A Land Imagined 
Singapur, 2018, 95′
Dirigida por Yeo Siew Hua
Con Peter Yu,  Luna Kwok,  Xiaoyi Liu,  Jack Tan,  Ishtiaque Zico

Oscilaciones

Por Amilcar Boetto

Singapur es un país que ha vivido en paralelo dos fenómenos desde su independencia (allá por la década del 60) hasta la actualidad: crecimiento económico (estamos hablando de uno de los 40 PBI más altos del mundo) y restricciones en las libertades personales (estamos hablando de uno de los 40 más bajos en el índice global de libertad de expresión). Singapur posee un primer ministro que ejerce desde el 2004 y que a su vez es hijo del primer ministro de 1959 a 1990, siendo así una dinastía solamente interrumpida durante catorce años por otro primer ministro nombrado por el padre del actual. Pero, al mismo tiempo, Singapur es considerada una de las ciudades más ricas y modernas del mundo, siendo además una de las más caras para vivir.

Está contradicción entre la prosperidad económica de la mayor parte de los habitantes y la falta de libertad personal y política es un tema ya abordado en el cine. En Chile, durante la dictadura de Pinochet se dió este fenómeno (llamado “el milagro de Chile”). No, la película de Pablo Larraín, toca tangencialmente este tema: René es un empleado de una publicista que encabeza el armado publicitario de la campaña del plebiscito del no, es decir, la modernización económica de Chile también permitió la democracia. De hecho dió lugar a gente que buscaba nuevas formas democráticas (como René, que justamente trabaja en una agencia publicitaria, emergente de esta modernización) dejando atrás las ideas ya bastante desgastadas y viejas de los revolucionarios del MRI. No encontraba a estas políticas de Pinochet como una búsqueda populista del presidente, que se le terminó volviendo en contra (ahí está esa relación entre René y Lucho, donde la juventud creativa de René se le vino en contra al empresario funcional al estado).

A land imagined también encuentra una forma de hablar de esta contradicción. Pero sin hablar directamente del momento político-económico, sino esquivándolo, resguardándose en el género (por supuesto: Una Tierra Imaginada sucede en el contexto actual, no en una dictadura terminada hace treinta años como No). Una Tierra Imaginada es una película sobre el encierro, sobre la imposibilidad de hacer cosas, sobre (en definitiva) el aburrimiento que las prohibiciones condicionan en la vida diaria. “¿Qué se puede hacer, salvo ver películas?” diría La Máquina de Hacer Pájaros. También, y finalmente, Una Tierra Imaginada es sobre el exilio, el escape de esta situación (en una encuesta realizada hace relativamente poco tiempo, un 56% de la población de Singapur declaró que abandonaría el país si tuviera la posibilidad).

Pero, a diferencia del film de Larraín, A land imagined no encuentra en la modernización del estado una posibilidad para las nuevas democracias, sino que justamente la modernización se siente como una arritmia de la sensación opresiva que se palpita en los personajes. Las luces de neón son un emergente de la frialdad pura, y el personaje principal casi se ahoga en una playa, viendo a los rascacielos en profundidad de campo, inmutados, como si fueran más un testigo mudo ante la decadencia que una solución a los problemas socio-políticos del país. Un obrero maltratado que no entiende como todo lo que le rodea no le corresponde. Por eso, insólita e indirectamente, la película tiene mas de Aki Kaürismaki que de Pablo Larraín, tiene más de ese hombre pasado atrapado en un mundo moderno que no le da respuesta antes que la de un hombre frente a un proceso de cambio inminente.

Sin embargo, A land imagined, es también un film que gira en torno a la paranoia como principal obsesión. Así como lo era en Últimos Días de la Víctima para la dictadura militar argentina: un clima general de desconfianza y de desvanecimiento del crimen (entre tanto crimen, los asesinatos se desvanecen). En la película de Yeo Siew Hua, la paranoia viene asociada al insomnio, y por lo tanto a la apertura hacia un territorio onírico. Debido a que si en la película de Aristarain dudábamos del crimen porque la inexistencia de la institución justicia permitía que todo se pierda en una neblina turbia, en la flamante ganadora del festival de Locarno, dudamos del crimen porque dudamos de la salud mental del protagonista, porque no duerme, porque insulta a desconocidos usuarios de un cyber, porque dice que sucedió un crimen que nadie ve (podemos asumir que, como en Mulholland Drive, estamos ante la sensación de un crimen, pero no podemos afirmar que haya sucedido, en efecto).

Aquí es, donde veo el punto más flojo de la película, donde se introduce el espíritu de Only God Forgives (Nicholas Winding Refn, 2013) y su esterilidad vacua a la hora de construir el mundo visual (en particular el lumínico) y narrativo (en especial haciendo de los componentes oníricos una suma de lugares comunes alegóricos). Winding Refn es, en definitiva, un mono vestido de seda. Y eso le sucede a Yeo Siew Hua. Sin ir más lejos: el momento en donde el policía va a entrevistar al supuesto asesinado está completamente de más y evidencia todo lo que la película parecía encargada de tapar, de esquivar. Pareciera como si en ese momento el neón de Singapur se convirtiera en esa vacuidad repleta de clichés con la que Refn había filmado su película del 2013. Pero también se aproxima mucho a los peores momentos de Muere, Monstruo, Muere Rojo (película que termino defendiendo más por sus momentos realistas que por sus elecciones oníricas) en donde racionalizar el sueño no hace más que arruinarlo.

En definitiva, A land imagined termina remediando las cosas con un plano bellísimo de lo que pensamos que es el protagonista de espaldas, exiliado, lejos del Singapur moderno pero opresivo, en una fiesta, aparentemente disfrutando de una nueva forma de vivir, en un lugar sin molestias ni condicionamientos. En sintonía con un cine contemporáneo tan físico y material como mental y cognitivo (ahí está Burning, de Lee Chang Dong también dando vueltas por Netflix y con la que tiene más de un punto de contacto; pero también se me ocurre Under the silver lake, otro exponente de un cine contemporáneo físico y mental, abierto y cerrado sobre si a la vez), la película oscila entre mundos. En todo caso, como siempre, el problema es la manera.

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