Midway: ataque en altamar (Midway)
EE.UU.,-China, 2019, 138′
Dirigid por Roland Emmerich.
Con Ed Skrein, Luke Evans, Patrick Wilson, Aaron Eckhart, Nick Jonas, Mandy Moore, Woody Harrelson, Dennis Quaid, Darren Criss, Alexander Ludwig, Etsushi Toyokawa y Tadanobu Asano.

Contar la historia, otra vez

Por Sergio Monsalve

El género bélico pertenece a un período clásico en fase de reconfiguración en Hollywood, a consecuencia de las nuevas ansiedades del espectador del milenio. En Midway opera un trabajo de la memoria sobre el cine de la segunda guerra. La decisión de Roland Emerich, de rodar un filme a contrapelo de las modas revisionistas y deconstructivas, se antoja como una propuesta de producción al límite del riesgo, de un daño controlado, al menos. No tildaremos de kamikaze la idea de contar otra vez la historia de la famosa batalla del pacífico, antes tratada por el documental y la ficción, pero sí consideramos atrevida la forma de plasmar un relato de tradición histórica, alejado de las ucronías de Tarantino y de los gimmicks de Nolan. 

En Bastardos sin gloria Tarantino complace la demagogia vengativa, del blanqueamiento del pretérito, al conceptualizar la destrucción del máximo villano del eje del mal, Adolf Hitler. En Dunkerque la dirección logra el extraño efecto paradójico de gestar una perfecta coreografía audiovisual, a partir de un evento catastrófico, justificando (en una obvia alusión al presente de producción) el aislacionismo votado en el Breixit. 

Occidente, por tanto, parece sentir el asedio de fantasmas del terror, reales y psicológicos, buscando protección en las narrativas de unificación nacional de la propaganda de los años cuarenta. Midway, por su parte, refuerza el plano patriótico instalado en los últimos años del conflicto de las civilizaciones, tomando distancia de las tendencias reivindicativas celebradas en las entregas de premios. Su director alemán no rescata a un personaje de una raza olvidada, una trama jamás elaborada, un guiño a los objetores de conciencia de la culpa americana(lo contrario de Frozen 2 en su pretensión de ser Pocahontas on Ice). 

La operativa, acaso es más discreta y por eso los críticos miopes son incapaces de verla más allá de los prejuicios de partida. El subestimado autor adopta un procedimiento de una curiosa vocación estética: desplegar un fresco de naturaleza espectacular y épica, como tanto le gustan al creador de 2012, donde las set pieces del blockbuster de los noventa puedan convivir con la sensibilidad de los héroes humildes de Steven Spielberg y de las impresiones bipolares de Clint Eastwood. 

Por eso los mejores pasajes de Midway rinden tributo al díptico de La conquista del honor y Cartas de Iwo Jima, pero ambas dentro de un mismo dispositivo inspirado en John Ford, la biografía de Mishima de Paul Schrader, la templanza japonesa de Kurosawa, el perfil actoral de Toshiro Mifune y el legado de Tora!, Tora!, Tora!

La ejecución muestra algunos problemas de montaje en las primeras acciones del conflicto, cuando las explosiones sucesivas de Pearl Harbor dan pie a unas situaciones de un formato predecible. Los marinos vuelan por los aires, corren, se trepan y protagonizan una serie de rutinas circenses.  En el segundo acto, la extensión permite conocer a los personajes en su fuero interno y dramático, conectando con la misión planteada de revancha y reconquista moral. La cuestión de honor se salda en ambos costados de la batalla naval, abonando el terreno para la construcción de un armisticio, fuera de los juegos del poder. 

Según Midway las guerras provocan enfrentamientos inútiles e innecesarios, entre seres humanos, divididos por unos marcos ortodoxos, represivos y desfasados. Los códigos de la jerarquía militar se van hundiendo, en medio de un mar de estrategias fallidas. Los errores cometidos por la inteligencia se enmiendan en el camino, a un costo político alto. 

La memoria nos iguala en la ambición, siempre eludida, de trabajar por la paz y la reconciliación. Curioso legado el de un director estruendoso que, perdido en el maremagnum de improperios, entrega una película fuera de época, por lo tanto, arriesgada.

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