Mom and Dad
EE.UU., 2017, 83′
Dirigida por Brian Taylor
Con Nicolas Cage, Selma Blair, Anne Winters, Zackary Arthur, Joseph D. Reitman, Olivia Crocicchia, Lance Henriksen, Brionne Davis, Tyler Sopland, Bishop Stevens, Matthew W. Allen, Dale Miller, Ellen Marguerite Cullivan, George Griffith, Marilyn Dodds Frank, Michelle Poole, Rachel Melvin, Michael Yurchak

Ser padres hoy

Por Ignacio Balbuena

Una familia americana de clase media en los suburbios atraviesa una crisis similar a la de Bienvenidos a los 40. Dos padres exhaustos por trabajos que tocaron ya su techo, y con hijos o bien afectados por la adolescencia o bien gritones y quilomberos. Producto de una estática misteriosa, todos los padres se vuelven una horda iracunda y asesina, y mientras en las noticias se preguntan por el origen misterioso del ataque y la rabia paterna. Y eso es solo el comenzo.

Mom & Dad vuelve a reunir a Bryan Taylor con Nicolas Cage después de la fallida secuela de Ghost Rider. Y en yunta recupera el tono maníaco de sus películas anteriores con Mark Neveldine, su compañero de andanzas. Estamos hablando de los responsables de las dos Crank, puntos altos en la filmografía de Jason Statham, y de Gamer, una película con Gerard Butler que también tenía espíritu trashero, pirotecnia visual y un intencional desdén por el buen gusto tanto formal como temático. Neveldine/Taylor son dos cineastas gonzo que hacen del exceso y las formas más bajas de la industria cultural su materia prima. En sus películas hay minas sacudiendo las tetas, cámaras sacudiéndose en espiral, montaje pasado de aderall, y una textura de reality show barato de MTV pero con una textura hiper glossy y saturada.

En Mom & Dad, Bryan Taylor (esta vez en solitario) aprovecha la figura de Nicolas Cage -ya alejada del mainstream y retorcida sobre sí misma en forma de una parodia autoconsciente- para contar un thriller de humor negro que parte de una premisa muy original y efectiva. Y aunque el resultado no es de lo mejor (el trash no tiene esos riesgos, acaso?) toca algunos puntos altos más que satisfactorios. Yo creo que el principal mérito de Mom & Dad son los padres en cuestión: Brent y Kendell Ryan. Dos padres americanos de clase media típicos (y típicamente exasperados) interpretados por Nicolas Cage y Selma Blair, más lunáticos que nunca. Nicolas Cage está desatadísimo, más de lo habitual, pero Selma Blair, una actriz extraordinariamente magnética, aparece aquí en una versión maquiavélica y malvada que no se queda atrás del scenery chewing de Cage. La propuesta, entonces, aparece planteada de forma efectiva y muy rápidamente antes de los créditos y explica todo lo mencionado en el primer párrafo. Luego de una secuencia de créditos retro y evocativa de los años ‘70, la película enseguida demuestra su pulso contemporáneo, con un montaje nervioso, con jump cuts que repiquetean al ritmo de música electrónica con aires de dubstep, con bajos profundos y sintetizadores chirriantes. Por eso el cine de Taylor no tolera las sutilezas: el terror de la sugerencia, la tensión, el fuera del campo (Kendall protagoniza la única escena verdaderamente ‘‘de terror’’, en el hospital, viendo como su hermana da a luz: cuando la transmisión suena por los parlantes y tv del hospital, la madre protagoniza la escena más intensa de la película, mientras que en otro pasillo del hospital, un grupo de padres mira amenazante a sus bebés) no tiene lugar en su cine, que adopta minuto a minuto una filosofía de ‘más es más’. Lo jugoso de M&D es el plato principal, que llega cuando Kendall y Brent, ya afectados por la misteriosa transmisión, llegan a su casa con la intención de masacrar a sus hijos. Lo de Taylor es el exceso grandguiñolesco y eso es lo que esperamos de su cine.

Si bien la película coquetea por momentos con lo terrible la premisa que pone en cuestión el sacrosanto amor de un padre o madre a un hijo (y que al revertir ese orden natural, sobreviene el horror), esa idea se abandona pronto, no se explora. Es posible que se debe a que mayormente estamos ante una película de un oscurísimo humor negro, en donde la corrección política se fue de vacaciones (como en las escenas que surgen cuando a su vez aparecen los abuelos, dispuestos a asesinar a los personajes de Nicolas Cage y Selma Blair). Hay tentativas de asesinato (y asesinatos) por todos los frentes, sin embargo, el mejor momento de la película es ese en el que Nic Cage asesina violentamente….¡a su mesa de pool!, mostrando que más que una película sobre la posibilidad horrorosa de querer matar a los hijos, Mom & Dad es, ante todo, una película sobre la crisis de mediana edad. Porque a ese momento de memorable ultraviolencia contra el mobiliario, le sigue una charla honesta sobre los fracasos y los deseos insatisfechos. Allí emerge la conclusión que tienen ambos padres finalmente, algo así como ‘los dos teníamos sueños, y fracasamos’. Extraño, si, pero no tanto, si ponemos atención a los detalles que juegan debajo de ese exceso planificado. Quizás sea el motivo por el cual ese momento  se revela como el único momento de genuina humanidad. Todo lo demás es exceso, violencia, planes psicopáticos de muerte, trampas de dibujito animado convertidas en sangrienta realidad.

Recuerdo una anécdota que me contó mi madre una vez, en la que una maestra le advertía sobre cómo iba a querer matarme alguna vez, cuando llegara la rebeldía de la adolescencia, los olores y el mal humor. ‘Ja, bueno, figurativamente, imagino’, respondió mi madre. ‘No, literalmente. Lo vas a querer matar’.M&D es la comedia de terror que encarna ese deseo morboso que tal vez muchos padres ocultan como un tabú. Y lo convierte en carne y pulp cinematográfico. Si Paul Rudd y Leslie Mann supieron encarnar la crisis de los 40 desde el lado de la comedia americana, Nicolas Cage y Selma Blair son el reverso de esa moneda, dos padres sobrepasados que deciden romper todo y empezar de nuevo. M&D probablemente no sea para todos, pero aquellos que puedan disfrutar de una película de género sin otra ambición que mostrar a Nic Cage rompiendo una mesa de pool mientras canta una canción infantil, seguramente encontrarán mucho placer en esta película que logra darle media vuelta de tuerca a la crisis de la mediana edad para llegar a las mismas conclusiones pero por distinta vía. Es cierto, el final puede parecer abrupto, pero siempre es mejor quedarse con ganas de más que sentir que la película agotó sus cartuchos. El trash también tiene esas cosas: a veces hay que guardarse un poco para que el exceso se complete en la cabeza.

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