Jóvenes titanes en acción (Teen Titans Go! To the movies)
EE.UU., 2018, 87′
Dirigida por Aaron Horvath y Peter Rida Michail

Otra oportunidad

Por Ignacio Balbuena

Nunca me tentó demasiado Teen Titans Go! como serie. Como a muchos nerds fanáticos de los superhéroes, me parecía un bajón ver a un grupo reconocido como los Teen Titans reducido a una serie para niños pequeños con diseños caricaturescos y humor absurdo. Puse el grito en el cielo de manera similar a los que se quejaron por la nueva versión de los Thundercats.

Cuando finalmente vi algún que otro capítulo obviamente cambié de opinión. Si series como Adventure Time, Un Show Más o la más infantil pero no por eso menos extraordinaria El Increíble Mundo de Gumball son excelentes justamente por sus diseños caricaturescos y estilizados y su anarquía argumental, la combinación de esa estética con la lógica de los superhéroes era obviamente una garantía de éxito. De ahí mi entusiasmo por una versión para la pantalla grande de estos héroes, cuyo estreno coincidió curiosamente con el anuncio de una versión live-action que hizo Warner/DC de estos personajes para su pronto a estrenarse servicio de streaming. El trailer en cuestión, que ya es objeto de memes por el comienzo en el que Robin le gruñe a la cámara diciendo ‘Fuck Batman’, y su estética de fan film oscuro y edgy a lo Snyder,  es una prueba más de la brecha de calidad entre las películas con actores de DC y su departamento de animación. El historial impecable que vienen teniendo desde los ‘90s, que inició con Batman la serie animada (el mejor Batman por mucha distancia) y siguió con Superman, Batman Beyond y la superlativa Justice League Unlimited, continúa hoy a través de todo un universo de películas que adaptan varias historias del universo DC ya sea clásicas (Como The Dark Knight Returns) o modernas (como Flashpoint). Teen Titans Go! me niego a llamarla con el horripilante título local) se suma a este historial notable, y al igual que Lego Batman: La Película, apuesta a la deconstrucción autoconsciente del género debajo de las múltiples capas de humor familiy-friendly.

Desde el vamos, el plot delirante la sitúa como una película más cercana y fiel al universo de los cómics que muchas de las películas de DC o Marvel. Así es, su carácter anárquico y absurdo la sitúa más cercana al delirio sci-fi y psicodélico de los comics mainstream tanto clásicos (a lo Kirby en los ‘60) y contemporáneos (a lo Jonathan Hickman). En esta película, los Titans se dividen producto de un plot maquiávelico de Deathstroke, The Terminator (a quien también vimos como villano en la serie Arrow y en la escena post-créditos de Justice League), que acá aparece con el nombre Slade, presumiblemente porque Deathstroke no es un nombre apto para chicos. Hasta ahí, nada fuera de lo común, pero la película empieza a tomar algunas tangentes muy interesantes, como un costado meta (la trama se dispara porque Robin no puede tener su propia película, al contrario que la mayoría de los héroes de DC que si la tienen), o viajes en el tiempo para impedir los orígenes de los superhéroes, lo que deriva en la creación de una (breve) realidad alternativa y distópica. Y el plot del villano, que pretende ejercer el control mental mediante la emisión de la película en todas las pantallas del mundo vía un sistema global y unificado, es un ingenioso comentario sobre la incesante presencia mediática de los superhéroes en cine y tv. Todo este paquete de delirio, humor absurdo y subtexto sobre el género está hecho con plena honestidad y amor, incluso por uno que sobrepasa las rivalidades de compañías, como prueba el cameo de Stan Lee, mastermind del universo Marvel que acá también hace su aparición obligada.

Es que los superhéroes, más allá del realismo geopolítico que han ganado en la era Marvel, a veces se deberían permitir viajar en el tiempo con bicicletas con la música de Volver al Futuro sonando. Un momento realmente épico que emociona, conjugando sensibilidad pop, sci-fi y un gag excelente, ese en el que los Titans modifican el origen de algunos superhéroes clásicos como Superman y Batman para que no aparezcan, para luego revertir su propia intervención en un segundo gag. Como en todo gran evento comiquero que se precie de tal, hay piñas entre superhéroes, en este caso entre los Titans y un montón de héroes de DC poseídos por el villano. La cantidad de personajes que aparecen aunque sea por menos de un segundo como extras de fondo en la pantalla basta para hacer las delicias del nerd de turno: The Spectre, Powergirl, Swamp Thing, Hawkman, hasta los gemelos fantásticos, entre otros personajes que van desde los más conocidos hasta los absolutamente clase Z para fans de la trivia. Y es que esta conciencia de la historia del género permea toda la película hasta en los chistes más triviales, como un VHS en el que los Titans graban una película casera para consolar a Robin, que resulta ser una copia de Young Justice que los personajes pasarán a borrar al grabarle encima. Young Justice es, claro, otra encarnación de los Titans anterior que cuenta con la aprobación de los fans y mucho consenso crítico pero fue tempranamente cancelada.

De todas formas, la película no es solamente sensibilidad nerd. Es prácticamente un lindo agregado en una película dedicada de lleno al humor físico, al slapstick, a cosas nobles como chistes de pedos, tropezones, héroes comiendo, bailando y haciendo beatbox, el running gag de las manitas de bebé de Robin, o a Slade haciendo sus trucos de manipulación mental, como sacudir un lapiz para que parezca de goma. De paso, capaz que lo nombran, dicen ‘’ssssllllllaaadddeeee’’ para pronunciarlo con más dramatismo, lo cual es irónico considerando que el nombre del personaje es DEATHSTROKE THE TERMINATOR. La vi en plenas vacaciones de invierno además, rodeado de nenes gritones de cinco años, lo cual parecía ser un entorno apropiado para una película pasada de Focusín como esta. Lamentablemente, y aquí me permito un pequeño espacio para la queja, lo hice con una copia doblada, dada la ausencia absoluta y total de copias subtituladas de esta película. Ni una sola, en ningún horario, en ningún cine en todo el país. Algo lamentable, dado que la película cuenta con voces notables como Nic Cage (que finalmente pudo ser superman!), Will Arnett, Jimmy Kimmel o Kristen Bell. Pero para no perderme a los Titanes en acción rompí mi solemne voto anti-doblaje y me entregué a la anarquía desenfrenada y psicodélica del mundo de DC animado. Acaso el más grande defecto de esta película sea sucumbir, como en todas las películas con actores, a una batalla final gradota y ruidosa, en este caso con Slade al mando de un robot gigante. Pero incluso en ese final estereotipado, la película se permite espacio para un chiste, como el de Raven tratando simplemente de enviar al robot a otra dimensión con un portal, como se dedica a hacer buena parte de la película a modo de solución para cualquier obstáculo. No le sale, obvio, porque el robot es demasiado grandote. A veces las películas de superhéroes pueden nutrirse de esas ideas simples, en vez de ciencia ficción a lo Tony Stark y Mcfguffins cósmicos que atraviesan decenas de películas.

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