Mandy
EE.UU., 2018, 121′
Dirigida por Panos Cosmatos
Con Nicolas Cage, Andrea Riseborough, Linus Roache, Bill Duke, Richard Brake, Hayley Saywell, Line Pillet, Ned Dennehy, Clément Baronnet

Smoke gets in your eyes

Por Ignacio Balbuena

El sitio web FiveThirtyEight publicó en abril de este año una suerte de taxonomía de las películas de Nicolas Cage, un actor extraordinario que luego de años de películas mediocres directo a video y de pasar a ser una suerte de meme viviente, atraviesa desde hace un tiempo una suerte de renacer creativo. Las categorías que el sitio web usa para clasificar la filmografía de Cage son las siguientes: ‘kick-ass’ para sus películas de éxito moderado, tanto en recepción crítica como taquilla. El Nic Cage término medio, si se quiere. El laburante. ‘A National Treasure’ para sus películas más taquilleras: Nic Cage como actor de blockbusters. ‘Not The Bees!’ para sus películas más berretas y desastrosas, las películas que lo convirtieron en un meme. ‘Recession’ para sus prolíficos pero estancados 2010s. Y finalmente ‘Nouveau Shamanic’ para las películas en donde Nicolas Cage demuestra verdaderamente su vuelo gigantesco como actor, y en donde los directores supieron aprovecharlo. Películas como Raising Arizona, Face/Off, la Bad Lieutenant de Herzog, entre otras. El nombre de esta última categoría proviene del nombre que el propio Cage le da a su método de actuación, que en el set de Ghost Rider implicó vestirse de chamán vudú y entrar en un estado de trance para conectar con el personaje y asustar a sus compañeros de actuación. Por supuesto, son categorías con límites blandos. Puede haber películas absolutamente de mierda pero con un gran Nicolas Cage, blockbusters poco taquilleros, o hits trasheros con premisas interesantes pero de resultados fallidos.

 

Todo esto para decir que Mandy, de Panos Cosmatos (que también dirigió Beyond the Black Rainbow) es el último hit del creciente negocio de la nicolascagexploitation, que en esta ocasión pega un giro hacia lo arty a la vez que toma un poco de todas las categorías antes mencionadas, y de todo un sistema de referencias pop que van desde lo geek hasta lo (uno, dos) ultraviolento. Los trailers y la recepción crítica que tuvo Mandy parecen venderla como una especie de súmmum del cine de genero contemporáneo. Un Nic Cage desatado, música que va desde los sintetizadores a lo Drive al drone cercano al Doom Metal, una fotografía que inunda de tintes rojos la pantalla, violencia extrema, y esta cuestión a la que vuelvo de la sensibilidad arty. Dicho de otra forma, Panos Cosmatos tiene buen ojo para la acción y las escenas memorables. Hay varias en Mandy. Pero también tiene un problema de querer tamizar todo el descontrol por un filtro tranquilizador de director con sensibilidad estética (grandes comillas).
 

‘Ojo’, parece decir Cosmatos, ‘que acá hay referencias a Clive Barker pero también tomas larguísimas, casi interminables, monólogos existenciales y un amague con un mundo sobrenatural que no es tal’. En definitiva, tiene sentido que sea el hijo de George P. Cosmatos, director de Cobra. Pero el viejo cine de género berreta tiene un aura que es imposible de replicar. Solo queda la parodia, el homenaje, la re-versión millennial en clave artsy. El cine de los 70s / 80s se podía permitir las luces rojas, el humo (literal, no el que vende P. Cosmatos), la violencia, los one-liners y todo ese paquete simplemente porque existían en sí mismos, sin hacer referencia a nada. En Mandy, en cambio, todo remite a ese sistema de referencias que mencionaba un poco más atrás. El logo que se convierte en una maraña de letras incomprensible como un logo de black metal. Los motoqueros traficantes que se visten como secuaces de Pinhead en Hellraiser. Un diálogo que hace referencia a los personajes cósmicos del universo Marvel. Una pelicula que podría ser de sexo, drogas y rock and roll pero que parece finalmente hecha por un snob insufrible que guarda sus vhs de terror y sus cómics en una caja en secreto, medio avergonzado. Para hacer una comparación similar: The Driver de Walter Hill y el cine de autos de los 70’s inspiraron Drive, pero también Baby Driver. Y Cosmatos hijo está mucho cerca de la sensibilidad embole de Winding Refn que el amor por el cine y las piruetas de Edgar Wright. Todos filman haciendo un licuado de referencias de las películas que aman, pero a Cosmatos el smoothie le queda particularmente denso.
 

Digamos todo: a pesar de estos problemitas, Mandy es una película con varios momentos notables, inspirados por el carisma gonzo de Cage y por algunos excesos estilísticos que sí le sientan bien. Se cuentan con una mano, pero salvan la película. A saber: una escena de Nicolas Cage forjando un hacha/espada/lanza de la muerte. Las apariciones y batallas contra los pseudo-cenobitas. Nicolas Cage escabiando deprimido por la muerte de Mandy en un plano fijo largo en un baño. En calzoncillos. Peak Cage junto con una sonrisa con dientes y cara de chiflado que aparece más adelante.

Seguimos: Nicolas Cage tomando un raquetazo de cocaína como para que a Scarface le de envidia, que se toma mientras ya está de pepa. Un duelo de motosierras. (Esto es sabido, cualquier película que contenga un duelo de motosierras, mejora automáticamente). Y un final con un Nicolas Cage enajenado que recuerda a la muerte de Oberyn Martell en Game of Thrones.
 

La fotografía, los colores y los paisajes alucinados de la película reclamaban un vuelco definitivo a lo sobrenatural que nunca llega. No quiero lamentarme por la película que Mandy no es, de todas formas. Y además, ya hay películas con Cage descendiendo al infierno. ¡Más de una! Pero el tema es que la película de Cosmatos tampoco aprovecha para crear tensión con el horror de lo plausible. Una película sobre el secuestro y muerte de una mujer por parte de hippies ultrarreligiosos quemados por el ácido podría ser verdaderamente aterradora, pero aquí lo psicodélico se diluye con lo mundano, y el horror de lo real queda diluido en el imaginario comiquero. Y una película de acción hecha y derecha no debería tener algunos meros highlights sino acción en forma continua y creciente. Así y todo, al menos podemos reconocerle a Cosmatos que su amor por los ‘80s no se resuelve recayendo en la retromanía a lo Stranger Things. Tal vez con el tiempo pueda ir escapando de sus pretensiones y del gesto de artista y entregarse completamente a la lucha con motosierras.

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