Dirty John, The Dirty Truth 
EE.UU., 2019, 88′
Dirigida por Sara Mast
Con  Jordan Block,  Keri Bunkers,  Johnson Cooley,  Paige McGarvin

Lobo con piel de cordero

Por Carla Leonardi

El documental. La filmación casera de la escena del crimen y los paramédicos llevándose a alguien en una camilla, mientras se sobreimprime el llamado a Emergencias solicitando una ambulancia porque alguien fue apuñalado y hay sangre, es el comienzo del documental Dirty John: la sucia realidad, basado en el podcast del escritor del Los Angeles Times Christopher Goffard y bien distinto de la serie de ficción que se lanzó casi en paralelo vía Netflix. 

La película retorna a una idea clave, que es la de los agresores del tipo “lobo con piel de cordero”. Para trabajar sobre esa figura el film va desglosando, en linealidad cronológica, mediante entrevistas con la última victima y sus dos hijas, la trágica relación que mantuvo Debra Newell con John Meehan, el depredador en cuestión. En paralelo va intercalando a través del montaje la cronología de su oscuro pasado aportando información sobre la infancia de este último, con fotos de distintas épocas, carátulas de distintos expedientes policiales, recreaciones de ficción, entrevistas a ex-novias, a su ex-esposa, al mencionado periodista del Times, a investigadores de policía y una especialista en comportamiento criminal.

El caso. En el año 2014 Debra Newell era una decoradora de interiores exitosa, que estaba soltera  y venía de una decepción amorosa previa, algo que la tornaba en una mujer vulnerable. A su vez tenía dos hijas adultas de su anterior matrimonio, Jacqueline y Terra. En 2014 Debra conoce a John Meehan en una página de citas online y queda maravillada. “Él era todo lo que siempre había buscado en un hombre”.John Meehan, en su perfil, se ve genuino para ella: hombre de 50 años, anestesiólogo, comprometido con sus hijos y con la religión. Además es un hombre físicamente atractivo y producido. Durante los primeros meses de la relación, John se muestra cariñoso, escucha, cuida al otro y es atento a sus necesidades. Un perfecto ideal. Previsiblemente, a los 2 meses de conocerse, John ya estaba viviendo en la casa de Debra, y aunque que no le presenta ni le habla nunca de su familia, alegando que todos habían muerto. De a poco John aísla a Debra de sus hijas y todo avanza muy rápido, incluso casándose de manera express en Las Vegas. El poder de persuación de John era tal que, cuando ella indagaba en algún aspecto que no encajaba, él siempre tenía una respuesta consistente para darle que la dejaba tranquila o torcía hábilmente las cosas con sus argumentos de manera que la desubicada por preguntar, por “meterse” en la intimidad de él pasaba a ser ella. 

El aspecto en el cual coinciden el testimonio de todas las mujeres entrevistadas que establecieron una relación con John (Angela Constant, su novia de juventud; Tonia Bales, su primera esposa y madre de sus dos hijos, Meg Maggart, Marileide Andersen, incluida Debra), es que el hombre siempre se presentaba como un exitoso en su profesión (anestesista, atractivo, educado y encantador en su atención e interés para con ellas), pero centralmente que lo conocieron en un momento de vulnerabilidad en sus vidas y que nunca mostró ningún indicio de agresividad para con ellas, ya sea en su manera de hablar como en sus conductas, logrando así envolverlas y enamorarlas, haciéndolas caer en la red de su juego. 

John, al final de cuentas, tomaba de ellas lo que le interesaba (manutención para estudiar enfermería, contactos en hospitales y dinero para costear su adicción y su estilo de vida) y luego las abandonaba o las decepciona con alguna actitud desagradable. Es ahí cuando, al tomar contacto con la familia o con alguna mujer de su pasado, las mujeres descubren su lado oscuro de fraudes, robo, venta y adicción a drogas opiáceas (droga que obtenía en los hospitales), estafa y acoso (por las cuales tenía varias denuncias y órdenes de restricción). Naturalmente esto contrastaba enormemente con la imagen ideal que tenían de él. Al conocer la contracara es cuando lo denuncian, y es allí cuando John comienza a acosarlas y amenazarlas de muerte como modo de recuperar el control y dominio que ha perdido sobre ellas. Debra Newell, fue la única mujer que aún conociendo su lado oscuro, estuvo dispuesta a darle una segunda oportunidad, lo cual da cuenta del fino trabajo de manipulación realizado para que ella le tenga lástima ante sus lágrimas de cocodrilo pidiendo perdón. Su modus operandi de seducción, estafa y acoso, se fue perfeccionando con cada víctima y fue increscendo a medida que estuviera en peligro de perder su matricula como enfermero anestesiólogo y/o se fuera agudizando su adicción.  

