Misión de rescate (Extraction) 
EE.UU., 2020, 117′
Dirigida por Sam Hargrave
Con Chris Hemsworth,  Golshifteh Farahani,  Rudhraksh Jaiswal,  David Harbour, Chris Jai Alex,  Patrick Newall,  Rayna Campbell,  Derek Luke,  Randeep Hooda, Marc Donato,  Pankaj Tripathy,  Geetanjali,  Hays Wellford,  Shivam Vichare

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Por Rodrigo Martín Seijas

Chris Hemsworth es un poco como Jason Statham: ambos vienen desde hace rato buscando esa película de acción que esté a la altura de sus respectivos talentos, aunque han entregado lo mejor cuando pusieron su cuerpo al servicio de la comedia. En el caso de Hemsworth, ya mostró que puede ser un gran superhéroe con su interpretación de Thor, un personaje ciertamente trágico, cuyo camino dramático es traficado en una parodia cómica de la locura. Así las cosas todavía no encuentra ese film de acción que lo defina por sí mismo… aunque Misión de rescate quizás trace algunas líneas para un posible rumbo.

Tyler Rake, ese mercenario melancólico, sin rumbo y marcado por la pérdida que protagoniza Misión de rescate, está delineado claramente para que en una potencial eventualidad esté a la altura de encabezar una franquicia. Como si se tratara de una actualización de Rambo, su cuerpo y sus habilidades parecieran hechos para ponerse al servicio de cualquier misión que se presente. Sin embargo, ese trasfondo ideológico –y que luego decantó en psicológico-que había en Rambo pero que no aparece en Rake: el hecho de ser un mercenario es la excusa perfecta para quitarle cualquier tipo de lectura política. Rake es un hombre de mundo y su trauma no está vinculado a eventos bélicos sino afectivos: no lo rechazó una nación sino la institución familiar o más bien, la posibilidad de una existencia en sociedad. En el fondo, quizás se parezca más a William James, el protagonista de Vivir al límite, un tipo incapaz de crear vínculos más allá de lo circunstancial.

Ojo, quizás le estemos dando demasiadas vueltas, o más bien entidad a Rake, porque esas características apenas si son insinuadas en Misión de rescate. Y no es porque el director Sam Hargrave trabaje al personaje como alguien inserto en un espacio-tiempo determinado, pero con una gran historia detrás, como lo hace frecuentemente Michael Mann. En todo caso eso sucede porque el guión de Joe Russo amaga con incorporar estos elementos pero nunca les da un delineamiento suficientemente claro, es más información que otra cosa. Para colmo, Hargrave demuestra ser sumamente capaz para construir acción, pero a la hora del drama carece de cualquier respuesta elegante o sutil para resolver una cuestión más íntima. Por eso el vínculo que establece Rake con ese niño -hijo de un narcotraficante y secuestrado por otro un rival de su padre- al cual debe rescatar, enfrentándose con una multitud de criminales y policías, nunca llega a tener verdadero peso dramático y es más bien una excusa narrativa para que el asunto avance.

Extraction Chris Hemsworth

En Misión de rescate lo que captura la atención del espectador no es el drama del protagonista, sus dilemas morales o la amistad circunstancial –pero también sacrificial- que entabla con ese chico que es una especie de botín de guerra. Lo atractivo del film es, entonces, su despliegue de secuencias de alto impacto, entre las que se encuentra un notable plano secuencia de más de once minutos que abarca una persecución automovilística, una huida a través de distintos edificios y hasta una pelea cuerpo a cuerpo en la calle. Más allá de eso, el relato tiene poco para ofrecer, excepto la predisposición de Hemsworth/Rake para toda clase de matanzas. Es que a la hora de apilar cadáveres enemigos, Misión de rescate es una película sin culpa y definitivamente creativa, que hasta hace parecer la violencia como algo juguetón, como un juego de niños.

Posiblemente en lo anteriormente mencionado esté la mayor contradicción ética del film: ya que Misión de rescate no puede asumirse como un film de acción puro y directo, necesita construir un drama previo, que finalmente carece de volumen, de cuerpo, de carnadura narrativa. Eso le resta honestidad y la convierte incluso en un entretenimiento culposo, que no puede aceptar su propia –pero sana al fin y al cabo- superficialidad. Una pena, porque bastaba con soltar a Hemsworth y dejar que liquide enemigos sin hacerse preguntas incómodas.

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