Better Watch Out
Australia, 2016, 89′
Dirigida por Chris Peckover
Con Olivia DeJonge, Levi Miller, Ed Oxenbould., Virginia Madsen, Patrick Warburton, Ed Oxenbould, Dacre Montgomery, Aleks Mikic, Tara Jade Borg

Licuado

Por Martín Stefanelli

Cada vez se hace más evidente lo difícil que es entregar una película de género que no sea igual a otra película de género que ya hayamos visto. Por eso, en modo pop, se recurrió durante un tiempo a una mezcladora, una multiprocesadora. como quien dice. Al mezclar gustos, estilos y materiales se tapó o no dejó que sea tan fácil de reconocer la falta de originalidad. Y quizás esa estrategia funcionó durante un tiempo. Pero cuando eso no alcanzó hubo que ir más allá combinando dos o tres subgéneros para tomar al espectador desprevenido y sorprenderlo con varios giros de guión que irían modificando las reglas, las constantes de uno u otro género (o subgénero) durante la película. Better watch out es un producto del estilo pero también de una época hija de esta clase de angustias creativas. Es, antes que nada, una comedia negra que sucede durante una navidad para marcar la historia con la estética cándida y piadosa propia de la fecha, que empieza como un home-invasion a la Funny Games de Michael Haneke y que da un vuelco a la media hora para seguir adelante con la versión sádica de Mi pobre angelito. Pero hay más

Toda comedia negra que se precie de tal, tiene que, además de tratar con humor temas nada graciosos (o al menos no a primera vista) como la muerte, hacer correr por el fondo una crítica social (porque es inherente a ese estilo: reirse con mordacidad de hechos reconocibles que puedan interpelarnos). Better watch out sigue esas reglas y lo intenta. Aunque la crítica no sea demasiado original, su director se encarga de remarcar desde el principio que sus personajes pertenecen a determinado grupo social y que apunta contra cierto estilo de vida. Apenas terminan los maravillosos créditos iniciales que con su tipografía y su villancico (que citan a Black Christmas, película de Bob Clark de 1974) nos introducen en un cuento de navidad y acompañamos a la niñera Ashley (Olivia DeJonge) en su camino hacia la casa de los Lerner en un típico suburbio americano de clase media acomodada. Casas enormes, arbolitos, lucecitas, unos niños haciendo angelitos y otros armando un muñeco con la nieve. Todo parece empapado de la paz y la alegría de la fecha, pero de repente un niño destruye la cabeza del muñeco de nieve con un bate de béisbol y se mata de risa o Ashley frena de golpe porque se le cruza un gato y los vecinos le clavan una mirada nada amistosa. En el cine de terror, a lo que es demasiado tierno e inofensivo en su exterior generalmente lo subyacen fuerzas oscuras. Es uno de los elementos que el género ha sabido potenciar a lo largo de sus historia. Y con esa expectativa entramos a esta película, que como bien podemos ver, nos indica que forma parte de una tradición por un lado pero aparentemente también quiere diferenciarse de ella.

La familia Lerner se muestra tierna e inofensiva cuando recibe a Ashley, quien debe cuidar a Luke (Levi Miller), el hijo de la pareja, porque el Sr. y la Sra. Lerner tienen una fiesta. Luke y su amigo Garrett (Ed Oxenbould) son dos preadolescentes en busca de primeras experiencias. Garrett está interesado en aprovechar la noche para fumarse unos porros que le dio su hermano y Luke prefiere dedicarse a seducir a la niñera 5 años mayor proponiendole ver juntos una película de terror y abriendo una botella de champaña. Pero eso es solo una parte del plan de conquista.

Como todo en Better watch out, al principio se deja expuesto hacia el espectador nada más que el lado inofensivo (con un tono autoconciente siempre al borde de lo satírico, como si se nos hiciera cómplices de nuestro conocimiento de las constantes de un género como el terror) de las cosas, lado que posteriormente revela el costado de pertenencia a un género que demanda una actitud ofensiva. El resultado es que a toda acción (contención) le suponga una reacción (explosión), salpicando con sangre la pantalla, como buen exponente de un género demasiado consciente de sus limitaciones y de las expectativas de sus espectadores. Eso sucede tanto con los personajes como con los subgéneros o la películas precursoras que va rememorando a su paso. Cuando apenas asoma algo de esas amistades entre casi adolescentes tan pegadas al cine de los 80’s que hacen pensar en Gremlins (Joe Dante, 1985) o Los Goonies (Richard Donner, 1985) la película hace un giro repentino y se convierte sin avisar en Viernes 13 (Sean S. Cunningham, 1980) o mejor aún, en Scream (Wes Craven, 1996). La película apuesta todas las fichas a esos golpes de efecto y deja librado al gusto de cada espectador el veredicto sobre cuántos de esos vuelcos imprevistos, asaltos por sopresa y quiebres de reglas establecidas son justos y cuántos con triquiñuelas inaceptables.

Los primeros minutos de la película funcionan así: primero muestran el lado amable. Luego de que la niñera Ashley recibe las instrucciones de la Sra. Lerner en cuanto a los cuidados especiales que hay que tener con su niño, Luke y Ashley quedan solos y Ashley parece tener el control por primera vez desde el comienzo de la película. Ya no tiene a su madre o a sus exnovios intimidándola por teléfono, a la Sra. Lerner dándole indicaciones o al Sr. Lerner echandole miradas un tanto lascivas. Y cuando el trabajo de esa noche no parece ser más que lidiar con el coqueteo de Luke alguien empieza a jugarles un juego macabro y el nuevo trabajo de Ashley se convierte en uno inesperado: defender la casa de unos intrusos. A partir ahí la película se dedica a fabricar momentos de suspenso liberando la tensión cada tanto con algún que otro chiste hasta que se revelan las identidades de invasores. De ahí en más, sin juego de gato y ratón mediado por incógnitas cambia radicalmente la forma narrativa que venía desarrollando, se abandona el suspenso y la película se dedica a la mostar la violencia más sádica el resto del metraje, enmarcado otro volantazo, acaso el más violento.

No por nada cuando Better Watch Out se presentó en los festivales antes de su estreno lo hizo con el nombre de Safe Neighborhood. Era otro comentario irónico de la película para abonar su tesis sobre esos espléndidos suburbios americanos donde la violencia exterior no amenaza un hogar sino el mal se que se va engendrando dentro, detrás de las fachadas, (siempre según su tesis) producto de un desamor o de algún mommy-daddy issues. La película se sirve bien de la candidez estética que le provee el habitat de sus personajes, que funciona, al igual que las paredes de las casas, como otra fachada de algo más siniestro. Y logra producir una comedia negra que por momentos funciona como tal, con la incomodidad necesaria y que en otros momentos provoca desconcierto. Pero acaso la única gran novedad que trae consigo (luego de haber jugado a meter cosas y elementos en una liciuadora de géneros y tonos) es haber hecho de Mi pobre angelito y El angel malvado una sola película.

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