Manhunt (Zhuibu)
China, 2017, 106′
Dirigida por John Woo
Con Zhang Hanyu, Masaharu Fukuyama, Jun Kunimura, Tao Okamoto, Ha Ji-won, Stephy Qi, Angeles Woo, Yasuaki Kurata

Regreso con gloria

Por Ignacio Balbuena

Manhunt representa el regreso de John Woo al cine de acción del estilo de sus películas más celebradas (Hard Boiled, The Killer, Contracara) después de una digresión por el drama épico. Tal vez es razonable que después de haber tenido una carrera despareja en Estados Unidos, sus primeras películas de vuelta en Asia hayan sido de un género diferente al que le dio reconocimiento. Como si hubiera estado guardando lo mejor para un eventual regreso con gloria. Un regreso a sus formas más habituales, a temas, personajes y estructuras reconocibles y esas escenas de acción tan perfectamente coreografiadas como delirantemente grasas. John Woo no es un cineasta conocido por su sutileza, sino que todo en sus películas es exceso. Manhunt, como sus películas clásicas, es una película llena de exceso formal: zooms, cortes múltiples, ralentis, freeze frames y flashbacks se acumulan en la pantalla,  como los disparos de los múltiples personajes que van llenando la trama.
 

 Y el exceso también es temático y argumental: lo que empieza como una narrativa sencilla de un fugitivo acusado de un crimen no cometió, termina en un trama de dos horas que se complica escena a escena, con traiciones, conspiraciones, corrupción corporativa, drogas experimentales, vagabundos entrañables que luego serán secuestrados, matrimonios fallidos, suicidio, una femme fatale muerta, relaciones complicadas entre padres, hermanos e hijos, y una gran cantidad de melodrama y hasta una referencia hacia las ‘películas de otra época´, como si el propio John Woo estuviera realizando a conciencia una película que es una suerte de ejercicio nostálgico, un greatest hits, una película que es extremadamente familiar en sus ingredientes, pero que encuentra permanentemente la capacidad de sorprender, justamente en la acumulación superlativa de estos elementos, que capa tras capa generan una película que es densa pero plenamente superficial a la vez.  

A medida que se incorporan nuevos tropos, la película no hace otra cosa que volverse más y más celebratoria de si misma, generando en mí la reacción eufórica de estar ante un artefacto tan grandiosamente ridículo como genial. Por supuesto, la extraordinaria ejecución de las escenas de acción rescata la película de la parodia. Justo cuando la trama parece estancarse, hay un nuevo mexican standoff, una persecución en jet ski, o salen motociclistas de la nada empuñando dos pistolas de costado o armas filosas. Cuando la acción se termina, el guión pega un volantazo con algún nuevo twist, o introduce un elemento nuevo que enreda aún más la historia.
 

Hasta en sus películas más berretas, John Woo derrocha amor por el cine, no solo en la imagen, sino en su personalidad y forma de ser. Recuerdo haber chequeado hace poco el comentario de la película El Pago, un thriller pedorro y sin sentido con Ben Affleck y Uma Thurman, en el que John Woo se la pasa hablando de Hitchcock y Cary Grant, cuando la película, del 2003, parece hecha en 1997. El cine de acción ya estaba evolucionando hacia  Jason Bourne, y el entusiasmo lúdico y berreta de Woo estaba demodé. Hoy sin embargo, es un refugio esencial ante el constante throwback ochentoso de esas películas de culto pre-fabricadas que tanto abundan. El gesto nostálgico de Woo resulta novedoso en tanto representa una recuperación de sus raíces de forma tan honesta como acumulativa. Mientras otros directores elegirían sofisticarse, destilar sus recursos formales y temas recurrentes hacia un núcleo duro y condensado, más contenido y sobrio en su ejecución, Woo elige hacer una especie de película-catálogo. Manhunt lo tiene todo, es la suma completa de los placeres johnwoonianos.

La película comienza introduciendo un dúo de asesinas expertas. Una de ellas terminará enamorada del protagonista, ese man on the run que mencionamos al comienzo. Los une un enamoramiento espontáneo, anclado en el amor por el cine, que es también el de John Woo. Se suman un policía corrupto involucrado en una trama de espionaje corporativo, y un policía tan implacable como honesto, con una oficial de policía novata pero entusiasta bajo su ala, con un pasado que lo atormenta. A lo largo de toda la película, estos personajes tendrán numerosos encuentros y desencuentros en calles, vías de subte, bosques, autos. Hay, por supuesto hacia el final, una secuencia climática en un laboratorio que parece sacado de un techno-thriller al estilo de Misión Imposible 2 (injustamente subvalorada), y muertes dramáticas de personajes que se aman, tanto heroicos como villanos, o personajes que transitan ambos mundos. Y por supuesto, hay palomas blancas, infaltables en una película de John Woo. Ni siquiera son especialmente simbólicas (para eso está por ejemplo, un vestido de novia manchado de sangre), no, las palomas aparecen como un mero gesto de estilo, en una película que es básicamente una marca de autor constante. Es otra muestra más de cómo esta película es 100% uncut John Woo. No hay forma de confundir esta película con la de algún otro director de acción, ya sea americano u oriental. Pero por si el espectador tuviera alguna duda, allí está ese pequeño y repentino ejército de palomas blancas poblando la pantalla.

 

Además, y por si fuera poco, la película tiene un doblaje espantoso. Los personajes hablan en un inglés afectado, y cuando hablan en su idioma el sonido suena de todas formas en otro plano, completamente ajeno al plano sonoro de la escena. Seguro es una cuestión de presupuesto (como unos VFX de pantalla verde de gusto y técnica dudosa), pero en una película que es puro artificio espectacular, la actuación impostada y ese doblaje espantoso se sienten casi como un gesto más de autorreferencialidad, una conciencia del artificio. Como ese momento final con la amada en brazos diciendo ‘las películas viejas son así´. Tal vez Manhunt sea la búsqueda de un tiempo pasado mejor en John Woo, pero desde este lado, es sencillamente el presente notable de un director esencial (y fundacional) todavía en plena forma.

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