La educación del rey
Argentina-España, 93′
Dirigida por Santiago Esteves.
Con Matías Encinas, Germán De Silva, Jorge Prado, Mario Jara, Elena Schnell, Martín Arrojo, Walter Jakob, Marcelo Lacerna y Esteban Lamothe.

Lecciones eastwoodianas

Por Rodolfo Weisskirch

Una vez, hace ya un tiempo, José Campusano me dijo que en Argentina debíamos poder realizar nuestros propios géneros, que el western pertenece exclusivamente a los yanquis -de ahí su nomenclatura- y aunque encontremos similitudes entre lo que se hace en Hollywood y lo que hacemos acá, los cineastas argentinos debíamos generar material con nuestro propio lenguaje.

Santiago Esteves hace un poco y un poco en La educación del rey, su ópera prima: por un lado, se nutre de la vieja guardia del cine clásico de Hollywood, especialmente del western de los años 50, aquel menos heroico y revisionista que inspiró a Clint Eastwood para que creara los mejores exponentes contemporáneos de los últimos años, pero también encuentra un idioma propio, con los códigos de la región geográfica argentina que decide retratar.

 

Reynaldo -debut con matices de Matías Encinas- es un adolescente que llega a la Ciudad de Mendoza buscando techo y comida. Su hermano le consigue un trabajito que le proveerá lo que necesita: robar una escribanía. Las cosas no salen como deben, y Rey termina cayendo -literalmente- en la casa de Carlos -otra destacable labor de Germán De Silva- un ex policía que cuidaba camiones de caudales, y que ve en Rey una oportunidad de redimirse.
Mezcla de Walt Kowalski, el último antihéroe que Eastwood construyera en Gran Torino -pero con menor complejidad y terquedad- y del Sr. Miyagi, Carlos se convierte en una especie de tutor, padre sustituto de Reynaldo, cuya madre vive bastante lejos, y de cuyo padre el paradero se desconoce. Pero como en todo western, siempre hay antagonistas, villanos que le querrán impedir a Reynaldo su redención moral, y aquí es donde las lecciones de Carlos se ponen en práctica.

Con la sequedad, parquedad y laconismo del nuevo cine argentino -se nota la influencia de Caetano- pero con un corazón gigante y noble, y sobretodo el instinto de no complejizar la estructura dramática, La educación del rey es una ópera prima que rescata el clasicismo sin traicionar el lenguaje ni el paisaje cuyano que decide retratar.

Es un western urbano del interior del país y tiene todos los estereotipos del género, salvo el interés romántico. Dentro del proceso de iniciación, Esteves le hace transitar a Reynaldo todas las emociones en poco tiempo, con sutileza y sin trazo grueso, utilizando adecuadamente el punto de vista. Hay algo de coming of age, algo de la familia sustituta convertida en familia real, un hijo biológico celoso como amenaza latente. Pero Esteves es inteligente. Tira puntas, pero no abre mundos, porque -y esto es otra lección del viejo Clint- cuánto más se atañe al cuento, a lo que de verdad desea narrar, mejor sale el producto.

Prolija en términos visuales, equilibradamente costumbrista y austera, La educación del rey -que empezó como proyecto de serie- posa sus atributos en la honestidad de Germán De Silva, nuestro último pistolero solitario, y en el gran trabajo de Jorge Prado, como el villano en las sombras, el tipo peligroso del que sabemos lo justo y necesario. Se podría decir que algunas escenas de acción no tienen el rigor necesario, pero se resuelven artesanalmente, sin gastar recursos. Menos es más, y Esteves aprovecha sus limitaciones para construir relaciones, para ser didáctico sin ser discursivo.

El paisaje mendocino provee el escenario perfecto para este tipo de relato, sin caer en tentaciones paisajistas o vendernos un viaje a Mendoza. En ese sentido, el cine de Esteves se conecta directamente con el de Campusano. Y queda claro que este joven realizador tuvo varios maestros y aprende de todos ellos lo mejor que proveen.
Con eso arma esta historia clásica, que se cierne a sus personajes, que no los traiciona, les toma cariño, y los convierte en héroes, evitando caer en la épica, la iconografía y el sentimentalismo.
Esteves sale más que airoso de este primer reto, que lo ubica como un realizador a seguir de cerca en el futuro.

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