Holmes & Watson (Holmes and Watson) 
EE.UU., 2018, 89′  
Dirigida por Etan Cohen
Con Will Ferrell,  John C. Reilly,  Lauren Lapkus,  Rob Brydon,  Kelly MacDonald, Rebecca Hall,  Ralph Fiennes,  Hugh Laurie,  Pam Ferris,  Bella Ramsey, Scarlet Grace,  Noah Jupe,  Oliver Maltman,  Wolf Roth,  Gerard Monaco,  Ethan Rouse

Volver a lo mismo

Por Amilcar Boetto

Promesas. En tiempos donde la representación de la figura de Sherlock Holmes y su fiel acompañante el Dr. John Watson han estado plagadas de cancherismos de todo tipo, engañando al espectador con algún plot twist final, llegando al punto en donde simplemente la narración se convertía en una excusa para celebrar la capacidad cognitiva de Holmes, el hecho de que una película sea una lisa y llana comedia en el tono de la Nueva Comedia Americana (que ya tiene algunos años), con Will Ferrell y John C. Reilly como dupla protagónica, alrededor de las dos figuras, no solo una, generaba alguna esperanza renovada. O cuando menos auguraba una expectativa nueva, un aire fresco, en torno a la mítica dupla. Si además de eso tenemos en cuenta que la película buscaba satirizar la tradición de las representaciones previas de los personajes (aludiendo a que Watson viene de Afganistán, en relación a la serie Sherlock; o incluyendo los cálculos mentales de Holmes en relación a las películas de Guy Ritchie) estando además, plagada de gags relacionados a los cuentos de Arthur Conan Doyle, jugando a la anacronía para mofarse de la relación inglesa-americana de la época en relación a la actual (el gag del telegrama borracho de madrugada, como si se tratara de un mensaje de Whatsapp, sin ir más lejos), incluyendo un extraño y emocionante momento musical; cerrando finalmente con una coda de humor negrísimo relacionado al Titanic, bueno, todo parecería indicar que la bocanada de aire fresco iba a ser un bastante mayor a la que terminó siendo.

Todos los juegos, el juego. Ahora bien, el problema de Holmes & Watson no son las cartas que pone en juego, sino cómo las juega. Expliquemonos: hay un problema central en el film que gira entorno a sus ideas de montaje, ya que los gags físicos no son aprovechados por la cantidad innecesaria de cortes que hay en el interior de estos. Ese problema baziniano con el tiempo real en el interior de los planos hace que Etan Cohen desaproveche la gestualidad de Ferrell y Reilly dándole escasa continuidad a momentos en donde lo principal debería haber sido lo corporal, el rasgo físico de la actuación y no el ritmo externo entre los planos. Momentos como el del ataque de parte de un enjambre de abejas asesinas pierden la efectividad cómica por exceso de tijeras. Es en esos momentos en donde el cuerpo y la cara del actor debe primar (y esto habla de Cohen muy alejado de la comedia, y más del tono cómico que usualmente manejan Ferrell y Reilly), pero el director los encierra, los encarcela en un sistema ajeno al de sus actores. Pensemos por un momento en Talladega Nights: The Ballad Of Ricky Bobby (Adam Mckay, 2006). En aquella película vemos como en una escena Ricky Bobby se clava un cuchillo en la pierna para demostrar que está lisiado de verdad. En esa escena Mckay trabaja planos largos y posiciona la cámara al servicio de la relación entre la cara de Ferrell y su pierna, con el cuchillo clavado y no construye la escena en torno al movimiento de cámara ni al montaje ni al virtuosismo formal. Solo por contraste, ningún momento de Holmes & Watson se asemeja al modo de manejar la puesta en escena de McKay. Y si bien las comparaciones son odiosas es inevitable caer en ellas cuando se juega al juego de las diferencias.

Las ideas de siempre. Pero bien, el problema mayor de esta película no es la poca efectividad o el poco entendimiento de los gags, sino que también maneja una idea global equivocada en torno al humor que utiliza. A ver: la película se auto define como una parodia (pero habría que preguntarse si en realidad no se trata de una sátira) en relación al mundo creado por Arthur Conan Doyle, mundo que ha contado con innumerables representaciones a lo largo de la historia del cine. Y si bien toda parodia constituye a su vez algo de repaso sobre las mismas representaciones, la parodia no es un sub-género que se construye únicamente desde el conocimiento de la tradición y su consecuente ridículo. Pensemos de nuevo en Talladega Nights: The Ballad of Ricky Bobby: en ella no estamos simplemente ante una ridiculización de las películas de corredores de autos; y si bien la historia de Ricky Bobby está narrada desde el ridículo, a su vez construye un arco dramático capaz de hacernos empatizar con sus personajes; en definitiva la película de Mckay narra a su vez que parodia. Y en esto precisamente falla la película, en narrar. El responsable es Etan Cohen, no Ethan Coen. Se trata de uno de los guionistas de Tropic Thunder y no de uno de los hermanos Coen, aclaremos. Asi y todo Etan no parece tan alejado de aquellos, ya que es el responsable de volver a un terreno asimilable a su casi homónimo: el desprecio y la canchereada antes que a la construcción narrativa, algo que podemos ver en varias de sus películas, como El amor cuesta caro o como en La balada de Buster Scruggs, aunque no en todas, . El desprecio que supone la sátira (no así la parodia) hace que siempre prime la distancia por sobre la empatía con los personajes y el interés ppr la narración. Por eso Cohen se ahoga en donde otros nadan.

Priorizando el guiño antes que a sus actores y a sus personajes, poniendo la identidad de autor antes que al género, desconfiando de la comedia como herramienta narrativa, Holmes & Watson no tiene más para sostenerse que los poquísimos momentos de brillantez cómica de la dupla Ferrell-Reilly. Al fin y al cabo siempre se había tratado de pensar en la comedia, en los actores, en la dupla y no en la celebración narcisista de un director. Desde hace buen rato que dejó de ser negocio a eso de andar posicionándose por encima del resto.

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