Donde viven los monstruos (II)

Por Federico Karstulovich

Segunda jornada marplatense y algunas sorpresas se hacen presentes. Comida, trabajo y películas a la orden del día. Pero ser jurado no es algo gratuito. Hay mucho por ver y no necesariamente forma parte de lo mejor. No obstante, algunas cosas sobresalen de la media. Una de ellas es una película de inminente estreno (dependiendo del momento en el que se publique este diario, quizás ya esté estrenada), con nombre quizás poco agraciado. Hablamos de la notable Vendrán lluvias suaves, de la cual no me ocuparé aquí porque será su turno en el debido momento. Aquella película de Ivan Fund parte de una premisa sumamente atractiva, que en cierta medida (y estimo que por esas casualidades que no pueden explicarse) se conecta con la película de la que si vamos a hablar aquí, me refiero a la perturbadora El día que resistía (Alessia Chiesa, 2018). En ambas los padres están ausentes. En la película de Fund por motivos injustificados, pero que se asemejan a un verosímil propio del fantástico, que se sustenta en la idea de un pueblo en el que los adultos no pueden despertar y los niños deben cuidarse por sus propios medios; en la película de Chiesa, en cambio, hay tres niños, una casa, un fuera de campo amenazante, una presencia incómoda y no mucho más. Y si bien ambas parecen partir de un tronco común, los resultados son amplios en su divergencia: la película de Fund es luminosa, tierna, quiere a sus personajes y los deja expuestos a la aventura; la película de Chiessa, en cambio, es peligrosa, abandona a sus personajes y limita cualquier tentativa de crecimiento que estos puedan tener. De hecho no se me ocurren películas más parecidas y más distintas a la vez. Pero como dije, ya será momento de hablar de la película de Fund.

El día que resistía funciona bien siempre y cuando deje fuera cualquier tentativa de anclaje en el mundo histórico real. Asi y todo la película se desespera por extender un apoyamanos al espectador. Y lo que durante buena parte de su trayecto parecía una mezcla de oscuro cuento de hadas con película de terror elusiva, poco a poco logra dar una serie de pautas que la vinculan con el cine argentino metafórico, seque supo poblar nuestras pantallas durante años y que por lo pronto no parece haberse ido del todo. Ese dato viene con la localización de los personajes (tres niños) en un contexto espacio temporal específico, en el que los indicios podrían prever una anclaje histórico y político para aquella época. Vuelven las metáforas sobre la dictadura, sobre los desaparecidos? Quizás. Sea como fuera, la historia cuenta el contexto de lo que parece ser un abandono de un grupo de niños. Nuevamente adultos ausentes por motivos revelados elípticamente. Y un interesante uso del fuera de campo como tensión entre un exterior plagado de peligros y un interior degradado por la ausencia de los adultos en cuestión. Quizás sea eso lo más redituable como material narrativo: la explotación de las preguntas antes que las respuestas, la profundización sobre las dudas antes que los paralelismos literarios con los cuentos infantiles (que en la película se plantean con una torpeza meridiana).

Asi y todo, hay algo que nunca termina de cerrar en la película, como si algo de su perturbación (ver como unos niños deben sobrevivir a la ausencia de adultos es una progresión que va del juego al miedo, por eso estamos ante una película abiertamente pesimista, a diferencia del largometraje de Ivan Fund que planteamos al inicio) no terminara de cuajar por el efecto de redundancia, como si el recurso comenzara a agotarse a partir de determinado momento. Y si bien la progresión debería contraponerse a la redundancia, por algún motivo la historia no logra escapar a esa limitación narrativa. La infancia puede ser monstruosa, si. Es un dato interesante siempre, al menos como corrimiento respecto de ciertos lugares comunes de  la construcción de mundos idílicos para los niños. El problema es que esa ausencia de los adultos es tan pregnante que termina condicionando cualquier avance hacia terrenos más inquietantes. Con todas sus limitaciones encima, el final recupera algo del espanto potencial. Una de las sorpresas del segundo día. Y justo dos películas con premisa similar.

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