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Tiempo de lectura: 4 minutosMar del Plata 2021 – Diario de festival: Petit maman, Sexo desafortunado o porno loco, Older brother younger sister

Por Amilcar Boetto

Saliendo del cine, discutiendo un concepto vagamente articulado en Twitter sobre lo que sería el cine de frames (un cine donde la imagen solo es admirable en su superficie, hecho para  pausar y sacar screenshots), argumentamos sobre si Retrato de una mujer en llamas sufre o no de ese problema. Es probable que durante los primeros minutos, la película parezca tan pulcra  que parece no verse afectada por ningún punto de vista, lo que hace que el amor entre las  protagonistas no se sienta como si se siente efectivamente en la segunda mitad de la película.  En la segunda mitad de la película ingresa la fragmentación, deja de haber tantos planos  conjuntos, y empieza a haber más planos-contraplanos, donde la mirada comienza a sentirse,  comienza a haber texturas distintas en la imagen (ya no es una imagen linda suelta, sino una  imagen que precisa de la acumulación previa y posterior para ser emocionante).

Petit maman,  sin embargo, se plantea como algo muy distinto a la película anterior de Sciamma. Es una  película con muchos menos materiales que, contrariamente a lo que sucedía en su película  anterior, se sostiene en conversaciones. Diría que el problema de Retrato de una mujer en  llamas es exactamente el contrario a el de Petit maman. Mientras que una parece tener  dificultades (en unos primeros minutos) para establecer un calor específico de la mirada de  alguna de las protagonistas, recurriendo entre otras cosas a unos diálogos entre cortados que  siempre parecen palabras dichas solo por ser dichas, en Petit maman hay una necesidad  constante de querer demostrar ternura y exponerlo en sus diálogos. Casi no recuerdo algún  momento en el que la película se interese por algún otro matiz en la relación madre-hija que  no sea el amor inocente que se demuestran. Sorprendente que en tan poco tiempo de  duración la película se vuelva tan repetitiva y redundante. Para mi decepción, lo que en  Retrato de una mujer en llamas termina siendo la construcción de un romance que en los  últimos minutos adquiere una potencia pocas veces vista en estos últimos años, en Petit  maman es una acumulación de conversaciones que busca desesperadamente la empatía sin  considerar nada más. No será cine de frames, habrá que buscar otra definición. 

Luego de la frustrante indiferencia que me había generado Petit maman (una película que  parece haber emocionado a todos menos a mí), me fui solo a ver Sexo desafortunado o porno loco, una película que puede generar absolutamente cualquier cosa menos indiferencia. Los primeros cinco minutos, de porno casero, dejan a toda la sala en una posición extrañísima, nadie sabe bien que hacer ni cómo sentirse al presenciar algo que está hecho para ser  consumido en la intimidad en frente de tanta gente. Se escuchan los asientos reclinarse, hay  personas que apartan la vista de la pantalla, buscando la mirada de los demás, a ver cómo el  resto de las personas observa. A mi me sale reírme, porque entiendo que Radu  Jude quiere exactamente eso, que la gente esté incomoda y no sepa bien cuánto va a durar  eso, ni qué clase de película fueron a ver. Luego, vienen las tres partes, muy distintas entre sí,  en donde Jude reflexiona sobre muchas cuestiones, pero la imagen pornográfica siempre está  en el centro de la discusión. Su cámara busca y encuentra puntos en Bucarest donde la imagen  pornográfica, si uno la quiere ver, está. En anuncios comerciales que dicen cosas como  “cómetela entera”, en gente que se insulta por un accidente de tránsito y dicen “chupamela”.  Las imágenes que aparecen en la ciudad cruzándose con el camino de la protagonista  adquieren un sentido distinto del que nosotros pensamos que tienen cuando Radu Jude panea  hacia ellas, las alejamos de la lógica metropolitana para asociarlas a las imágenes  pornográficas que anteriormente el director nos había mostrado. Este montaje de atracción  puede parecer un poco vacío más allá del gesto, pero durante el resto de la película el humor  del director rumano se va poniendo más filoso y cada vez se nota más que su discurso no pasa  por reírse de cierta ridiculez de la sociedad, sino por plantearse como las imágenes son leídas  por la sociedad y como sacarlas de ese contexto. ¿Qué tiene de distinto el porno al cine? ¿o una historia de Instagram? ¿o un video viral de Twitter? ¿o el videoclip de un artista urbano  rumano? Evidentemente la diferencias existen, pero en mayor medida, son de cómo el público  las recibe. Radu Jude satiriza la imagen y la recepción del espectador de esa imagen, creando  un mundo de manifiesta locura donde todos las leen de una forma muy opuesta. Una película  muy liberadora en el contexto de un festival de cine, en especial por la risa que genera, y por  sobre cuáles son las cosas que generan esa risa.  

Salí de Radu Jude y corrí dos cuadras al Colón para ver Older brother, younger sister, de Mikio  Naruse, en el contexto de la retrospectiva de Machiko Kyo. Siempre me llama la atención el  modo en que Naruse plantea sus escenas. Casi siempre sus películas son secuencias articuladas  de escenas largas en las que conviven muchas emociones al mismo tiempo. Una escena puede  empezar con una persecución celosa, seguir con piñas y terminar con una confesión  incestuosa, y sin sentirse atonal, o desencajada. Es que Naruse entiende, quizás como pocos  directores en la historia del cine, muy bien el poder del corte. Da la sensación de que sus  planos siempre duran lo que tienen que durar, cuando ya no duran más se corta y en el corte  hay una revelación que le da pie a un nuevo núcleo de la escena. Por ejemplo, en esta película,  cuando están discutiendo los hermanos, la discusión se vuelve física y hay una cortes rápidos  mostrando la violencia física que uno ejerce sobre el otro, planos donde se ve a la hermana  golpeada y donde se notan forcejeos, pero luego, Naruse corta a un plano donde está la madre  arrodillada llorando, y en profundidad de campo la pelea de los hermanos. Ese plano dura más  que los otros y cambia completamente el tono. Por supuesto, el cine de Naruse no es solo  forma, hay mucho más que apreciar, como dijo una de las personas ni bien terminó la función:  que adelantado a su tiempo, no? Estimo que por el rol que las mujeres cumplen en las  películas del japonés. Mujeres que siempre están atrapadas en una estructura familiar o una  lógica social y deciden a conciencia escaparse, teniendo la consecuencia que sea que tengan.  Machiko Kyo no podría haber sido una mejor elección para representar ese personaje que  además de ternura, tiene fuerza y coraje y no para de demostrarlo.

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