Konstruktion Argentina
Argentina, 2018, 65′
Dirigida por Fernando Molnar

Paredes vivas

Por Marcos Rodriguez

Una voz en off y un personaje ficcional pelilargo y con pinta de extranjero son el hilo que Konstruktion Argentina nos tira por sobre los planos arquitectónicos para construir algo así como un argumento, una excusa para recorrer edificios, épocas. La voz explica: se cumplen cien años de la fundación de la Bauhaus, tal como se muestra en un cartel pegado en un pasillo de la facultad de arquitectura de la UBA, y hay una convocatoria al respecto. Esa convocatoria es la excusa para explicar qué es la Bauhaus, para contar brevemente la visita de Walter Gropius a Buenos Aires, y para embarcarse en un recorrido por diferentes construcciones de la ciudad (y algunas alemanas) en las que se podrían ver los rastros de la influencia alemana en la arquitectura porteña. Una influencia que, si bien puede resultar un tanto escasa en cuanto a inspiración directa, parecería ser mucho más amplia en términos técnicos: ingenieros y empresas constructoras alemanes que, expertos en el manejo del hormigón armado (una técnica moderna, nueva), permitieron la realización de obras cuyos estilos pueden variar pero que no podrían haber existido sin ese conocimiento.

No podría afirmar hasta qué punto la información que proporciona Konstruktion Argentina al espectador es nueva, interesante o un lugar común; los arquitectos podrán juzgar esto mejor. Sí podría decir que, para quien no es un experto en el tema (y ese es, creo, el público al que se dirige la película), resulta un tanto insatisfactoria: demasiado blanda para ser dura, demasiado dura para ser atractiva. Hay un tono medio que busca que la película sea accesible pero termina siendo accesible como lección de difusión, no tanto como cine. Toda la elucubración en torno a Gropius, por ejemplo, a la que se vuelve una y otra vez a través de la voz off (“¿Habrá visto Gropius tal edificio?”, “¿Qué habría pensado Gropius sobre tal otro?”, “¿Habrá notado Gropius…?” y así), no llega a construir nada en términos dramáticos (no sabemos, en definitiva, qué vio, qué le interesó y mucho menos qué pensaba sobre esos edificios que ni siquiera sabemos si llegó a ver) y tampoco aporta información en términos concretos (esos que, a lo mejor, podría apreciar alguien más especializado en el tema). Sin jugarse por una exposición erudita o puramente visual de la construcción (a lo Heinz Emigholz), sin una historia personal sobre la que recaer (como pasaba, por ejemplo, en la excelente Amancio Williams), lo que queda es un recorrido que seguramente tiene un sentido arquitectónico, pero termina siendo blando como experiencia audiovisual. Correcto, pulcro.

Dentro de esta prolija exposición de tema arquitectónico con personaje casi inexistente, hay algunos planos que llaman la atención: son aquellos planos (breves) en los que se cuela algo del presente (en general, degradado) de aquellas construcciones monumentales del pasado, sobre las que ha caído el peso del paso del tiempo. Son apenas instantes, pero están. Unos se dan, por ejemplo, cuando la cámara registra el frente del edificio central del Banco Nación: alcanzamos a ver, además de las líneas y los materiales, algunos grafitis de “Ni una menos” y “Nunca más”, como así también una persona que duerme en el umbral de una puerta. Detalles de la realidad del país que escapan a la lección temática y le dan un poco de vida a la película. Otro momento interesante se produce cuando la película habla sobre el Casino de Mar del Plata e inmediatamente después de mostrar un noticiero cinematográfico de época, en el que se habla del esplendor del casino y del turismo internacional, pasa a mostrar (todavía con el audio del noticiero) las persianas de entrada del casino que se van abriendo y por las que se cuelan, casi desesperados, un grupo de jubilados.

En esos pequeños toques y destellos, cuando la película muestra el presente y se preocupa menos por la lección abstracta y por el pasado (¿cuántas imágenes de época?) es que se llega a vislumbrar un elemento que podría haberle dado más fuerza a este documental: la arquitectura como espacio vivo y no como simple proyecto racionalista.

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