiene para entregar.

Visto y considerando mi fascinación con el tema, teniendo en cuenta que nadie les puso demasiada atención en el momento en el que se subieron a las plataformas que las alojan (Netflix y Amazon Prime), me dispuse a ver dos películas de aviones, pero con producción netamente europea. Vaya uno a saber por qué, pero ambas cumplían con las mismas características. Horizonte mortal y Cielo rojo sangre comparten varias cosas: no solo que una parte de lo que cuentan sucede en tierra y la mayor parte en aire, no solo que se trata de películas sobre la redención luego de algún problema irresuelto en el pasado, sino que también se trata de exponentes de un cine clase B que no le teme al ridículo, ni a las imposibilidades del verosímil. Pero además de eso, se trata de las dos grandes películas que han sabido usar a los aviones de la forma mas creativa que vayamos a ver en este año.

Horizonte mortal cuenta con una de esas premisas ridículas que son propias de cierto cine deprejuiciado: un casamiento de un amigo en común, una ex pareja que se encuentra, un viaje que debe realizarse en avioneta y un accidente fatal que los obliga a mantenerse en el aire…sin piloto, sin combustible y casi sin saber volar. En pocos minutos la película saca todos los números para calificar con el high concept del año. Y asi las cosas, con todo en contra, es imposible dejar de verla. Quizás porque la película sabe explotar lo secretos que esconden las películas de aviones: el valor de los detalles. Porque a 5000 metros sobre la tierra todo se vuelve importante: un llavero, una valija, una botella de ron, un marcapasos. Como si en alguna medida los aviones nos obligaran como espectadores a repensar el rol de las cosas que en tierra adquieren otra función. En este sentido, lo que hace Horizonte mortal no es una clase de guión en el sentido mas solemne del término, sino que hace de su narrativa una pragmática del guión, un apostolado de la puesta en escena. Porque pocas cosas hay tan difíciles como pergeñar escenas de acción y tensión sin descanso. Ese encadenamiento de peripecias no es gratuito, sino que es un recorrido lógico como un rompecabezas. Pero la película no quiere que perdamos tiempo en trivialidades como el verosímil de los diálogos. Por eso toda su apuesta es física, palpable, concreta. Cuando el asunto se resuelve nos preguntamos nuevamente: qué poder extraño tienen los aviones que ponen todas las certezas que conocemos en entredicho?.

La notable Cielo Rojo Sangre duplica la apuesta. El avión es más grande, si. Pero también los problemas: una mujer vampiro que debe viajar casi de incógnito con su hijo, contrareloj, evitando la luz del día; a su vez un grupo terrorista toma un avión y comienza a asesinar a su pasaje…y en el medio, el avión perdiendo a sus pilotos. Otra vez el encierro en altura. Otra vez la multiplicación de problemas. Pero también el rol de los detalles. La gran diferencia es que la película respira con sus oportunos retornos al pasado (su pertenencia a la clase B demandaba que desconociéramos la información del pasado del personaje), por lo que algo de esa necesaria adrenalina es administrada con una dilatación temporal que nos lleva del pasado al presente y al futuro. Si bien es cierto que esto atenta contra el componente más salvaje de la película (el que sucede con el avión en el aire), la película logra administrar con inteligencia a cada uno de los datos que nos proporcionan los tres tiempos. De esa manera, hasta bien avanzado el asunto, casi no tenemos información más que aquella que puede proporcionarnos el puñado de imágenes que nos va minando el camino de datos a recoger. En este punto, lo de Cielo Rojo Sangre es una experiencia más fría, especulada, administrada, pero indistintamente adictiva.

Es curioso el modo en el que estas dos películas (una sueca, la otra alemana) construyen la progresión adrenalínica extraña, táctil, pero distante de las emociones. Y asi mismo logran que nos quedemos preplejos frente a ellas. Porque los aviones todo lo pueden, porque son puertas abiertas a otros mundos: el cine vive en los aviones. No los dejemos pasar cada vez que los observemos surcar la pantalla.

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