John Wick 3: Parabellum (John Wick: Chapter 3 – Parabellum)
EE.UU., 2019, 130′
Dirigida por Chad Stahelski.
Con Keanu Reeves, Halle Berry, Ian McShane, Anjelica Huston, Laurence Fishburne, Lance Reddick, Asia Kate Dillon, Jason Mantzoukas, Mark Dacascos y Yayan Ruhian.

Me puedo estimular

Por Gabriel Santiago Suede

Otra vez vemos que casi todo comienza con Buster Keaton. La alusión no es gratuita: está ahí proyectada sobre una pared, nuevamente en un inicio de la saga JW, como para que veamos que cada vez hay más distancia con la seca primer entrega. El problema es que en esta tercera la máquina se volvió disrruptiva. Y volvió algunos pasos atrás. A ver: si la primer película de la saga buscaba sacarse la modorra de los thrillers de acción de décadas anteriores, si buscaba más punchi-punchi (en su versión bailable pero también de piña va-piña viene), recién lo consiguió en serio con la segunda. que es un verdadero ballet alla John Woo pero sin ralentis. En todo caso es un ballet cósmico y material como esos que entregaba Jackie Chan. Pero si el chino se tomaba todo el asunto con una liviandad que era una fiesta, Keanu prefería la cara de poder del viejo Burton. Por eso la fisiscidad de la segunda parte de la saga no tiene comparación con las demás que la acompañan. Y esto viene al caso ya que John Wick 3: Parabellum tiene un comienzo bombástico, de esos que auguran un partidazo. El problema es la imperiosa necesidad de mantener el ritmo. Y la incapacidad de variarlo confiando en las imágenes en vez de en la trama.

No: John Wick 3 está lejos de ser una coreografía. Tiene, en todo caso, grandes momentos como las confrontaciones del principio (matando gente con caballos, libros o lo que venga a la mano: el amigo Wick es un trabajador de la muerte y es un creativo), que funcionan más como prologación motriz de la segunda que como base rítmica de esta tercera parte. El sistema de corte es precisamente aquel que deja expuesto el sonido chirriante de las bisagras: las escenas de pelea tienen una feliz superficialidad que no se corresponde con la solemnidad de la información que se nos verbaliza todo el tiempo. De hecho cada vez que hay una reunión, una posta en la que Wick debe conseguir información para luego reincidir en los tiros& patadas, la cosa se pone espesa, pesada, vagabunda. Quizás, entre otras cosas, porque el personaje no puede portar una saga sobre sus espaldas. O al menos no una saga con el espíritu plástico, etéreo y material a la vez de la parte 2. No: la unidimensionalidad de John no tiene con qué sostener una evolución dramática como personaje. No le pidamos arco drmático alguno. En todo caso lo único que puede hacer es, ciertamente, recomenzar en cada nueva película. Y, felizmente, redoblar la apuesta.

Algo de eso se propusieron sagas como Rápido y Furioso (a partir de la 5 parte, mas que nada) y Misión: Imposible. Al mismo tiempo ambas sagas se encontraron en lugares distintos a partir de cierto punto. Una de ellas demandando una mira retrospectiva que permita entender en qué se había convertido su protagonista; desde ya que me refiero a M:I. Del otro lado, una saga que optó por mayor espectacularidad, llevada hasta niveles insostenibles. Curiosamente ambas últimas entregas presentan una similitud con esta tercer parte de las películas de Wick: la necesidad de los móviles, la opción por la tierra, las raíces, el pasado, la familia. Nuevamente el realismo mata al folletín. Y la realidad es que el folletín es una de las pocas cosas que conecta tan felizmente con el cine de acción: en ambos lo que importa el es el presente, el continuo narrativo, el no detenimiento en la relación con el mundo que está allá afuera pero tampoco con el mundo que está adentro de los personajes. El folletín es superficie y fiesta. Y el cine de acción, al menos el mejor, también. Me atrevo a decir: cine, fiesta e inverosimilitud.

Bueno, todo esto es lo que entrega JW3 pero en cuentagotas, confundido, con recursos arremolinados, con ideas parciales, pero con una necesidad insoportable de romper con ese ritmo trepidante de la acción física. Bueno, extraño, pero esto genera un efecto horrible: dejamos de sentir el peso de los cuerpos de los primeros 20-30 minutos y por el contrario, se nos empieza a imponer la sensación de falta de peligro, de virtualidad. Claro, el problema es que no estamos frente a Hardcore (Ilya Naushuller, 2016…les dejo el trailer aquí), ni un experimento en primera persona como lo era parcialmente La villana (Jung Byung-gil, 2017). No obstante acompañamos a Keanu en la balancear hasta que el asunto se vuelve de una redundancia insoportable. Las balas no se acaban, el peligro no se siente, el ballet se detuvo. Lo que queda es la multiplicación de muertes. Curiosamente el peso de estas no se produce nunca en nuestra cabeza. Caso contrario, cuando las peleas son palmo a palmo, uno a uno, se recupera en buena medida el componente materialista que hace que la signatura de Keaton al inicio tenga alguna fundamentación. Ahí quedan algunas de las peleas del final. Algunas cagadas a trompadas como el género manda. Y no casualmente se recupera el tiempo real, el plano general y la plasticidad de los cuerpos.

El tema es que en JW3 todo llega tarde. Cuando el folletín regresa perdimos mucho tiempo con datos laterales sobre personajes intrascendentes. También perdimos mucho tiempo con escenas sin vida. Perdimos identidad. Y perdimos el vínculo sanguíneo con todo eso que nos encantaba, todas esas cosas que hacían que eso que parecía nuevo y fresco conectara con algo tan viejo como los seriales y el folletín decimonónico. Así y todo se viene la cuarta. Y estaremos esperando el retorno. Parece que para Wick lo bueno tiene cara de número par.

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