Una lectura del caso. El material que nos proporciona el documental, permite leer algunas cuestiones sobre la posición de John Meehan, que pueden resultar esclarecedoras para pensar ciertos casos de violencia de género. Los datos provistos acerca de su infancia refieren que adquirió de su padre una idea no muy alejada de los principios mafiosos: “si alguien te traiciona, tenés que atacarlo el doble”. Durante su adolescencia, sus padres se separan y John, culpa de la separación y de la disolución de la familia a su madre. El modelo del padre como cabeza de familia, que transmite una virilidad machista, asociada al uso de la fuerza, al control y al dominio de los demás, especialmente de las mujeres, son para muchos hombres (y en particular este) fuente de angustia en tanto alteridad. El machismo no acepta la alterada ni el límite, sino que, por el contrario, desarrolla un goce frente al no. En particular el “no” de una mujer. De esa forma las mujeres se vuelven objetos degradados a los que hay que transgredir. El último límite a quebrar, naturalmente, es el de la ley, también violado. 

Por otro lado, quizás de manera algo elemental pero no por eso menos factible, que haya culpado a su madre por la separación de los padres da cuenta de la raíz de la misoginia de John hacia las mujeres. Así como la madre fue culpable por separarse, igualmente lo serán cada una de las mujeres que pretendan lo mismo a lo largo de su historia cuando descubran el reverso de su fachada maravillosa. De ahí que el hombre elegía a sus presas según un patrón determinado: mujeres de buena posición económica pero ingenuas y/o emocionalmente vulnerables -que pudieran necesitarlo, ante todo- y con una idea idealizada y hasta infantil del amor, por lo cual lograba que se prendaran de él. Que no se exprese mancha ni agresividad alguna en sus formas y en sus conductas, da cuenta de una personalidad de tipo disociada, donde el puro amor será proporcional al puro odio que sentirá por ellas, cuando se resquebraje su hechizo y planteen dejarlo. El horror a lo femenino como a la alteridad radical al mismo tiempo que la escasez de recursos simbólicos para abordar y sostener a una relación con una mujer es lo que determina, previsiblemente, la lógica de macho dominante que la película muestra de modo patente y lineal. 

Presente. En el caso del asesino serial Ted Bundy – de innumerables vinculaciones con éste, por similar carisma, encanto e inteligencia del protagonista a la hora de seducir mujeres- estábamos en los años 70, donde la falta de sistematización en materia de criminología y de tecnología le permitió a Bundy realizar sus cuantiosos y horrendos crímenes pasando de estado en estado con facilidad, algo que le permitió evadir la ley durante muchos años. El arco temporal de los ataques del John, en cambio, va desde mediados de los años 80, hasta el 2015, moviéndose también en diferentes estados. Pero aquí y hoy ya contamos con tecnología y casuística respecto de criminales seriales de tipo psicopático y no obstante, resulta significativa que ninguna instancia de la ley pueda operar eficazmente en casos como éste introduciendo un límite. En muchos casos, incluso, habiendo denuncias por estafa y acoso comprobadas, el sujeto en cuestión continua en libertad porque no ha agredido físicamente a ninguna mujer (y no suelen escucharlas atentamente cuando denuncian). Asimismo, habiendo algún episodio de violencia de género, a veces los acusados permanecen en prisión por poco tiempo, bajo artilugios legales de buena conducta que pueden seguir fácilmente dados sus buenos modales y sus intenciones de reparación o recuperación que lo muestran como un varón modelo, ejemplo de corrección y de aprendizaje. Ante esta inoperancia de la ley, privándolos de la libertad a perpetuidad efectiva, en el caso de estos sujetos que reniegan de la ley misma, cruzando siempre el límite, pasándose de la raya del “no”, no hay denuncia policial, botón antipánico o perimetral que funcionen, quedando generalmente la víctima frente a frente con su agresor en la vía publica en una encerrona fatal. Este estado de desprotección es entonces un doble problema: el estado no protege a las víctimas pero tampoco contiene a los victimarios. En ese momento reaparece al peor límite posible, que es el de la violencia en defensa propia (siempre que la victima logre defenderse a tiempo), como respuesta a la violencia sistemática pero también a la ausencia de acción de políticas de estado.

La respuesta que brinda lateralmente Dirty John no se queda sólo en la fascinación paralizante con el victimario, sino que también apunta a la víctima, ya que permite inferir que quizás la mujer pueda dejar posicionarse en inferioridad o minusvalía y tolerar un amor menos infantil, que acepte las diferencias, el malentendido y los conflictos como ineludibles en todo lazo amoroso. Esa idea acaso pueda servir para no involucrarse tan rápidamente y salir a tiempo. Esto en ningún momento convierte a la víctima en culpable de los hechos, pero si permite entrever acaso un matiz más adulto frente a la facilidad del señalamiento y la indignación social (que no suele reparar en matices y si en culpabilidades en vez de estamentos de responsabilidad).

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