Lucy in the Sky 
EE.UU., 2019, 126′
Dirigida por Noah Hawley
Con Natalie Portman,  Jon Hamm,  Dan Stevens,  Zazie Beetz,  Ellen Burstyn, Colman Domingo,  Jeremiah Birkett,  Pearl Amanda Dickson,  Stella Edwards, Cali DiCapo,  Nick Offerman,  Tig Notaro,  Christopher Darga,  Joseph Williamson, Arlo Mertz,  Kent Shocknek,  Casey Adams,  Harvey B. Jackson,  Eduardo Lezcano, Jonny Berryman,  Rasha Goel,  Diana DeLaCruz,  Shay Ali,  Zylan Brooks, Tristan Henry,  Lourdes Nadres,  Khafre King,  Tobias Schönleitner,  Nic Cornett

In-between

Por Amilcar Boetto

El vacío del espacio se vuelve locura terrenal, porque la tierra está vacía de contenido para aquella persona que la observo desde un punto de vista que nadie lo hizo. Pertenecen a un club. Son unos pocos privilegiados, al mismo tiempo que unos pocos condenados. La tortura es tal que se ponen a observar una y otra vez la misión fallida de Challenger en la televisión. La sensación es de ambigüedad constante entre la grandeza inentendible y una
locura irrefrenable.
Para nosotros la sensación también es ambigua. Porque Lucy in the Sky no es para nada una película cómoda para los fanáticos de la categorización rapida de rottentomatoes. Es probable, de hecho, que viendo la película de Noah Hawley dentro de la misma escena haya diálogos que nos cautiven y la línea siguiente a esa todo se caiga por la borda cayendo en el melodrama más telenovelesco, para luego en otra línea volver a una simpleza poética, de nuevo, cautivante (la conversación de Lucy con el personaje interpretado por Jon Hamm es un gran ejemplo de esto).

Lucy in the Sky nunca se decide bien que es, ni que quiere ser. Cuando quiere ser clásica, es moderna y cuando quiere ser moderna, es un experimento de montaje simil-Malick. Pero al mismo tiempo, cuando quiere ser clásica establece relaciones honestas entre los personajes (basadas en una serie de ideas y venidas amorosas entre miembros de la NASA) y cuando quiere ser moderna encuentra una relación entre la tierra y el espacio que,
por montaje, resuelve algunas ideas interesantes.
Entre el glamour de la caracterización de Natalie Portman caminando con un leve y sofisticado travelling out y el patetismo con el que se trata al esposo abandonado. Entre la representación sublime de un recuerdo olvidado y enterrado de una misión espacial que aparece fragmentada por el montaje y ese tono forzado que asume la obsesión laboral de la protagonista. Entre un retrato lento de caída en la locura y una secuencia disparatadamente ridícula en un garage. Una Natalie Portman que parece fuera de tono constantemente, pero que a veces nos entra. Con un Jon Hamm que puede pasar de ser una presencia con un tono particular a una caricatura rápidamente y un final que pasa en una simple frase de ser una coda conclusiva que conectaba los campos con la aceptación sobre la terrenalidad de la protagonista a ser una escena descartable y desperdiciada. Entre esos polos se mueve una película que, seria injusto decir, es mala. Que ha sido excesivamente criticada por un injustificado uso del aspect ratio (la relación de alto y ancho de pantalla). Una película que se permite unas libertades formales que la ayudan a generar un tono particular (ahí ayuda el aspect ratio, pero también los travelling y el montaje), pero que al mismo tiempo se siente fuera de tono, desencajada, desarmada. Una pelicula entre tantas cosas vive en un vacio, como en una nave espacial perdida en el espacio.

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