Dolemite Is My Name 
EE.UU., 2019, 118′
Dirigida por Craig Brewer
Con Eddie Murphy,  London Worthy,  Wesley Snipes,  Craig Robinson,  Mike Epps, Tituss Burgess,  Da’Vine Joy Randolph,  Ivo Nandi,  Keegan-Michael Key,  Chris Rock, Kodi Smit-McPhee,  Chelsea Gilson,  Tommie Earl Jenkins,  Snoop Dogg,  T.I., Jamaal Lewis,  Luenell,  Li Eubanks,  Fatimah Hassan,  Aaron Craven,  Toni Duclottni, Phil Abrams,  Gerald Downey,  Paige Annette,  Denise Milfort,  Jernard Burks, Mark Krenik,  Baker Chase,  Knajula Edwards,  Garland Whitt,  Bubba Ganter, Cheryl Francis Harrington.

Una pequeña victoria en la oscuridad

Por Sergio Monsalve

Eddy Murphy ha encontrado un alter ego con el que puede aspirar al reconocimiento de la academia y la crítica, que siempre le fue tan esquivo, sin necesidad de traicionar su idea de “macho humor”, de “King of comedy” del black power.  En Perro Blanco hemos marcado una línea de disenso frente al oportunismo de adaptar el marco profundo del progresismo de Hollywood sobre el tema racial en películas como Green Book. Dolemite is my name supone un transgresión al canon del milenio, apartándose de las prédicas sentimentaloides y moralistas de la banda de Oprah. La estrella de Un detective suelto en Hollywood ha filmado así un largometraje revisionista y nostálgico que escapa de los acartonamientos del cine que patrocina el matrimonio Obama. 

Para entendernos mejor: la cinta narra la historia de un proxeneta que se hace famoso en los setenta por desplegar una rutina de juegos de palabras que se inspiran en chistes colorados, groseros y subidos de tono de los barrios bajos.  Rudy Ray Moore popularizó el estilo “pimp” -que actualmente plagian y normalizan los exponentes del trap- en una faceta del apropiacionismo cultural que empezó en Dolemite, pasó por las manos del snob Spike Lee y terminó en Bad Bunny, cantando alrededor de un desfile de modelos VIP. 

En este caso el director Craig Bewer, un poeta serio del hip hop, se diferencia. No se ha ahorrado planos, voluptuosidades, fetichismos, palabras e imágenes para representar la biografía del Ed Wood negro, planteándolo como el antecedente natural de Snoop Dog, quien por algo figura en el casting, dando el visto bueno a la producción. 

El realizador, que no tiene un pelo de tonto, le ha robado parte del equipo creativo a su colega Spike Lee, buscando seguramente la consagración en el Oscar, que ya obtuvo a medias con Hustler and Flow cuando “Three 6 Mafia” ganó la estatuilla por la canción “Its Hard out Here for a Pimp” en 2006.   

Dolemite is my name ofrece una vitrina para el lucimiento de los diseños de Ruth Carter, que antes ennoblecieron y enaltecieron los registros de títulos desiguales como Malcom X al servicio del autor de El infiltrado del KKKlan. Recordemos que ella trabajó para Steven Spielberg en Amistad, ganó el Oscar por sus alucinantes trajes de Pantera Negra y fue homenajeada por el mejor capítulo de la serie Abstract en su segunda temporada, donde explica el origen de su corte y costura, logrando conmovernos.

Pero la película no es solo un dispositivo artístico, una masturbación del fashion posmo, como algunos de los traspiés de Tim Burton en los últimos años. Lo que hoy llaman contenido se despeja en una narración realmente política, que deja mal parado al puritanismo contemporáneo. El largometraje presenta un alto contraste ante el mundo descafeinado de los represores de las redes sociales. Por tanto, es una pequeña victoria, hasta el momento, que el filme pueda existir mostrando su afecto por las formas y disrupciones que conservaron guardianes del mal gusto como John Waters y Russ Meyer. Naturalmente, el tiempo decanta la subversión de los fundadores de la caricatura de brocha gruesa, condenada en su época a las sesiones de las salas X, de los autocines. 

Es bueno que los chicos descubran a Dolemite is my name, para que peleen por lo que sus padres conservadores y protectores les han arrebatado, que no es otra cosa que su derecho a reírse y disfrutar de las perversiones ópticas y verbales que cultivó Rudy Ray Moore. Eddy Murphy, por lo pronto, ha vuelto con su obra maestra, una de las 20 del 2019. 

Memorable desenlace, un archivo que se rescata en los créditos con el propio Rudy Ray Moore y un secundario desopilante de Wesley Snipes, son algunas de las cualidades de esta rara avis de Netflix. 

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