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La burbuja

Por Ludmila Ferreri

The Bubble
EE.UU., 2022, 126′
Dirigida por Judd Apatow
Con Karen Gillan, Pedro Pascal, Leslie Mann, Maria Bakalova, David Duchovny, Keegan-Michael Key, Peter Serafinowicz, Fred Armisen, Iris Apatow, Guz Khan, Danielle Vitalis, Rob Delaney, Maria Bamford, Kate McKinnon, Dave Simon, Chris Witaske

Un mundo sin peligro

Hay una relación entre el peor Kubrick- lo peor de los Hermanos Coen y los resabios de la nueva comedia americana hoy? Si. Valga una aclaración pertinente: aquello de “nueva” supone un epíteto holgado, como una remera que alguna vez usara alguien signado por los excesos pero que hoy por hoy se cuida con las comidas pero se provee de algunos “permitidos”. Algo así ya habíamos observado en la olvidable No miren arriba. A ella la carga de “sátira” le quedaba grande (no así a directores como Mike Judge y Trey Parker-Matt Stone, acaso los últimos grandes satiristas de la comedia americana reciente). Por qué la “segunda horneada” de la NCA envejeció tan mal de tal modo que sus incursiones recientes a la comedia nos resulten añejas, oxidadas? Quizás porque lograron “insertarse” en el mainstream (que es mas un estado mental que material) y el salto los haya expuesto -como sucede con muchos artistas- a la necesidad de cambio respecto de su propia identidad previa.

Hablábamos de la comparación con los exponentes de la primera horneada de la NCA (que va de los primeros noventas a circa tempranos 2000s, no más de 2004, donde claramente inicia con fuerza la segunda), en donde reconocemos a Penelope Spheeris, a Mike Judge, a Parker-Stone, a los Farrely versión 94-2004, los Ben Stiller, pero también a los Kids in the Hall y a un puñado de directores anónimos. La NCA comenzó su lenta degradación cuando encontró autores en la siguiente generación con los Adam McKay, los Judd Apatow, los Farrelly “tolerables”, los Todd Phillips… Puede ser. Tengo varios argumentos a favor (la obra de McKay 2004-2014, Funny People y This is 40 en Apatow, La primer entrega de Qué Pasó ayer? y Todo un parto en Todd Phillips y Fever Pitch y Los tres chiflados en los Farrelly) en contra (la obra de McKay de 2015 a 2022, la de Phillips desde Guasón, la de Apatow desde 2014, en particular su influencia como productor televisivo) de esa afirmación. Más allá de las precisiones o de la fruta que suponga la afirmación (por su condición discutible), lo que resulta inevitable es preguntarse por la relación entre sátira, centralidad y pertenencia discursiva, relación con el poder y, finalmente, vínculo con el presente.

Si, ya sé que si menciono a Johnathan Swift como referencia -desde Los viajes de Gulliver a Cuento de una barrica-, me van a indicar que es un anacronismo y que la relación entre sátira y poder antes no puede ser igual que ahora. Pero debo decir que hay un punto en el que discrepo por completo. La sátira mal entendida es considerada un arma “social” que tienen las artes para hablar sobre el mundo. Pero lo curioso es que la sátira no precisa ser espejo de nadie ni rebajarse a reflexión de ninguna figura. En este punto siempre mantuve un criterio, que ni siquiera me pertenece, que leí hace mucho no recuerdo si de mano de Kurt Vonnegut. Básicamente la sátira siempre es un ejercicio de extranjería, en donde se hablar desde la periferia sobre los centros discursivos hegemónicos de una época determinada. La sátira no busca pertenecer, sino desmarcarse e incomodar. No busca generar “seguidores”, sino problemas para el pensamiento no crítico. Por eso la sátira detesta al poder y su ejercicio es siempre parresiástico (que no es otra cosa que el habla con verdad contra el poder de turno). Por último, la sátira no precisa en vínculo con el presente como herramienta de comprensión. Su atemporalidad tiene que permitir que pueda ser leída y disfrutada en cualquier tiempo o circunstancia, más allá de cualquier vínculo ocasional con el tiempo en el que se referencia.

A qué viene toda esta larga cháchara para hablar de la peor película de Judd Apatow a la fecha? En que el hombre ha perdido su toque. En que como exponente de la segunda horneada de la NCA no tiene nada que lo vincule a ese momento hermoso de la comedia de fin de siglo pasado e inicios de este. Y, bien por el contrario, su cine actual redunda en vínculos cada vez más claros con lo que bien podríamos llamar la anti-sátira, que no es más que una corriente misantrópica, sostenida en el desprecio masivo, orientada a señalar a todo aquello que no supone un peligro discursivo ni real (para a sátira real ese peligro estivo siempre: ser picante no es gratis).

Pero la ausencia de peligro y la comodidad en la centralidad discursiva desde la cual habla (el progresismo anti celebridad del Hollywood demòcrata) no es solo ese su problema: la sátira que propone The Bubble duplica su mediocridad por su anclaje al presente de manera ineluctable, algo que la convertira en un material fechado en breve, cuando nadie recuerde ni quiera recordar la pendemia y las estupideces a las que nos vimos sometidos. Y lo pensamos desde esa perspectiva, desde su costado de señalamiento de las formas totalitarias del encierro, acaso la película de Apatow logre diferenciarse involuntariamente del tiempo que la rodea, que ha decidido hacer una suerte de borrón y cuenta nueva con los espantos del 2020-2021. Quizás sin saberlo su director si esté llevando adelante una sátira, pero en una versión en negativo. Y de una manera sorprendente, todo aquello que naturaliza como ejercicio de la estupidez humana de un grupo especīfico (el del mundo del cine) sea su manera de hablar de nuestro silencio ante los atropellos a los ciudadanos de a pie. O quizás este sea mi último intento por no despedirme de un director que alguna vez ofreció libertad, pensamiento y comedia. Y hoy es, apenas, un mar de interrogantes.

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