Dragged Across Concrete
Canadá, 2018, 159′
Dirigida por S. Craig Zahler
Con Mel Gibson, Vince Vaughn, Tory Kittles, Laurie Holden, Jennifer Carpenter, Don Johnson, Michael Jai White, Udo Kier

Esquizofrenia

Por Federico Karstulovich

Hay directores que tienen todo tan claro en su cabeza, ideas tan trasparentes, decisiones tan precisas y acertadas que lo único que pueden generar son reacciones tan antagónicas como la admiración más irrestricta o el asco. A mi, personalmente, me gusta mucho la perfección de ciertos directores, siempre y cuando dejen a la vista visos de humanidad e intuición. O para decirlo de manera más concreta: que el sistema exhiba contradicciones, agujeros, me resulta mucho más estimulante que la lasciva vanidad de los perfeccionistas. Por eso los Greenaway hacen cualquier cosa menos cine. En interesante, por lo pronto, pensar que los errores también pueden constituir un sistema. Ahí está el primer John Waters con un cine imperfecto, sucio, sostenido sobre la atonalidad. Pero también están los simuladores de suciedad y desorden. Ojo, no tengo nada contra ellos. Harmony Korine sopo construir una obra detrás de esa idea. De los primeros, de los apabullantes, Hitchcock y Lang se llevan todas las palmas. Pero en el presente, exceptuando casos como Spielberg, es extraño encontrarse a perfeccionistas y obsesivos en el marco de la producción mainstream y filo-mainstream. Ay, me duele la cabeza. Escucho voces.

Personalidad 1. La aparición de ese salvaje llamado S. Craig Zahler (un tipo con nombre de western, con nombre de ficción) trajo de vuelta algo de esta eterna y estupida discusión entre los perfeccionistas y los intuitivos, precisamente porque su cine parece reconocerse en la bestialidad de dos o tres grandes antecedentes de directores intuitivos como Aldrich, Fuller y Peckinpah. Pero el tema con SCZ es que el tipo en el fondo tiene todo medido y cronometrado. Es, en alguna medida, uno de esos directores que trabajan un sistema de reeescrituras del pasado pero de modo elíptico, discreto, elegante. No, SCZ no es Tarantino. No prima en su obra el orgullo de la reescritura exhibicionista. Es quizás ese costado más contenido el que le baja la espuma a la bestialidad de su cine, que es una bestialidad contabilizada. Y esto se debe a que este director construye un sistema de violencia controlada en la que el goce nunca termina de ser goce desatado sino disfrute sádico. Ese disfrute está directamente ligado a la no entrega completa a la variación, a no permitirse la brutalidad como esquema de conocimiento. No, en el cine de este director la violencia es preexistente, y por ende toda acción violenta es característicamente estilizada. Si, ya sé la respuesta: “Entonces qué hacemos con Peckinpah y Fuller y…y…Bigelow…y….y”. Entonces hay que parar y decir: el problema no está en la estilización sino en que la violencia se vuelve el punto más alto de condensación de ese sistema. No hay detrás de ese goce violento un instante para detenerse. El cine de SCZ es arrollador y no deja tiempo para eso. Pero la violencia es el resultado final, como si en el fondo todos estuviéramos esperando eso. Y si, en el fondo todos sabemos que en alguna de sus películas llegará el momento en el que alguien sufra alguna clase de mutilación, ablación, punción o vaya a saber qué mal. La violencia, entonces, es el último objetivo en vez de convertirse un instrumento. Y eso, en alguna medida desvirtúa el sistema narrativo, porque hace que nos importe poco o nada.

Personalidad 2. SCZ es un genio, precisamente porque logra que la violencia no sea un acto de sadismo sino una derivación natural de los acontecimientos. Al fin de cuentas todo el tiempo nos está indicando que algo está por explotar. Por eso es el mejor heredero de esa tradición que va de los mencionados Aldrich-Fuller-Peckinpah hasta la amargura de la Bigelow. Pero SCZ puede llegar a ser mejor que ellos incluso, porque ha logrado con pocas películas crear un mundo en el el que la violencia es un sistema de regulación social. No, esto no convierte a su director en un fascista, no es Milius. No, en todo caso el director no deja de ser realista en su acepción más inmediata y material pero al mismo tiempo puede dar cuenta de un mundo y de un estado de cosas a partir de la plena conciencia de la violencia como motor del mundo (violencia-sexo-poder son los tres sagrados pilares en los que se sostiene su cine social). De ahí que esta maquinaria desesperada y codiciosa detrás de la guita no sea otra cosa que un exponente de las necesidades de personajes antes que el lugar común repetido de una serie de arquetipos. En el cine de este director los arquetipos hacen un ruido atroz. No pueden ser instrumentos vacíos. Por eso siempre hay personajes detrás de sus películas, nunca simples funciones. En este recorrido hay algo propio del antecedente como escritor, algo que lo emparienta con Nic Pizzolatto

Personalidad 3. A mi el cine de este tipo me fascina. Pero Dragged Across Concrete no solo me parece su peor película sino que ha sido radicalmente inflada. De repente la aparición de este tipo se convirtió en un acontecimiento ridículo sencillamente porque el hombre no tiene represión primaria ni conoce qué es la corrección política. Y porque tiene un apoyo inédito en estas épocas de tibieza. Pero posiblemente una película como esta hace 20 o 30 años hubiera pasado entre la lista de estrenos sin hacer demasiado revuelo. Si, SCZ filma muy bien. Si, el tipo conoce de pe a pa qué es eso del thriller policial de finales de los 60s y de buena parte de los 70s. Si, el tipo sabe qué hacer con la violencia desatada, cómo integrarla a la narración. Pero así y todo estamos frente a una película con un nivel de autoindulgencia galopante. Porque en el fondo todo su sistema narrativo, sostenido en el clímax, no deja de ser un poco vago y reiterativo, porque sus personajes si, tienen tres dimensiones, gente con vida, humanidad, pero eso no te salva una película (explicáselo esto a Michael Mann, que no lo entendió muy bien que digamos en esa entidad sobrevalorada llamada Fuego contra fuego. Bueno, Dragged Across Concrete no parece demasiado interesada en correrse de algunos y consabidos lugares comunes de la obra del director para acercarse, en todo caso, a un género en el que se mueve pero al que también parece agredir un poco. Ahora también vamos a tener thrillers policiales de autor. Con Mann nos basta y nos sobra.

Psiquiatra. Muchachos, todos tienen algo de razón. Pero este señor sobre el cual tienen tantas objeciones como celebraciones está entrando en el terreno de canonización. Por eso lo mejor que le puede pasar a él y a uds es no quedarse con una sola opción, con una sola alternativa a la hora de pensar su obra. Todavía hay mucho SCZ por delante. Pero quizás Dragged Across Concrete no solo comience a ser la reafirmación de un autor sino también un límite posible para una identidad. Los veo en la próxima sesión.

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