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Tiempo de lectura: 5 minutos5 sangres

Por Sergio Monsalve

5 sangres (Da 5 Bloods) 
EE.UU., 2020, 154′
Dirigida por Spike Lee
Con Delroy Lindo,  Clarke Peters,  Norm Lewis,  Isiah Whitlock Jr.,  Chadwick Boseman, Jonathan Majors,  Jean Reno,  Paul Walter Hauser,  Veronica Ngo,  Mélanie Thierry, Jasper Pääkkönen,  Rick Shuster,  Mav Kang,  Alexander Winters,  Devin Rumer, Casey Clark,  Andrey Kasushkin

Subiendo al pedestal

Por Sergio Monsalve

Spike Lee vive un segundo aire. Uno que lo conecta con su etapa de los ochenta y noventa, cuando irrumpió con fuerza en Cannes, siendo Haz lo correcto su obra maestra insuperable, solo alcanzada por la vibrante revisión de una película como El infiltrado del KKKlan y ciertos destellos de genialidad que consiguieron sus imperfectas Malcom X, Jungle Fever y 25 Horas. En el medio, el director supo mantenerse activo con una racha de irregulares propuestas que pudieron tocar fondo en el período que va de la despersonalización genérica de El plan perfecto a la réplica intrascendente de Oldboy

Aquellos fueron, de paso, los tiempos en que el realizador visitó a Venezuela en calidad de “ciudadano ilustre”, recibiendo las llaves de Caracas entre una serie de actos populistas y propagandísticos montados por el régimen bolivariano (duramente sancionado por la comunidad internacional al día de hoy). Recuerdo bien que lo trajo Jorge Rodríguez que es, para quien no vive en el país, el principal operador mediático de la campaña permanente de intoxicación de la dictadura. Es el actual Ministro de comunicaciones del repudiado Nicolás Maduro, solicitado por la justicia extranjera. 

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Recuerdo una conferencia perezosa de Lee, en la Cinemateca Nacional, donde habló de su amistad con el condenado Michael Jackson y de su trabajo como videasta, una faceta de su carrera no del todo bien estudiada. Por tanto, como imaginarán, la imagen política de Spike Lee me despierta enormes sospechas y sentimientos encontrados. Lo comento sin censura, aprovechando la plataforma de la red, para responderle a la tribuna miope de celebradores y aplaudidores de cualquier salida de su ídolo de la izquierda caviar. Obvio que existe una diferencia entre la vida del artista y su producción estética. 

Así y todo, la trayectoria errática de Spike Lee debe ponerse en un contexto, que definitivamente permea y tiñe el color progre de sus cintas de agitación black power.

En efecto, 5 sangres nos ubica en una situación incómoda a los que no pensamos como el militante afroamericano. Por cierto, salvando las distancias, el mismo incordio le genera a John Ridley, guionista de la infumable 12 años de esclavitud, la evocación del clásico Lo que el viento se llevó. No obstante, jamás pediré como él que un contenido de una ideología adversa o distinta se retire de una parrilla de streaming. Mas si es en aras de conservar los códigos paternalistas de la última censura progre. 

Tampoco considero oportuno la inclusión de carteles explicativos y disclaimers antes de nada, porque en Venezuela usaron el recurso a modo de intromisión orwelliana a través de placas, llenas de un texto burocrático manipulador,  que orientaban demagógicamente las transmisiones. 

Voy más lejos. 

Los textos añadidos afirman una preocupante cultura de la cancelación y del emborronado de la memoria divergente, que termina por eclipsar y condicionar la libertad de expresión. Personalmente confío más en los criterios de autoregulación de las sociedades -con sus discusiones abiertas en foros públicos- antes que en las pretensiones distópicas de bajar línea que emplean cadenas de televisión, amparadas en la supuesta protección del bien común. 

Prefiero que circule sola Lo que el Viento se llevó, para que usted decida si es tan racista como cree John Ridley, o por el contrario, considerar (como yo) que es un filme complejo que matiza el tema y hasta lo trastoca, adelantándose a su época, como una bisagra del clasicismo a la modernidad.   

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Pero volvamos a Lee y a 5 sangres. Encuentro aquí a un Spike Lee vital y a la vez, crepuscular. Un director que desea contar la guerra de Vietnam, a su manera revisionista y crítica. Si me preguntan, nada diferente a los procedimientos que asumieron sus colegas como Clint Eastwood, Stanley Kubrick, Brian De Palma, Oliver Stone y Francis Coppola al momento de reconstruir el infierno bélico. 

En esta caso el cineasta aporta su lectura racial del síndrome de Vietnam y del cine del rearme moral, tras la derrota en suelo asiático, replanteando esquemas y fórmulas, desde el lugar expositivo de los veteranos negros. Un punto de partida interesante en la evolución de la tendencia audiovisual. El planteo es válido, legítimo y coherente con la óptica del autor. 

5 sangres tiene una introducción vigorosa, con cuatro personajes que retornan a Saigon, en una suerte de misión de rescate de un botín dorado, evocando su pasado culposo y reconociendo su anacronismo ante el testimonio de la victoria capitalista sobre el sistema comunista que combatieron. 

El largometraje adopta dos influencias godardianas evidentes. Por un lado la de La Chinoise, por otro la del documental colectivo Lejos de Vietnam, fundamentalmente al intercalar el relato con viñetas pop, material de archivo y secuencias recreadas en el campo, con los actores viejos interpretando su rol de jóvenes en la línea de fuego. La decisión de no alterar los rostros de los protagonistas, como en El Irlandés, expresa el sentido artesanal, minimalista y nostálgico que anima a la empresa independiente del creador. 

Pero la principal falla del filme radica en su doble complacencia, primero con el canon de alargar la narrativa innecesariamente para cumplir con la cuota de enganche de Netflix, y segundo con el inevitable maniqueísmo del director, al conformarse con entonar un réquiem marxista por las banderas de sus padres de la revolución de los derechos civiles, de cara a los fantasmas de la era Trump. 

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En tal sentido, la caracterización grotesca de Delroy Lindo le allana el camino al Oscar de la corrección política, a expensas de una credibilidad diluida en la selva de los gritos y los textos declamados del peor cine proselitista.  

Spike Lee ha sido oportuno y pragmático a la hora de gestar un espectáculo que le proporcionará réditos en el futuro panfletario de la temporada de premios. La academia busca ansiosamente un victoria afroamericana que limpie y expurgue la mala conciencia por el caso de George Floyd. El momento parece adecuado para elevar el pedestal de Spike Lee en la tradicional ceremonia del teatro Kodak de los Ángeles. De ser un triunfo cantado, el rating seguirá descendiendo, irónicamente. 

Los críticos esperamos que el cine prevalezca por encima de las modas y las agendas del milenio. 

5 sangres es una película menor, como Chiraq, que prioriza el descontento pro Obama antineoliberal, a riesgo de descuidar su guion y dirección. Es, en definitiva, una simplificación que resume el racismo invertido de Spike Lee, al extremo d lo que hicieron de Watchmen al resignificarlo por HBO. 

Con todo, el desenlace justifica el visionado por la emoción que imprime la edición del rodaje con las tomas del movimiento Black Lives Matter. 

Lo demás sí causa el bostezo de las urgencias poéticas y realistas que se dispersan por las ramas de unos personajes estereotipados(no importa su etnia, edad o sexo).      

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