Alles ist gut 
Alemania, 2018, 93′
Dirigida por Eva Trobisch
Con Aenne Schwarz,  Andreas Döhler,  Hans Löw,  Tilo Nest,  Lisa Hagmeister, Lina Wendel,  Annika Blendl,  Doris Buchrucker,  Dagny Dewath,  Franziska Rieck, Falk Rockstroh,  Alexander Tschernek,  Christian Heiner Wolf

De eso no se habla

Por Carla Leonardi

Asimetrías. El comienzo nos presenta a Janne (Aenne Schwarz) en su proyecto de mudanza con su pareja Piet (Andreas Döhler) a una vieja casa que están refaccionando en la zona agreste de la Baja Bavaria. Janne viene de un fracaso económico con un pequeño emprendimiento editorial. Hallándose en su ciudad natal a propósito de concurrir a una reunión de ex-compañeros de clase, Janne se encuentra con Robert (Tilo Nest), un hombre en su cincuenta y tantos, a quién solía cuidarle los hijos en su juventud. Robert es jefe en una editorial importante y le ofrece trabajo como suplente de su editora principal, quien se encuentra con licencia debido a complicaciones en su embarazo. Janne decide considerar la propuesta, lo cual trae la primera diferencia con Piet, enfrascado e ilusionado con el proyecto de convivencia en Bavaria. Sobre la base de asimetrías de poder y postergaciones de una voz y un proyecto personal se asientan los primeros minutos.

Ser víctima (y parecerlo). En la fiesta, Janne bebe, baila y se encuentra con Martin (Hans Löw), el hermano de Sissi, una mujer de su misma edad que es la pareja de actual de Robert. Cuando regresan medio borrachos y caminando por la solitaria y oscura callejuela ciertos signos anuncian la fatalidad. Martin le dice: ‘Esto es el infierno, no hay salida’ y se les cruza un gato negro. Efectivamente, Janne invita a Martin a pasar la noche en su casa. Ella es clara en que él dormirá en el sofá, pero él insistirá en tener sexo, al comienzo con sutiles insinuaciones y luego siendo más directo, a pesar de las negativas reiteradas de ella. Un forcejeo, la dejará golpeada con un mueble y ahí él aprovecha su mayor vulnerabilidad para violarla. La diferencia de fuerza es evidente como para poder zafarse. Cuando Janne le dice que no, él no puede tolerar la desilusión y la toma por la fuerza. Pero volvamos atrás. Janne en su estilo de vestir es bastante sencilla y despojada de accesorios que llamen la atención. Un detalle interesante es dotarla, para la secuencia de la fiesta, de un vestido de color rojo, simbolizando sutilmente la idea común y culpabilizante de que la seducción, la provocación (como si en efecto fueran la misma idea), pudo haber venido de ella, a la vez que evoca una connotación naturalizada por la psicología del color en la cultura occidental: pasión a la vez que violencia. En esa imposible escucha del trauma y en la vergüenza de la víctima se centra esta película.

Naturalización. Este carácter traumático del acontecimiento es lo que determina que muchas veces no se pueda hablar de él en el momento -y más aún si no hay un red socio-familiar libre de prejuicios y dispuesta a alojar el testimonio de la víctimas, como es el caso de Janne-. De hecho a Janne la vemos sin amistades y con una madre y un novio poco disponibles a escuchar planteos o situaciones que no estén en relación con su sintonía. Janne entonces trata de arreglárselas sola e intenta dar al acontecimiento un carácter de no ocurrido. A la mañana siguiente, actua con total normalidad y apunta a retomar la continuidad de su vida, sin dramatizar el suceso. De ahí que en reiteradas oportunidades e incluso cuando, al tomar el puesto en la editorial de Robert, tenga que cruzarse con Martin, sostenga como una especie de muletilla o mantra que ‘Está todo bien’, al cual hace referencia el título de la película y del que también da cuenta la remera de Piet con emoticon alegre y las letras OK. 

Culpa y responsabilidad. Luego del incidente, al aceptar Janne el puesto en la editorial, se cruzará en varias oportunidades con Martin. Escabulléndose de los compañeros, Martin busca hablar con Janne de lo que sucedió aquella noche. Él sabe que obró mal y movido por la culpa intenta complacer y silenciar a Janne, ofreciéndose a brindarle lo que ella necesite. Pero lo cierto es que, por más que intente una reparación, el daño psíquico ya está hecho y no tiene vuelta atrás. Por otra parte, es claro que Janne no sólo presenta dificultades subjetivas para hablar de lo que le sucedió, sino que tampoco encuentra un terreno fértil en el tejido social para desplegarlo y ser contenida y acompañada en el proceso de elaboración necesario para poder realizar una denuncia pública. El acto de denunciar una violación no es fácil para una mujer en un contexto en el cual todavía imperan prejuicios que la culpabilizan. Lo cierto es que invitar a un hombre a la casa, no es sinónimo de querer acostarse con él. Aunque se pretenda jugar a una fantasía de seducción, aunque se apunte a hacer desear y a gozar del deseo.

Silencio. Por supuesto, enterrar el acontecimiento traumático no es para Janne un hecho que no suponga consecuencias, como lo anticipa el gato de la pareja de Robert, que aparece muerto la mañana siguiente al hecho. Un control ginecológico develará que se encuentra embarazada, por lo cual toma la decisión de abortar. El protocolo de que la mujer que decide abortar, tenga que concurrir a la clínica con un acompañante, desencadena que su pareja tome conocimiento de la situación. La posición de Piet es por demás egoísta: pide a Janne respuestas rápidas de porqué se encuentra en la clínica y ante su silencio, se toma la situación de manera personal, se ofusca y sólo atina a abandonarla en vez de acompañarla y darle espacio y tiempo para que pueda hablar. Por eso son precisos los planos cerrados sobre Janne: no sólo apuntan a dar cuenta de sus emociones a la largo de su derrotero (que van desde la ligereza e impasibilidad del comienzo hasta la furia, la angustia y el extravío del final), sino que también dan cuenta de su encierro en el mutismo. Que el trauma no pueda ser elaborado a través de la palabra y del acto de denuncia, produce efectos ioatrogénicos porque desde el infierno, retorna con mayor virulencia bajo la forma de la violencia contra si mismo. De ahí que el problema del tiempo y la elaboración silenciosa sea un segundo acto de violencia. Frente al problema del cómo, cuándo y dónde denunciar, Alles ist Gut, da cuenta de una posible respuesta: la opera prima de Trobisch permite tomar conciencia de la importancia de contar con espacios de contención y de trabajo psíquico donde el trauma pueda ser tramitado y trascender hacia un acto de palabra, que a los efectos concretos es un acto más conectado con la vida que con la muerte y la destrucción, un salto más allá de esa parálisis activada por ese agente secreto de la impunidad, el silencio.

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