Nada es privado (The Great Hack) 
EE.UU, 2019, 135′
Dirigida por Karim Amer y Jehane Noujaim

De la jeringa al chip

Por Ariel Esteban Ramos

La manipulación es tan antigua como el lenguaje. Posiblemente anterior. Pienso que sólo con mostrar el garrote y dirigir una mirada elocuente a otro antropoide de la tribu, el primer barrabrava de la protohumanidad habría alcanzado el objetivo de transmitir sus genes. Alta política. La lista de sus refinamientos es extensa: mitos, retórica, épica, música, escultura, artes plásticas, arquitectura (¡los vitraux!), la propaganda gráfica, radiofónica, televisiva, cinematográfica, las fronteras híbridas de los géneros informativos-ficcionales, y sí… finalmente llegaríamos al fenómeno de las redes sociales con todas sus proteicas variantes. Como ser humano, me siento casi importante cuando pienso que este esfuerzo milenario por persuadirnos unos a otros haya contribuido a crear variantes tan complejas del as de bastos. Por supuesto, hay intentos más prosaicos y evidentes de manipulación como The great hack (Nada es privado, NEP), el documental de Netflix que trata de convencernos por medio de la narración audiovisual que somos potenciales víctimas de un sistema perverso de manipulación. Lo dije sin spoiler alert, sepan disculpar. Este documental de Netflix gira en torno un par de cuestiones serias, atendibles y en algunos casos probadas, aunque “docudrama” sería una descripción más precisa debido al tratamiento ficcional de sus materiales: construcción del personaje, de historia y de intriga. Pero antes de separar papas y manzanas, necesitamos alguna información básica.

Cambridge Analytica (CA), una empresa de data miningy consultoría electoral, participó en 2016 de la campaña de Donald Trump, colaborando sustancialmente con su éxito. Fue la cereza que coronó una serie de asesorías en otros procesos electorales en todo el mundo. Aparentemente, también proveía ideas y recursos “sucios” a esas campañas, como la creación fake newsde amplio espectro (falsedades, verdades a medias, sacadas de contexto, agresión humorística, etc.) y otras estrategias menos sanctas. El punto clave, indisputable, es que CA contó con una base de datos que le permitió modelizar con mucha precisión las conductas de eventuales votantes indecisos. Esos datos los obtuvo y utilizó de manera ilegal, de una encuesta realizada por un investigador entre usuarios de Facebook que tenía fines académicos. Quienes respondían la encuesta daban acceso también a cierta información de sus contactos en la red, un detalle que llevó al semidiós Mark Zuckerberg a defenderse como un pollo mojado en una audiencia judicial. En quiénes recayeron las responsabilidades y las penalidades: Cambridge Analytica cerró, cesó sus actividades. Según NEP, lo hizo para esquivar el pedido de habeas data (reclamo de información personal) del primer cruzado de nuestro docudrama:

  1. El profesor universitario y ciudadano David Carroll. Lucha para concientizar al público de los riesgos de la información privada en las redes y para que su hija tenga derechos informáticos en donde ahora hay un vacío legal.  

  2. Brittany Kaiser (podría llamarse María Magdalena), una arrepentida, ex empleada de Cambridge Analytica representada como una suerte de Edward Snowden o Julian Assange, que se pasea con una resaca notoria por eventos internacionales y resorts coolcon sus valijas, en una extraña y exagerada escenificación de personaje undercover, que debe mantenerse fuera del radar de los poderosos (a los que sirvió eficazmente hasta hace poco) para sobrevivir y llegar a declarar contra ellos. La acompaña un experto politólogo informático que como un buen confesor la sostiene y le aporta un norte moral: estás haciendo lo correcto. 

  3. La periodista de The ObserverCarole Cadwalladr, una profesional de amplia trayectoria multipremiada por sus investigaciones sobre el impacto del uso de macrodatos en las campañas electorales. En este caso, contactó a ex empleados de CA que le explicaron las maneras en las que se obtenía información desde Facebook para modelizar perfiles de comportamiento. 

Dramatis personae sumario, y ahora ¿cuál es el planteo central de NEP? Sencillo: oscuras fuerzas ideológicas de orientación conservadora tratan de modelar una nueva sociedad condicionando la libertad y los derechos que las democracias garantizan a los individuos. Antes de evaluar con medios limitados el alcance de estas afirmaciones, ¿cómo se plasma esto en NEP? Las gráficas y eventos visuales que acompañan permanentemente la narración tienen esa impronta de la red orwelliana omnicontroladora. Pixels y pixels de datos vuelan todo el tiempo hacia Big Brother, lo cual es totalmente cierto y me pregunto si a esta altura de nuestra vida tecnológica alguien se sorprende, si alguien puede ignorarlo: ¿cómo sabe Youtube que me gustan los gatitos? ¿por qué las empresas de turismo me ofrecen hoteles en la ciudad para la que ya busqué vuelos? La información que entregamos tiene esa doble faz: nos facilita ciertas rutinas y a la vez nos hace blanco de ciertas ofertas, no siempre indeseadas. Una tranquila y algo estoica música de gesta New Ageestá presente en todas las declaraciones fundamentales de nuestros personajes centrales. Porque tampoco en NEP todo es información: ¿acaso es manipulación?

En la teoría de la Comunicación existen, entre otras posibles, dos buenas definiciones operativas de manipulación mediática: la más antigua es la noción de la hipodérmica, una jeringa todopoderosa que inyecta en la sociedad información parcializada y contenidos de fuerte resonancia emocional para influir sobre gustos, creencias y decisiones. Es el antiguo paradigma de los antiguos medios masivos, que abarca también a la teoría de la propaganda, y se basa en el credo de que en el universo existe algo como los puros hechos que luego pueden ser distorsionados. En el extremo opuesto a esta idea de los puros hechos se encuentra la definición de acontecimiento, que tan sólo por ser percibido (ni hablar si es reconstruido y relatado) ya pone en juego una mirada, una perspectiva. A medio camino entre ambas, la idea de un espectador con más o menos recursos simbólicos para procesar lo que recibe y sacar sus conclusiones. ¿Pero qué tan libre es entonces este sujeto para tomar decisiones? Para votar, por ejemplo. 

El argumento de NEP gira todo el tiempo alrededor de la noción de que a través de las redes sociales se puede manipular la democracia influyendo en votantes indecisos. El eje Trump, Bolsonaro y Macri: todos clientes de SCL. El aroma a teoría conspirativa neoliberal se disipa un poco cuando nos enteramos que Ted Cruz usó los servicios de la misma firma en la interna republicana antes de ser derrotado por Trump. La periodista Carole Cadwalladr afirma que este marketing político basado en perfiles psicológicos es equivalente a un arma, utilizada, por ejemplo, “para convencer a varones musulmanes de 14 a 30 años de no unirse a Al-Qaeda”, o “para no volar una aldea en pedazos, convenciendo a sus pobladores de que los talibanes son malos y estarán mejor sin ellos”. Un horror. Pero momento, porque las armas también pueden utilizarse para el mal: NEP nos muestra una serie de imágenes manipulatorias de esas que habitualmente vemos en Facebook todos los días reproducidas hasta el hartazgo por nuestros amigos comprometidos en la política partidaria del momento. Nuevamente, ¿qué tienen de raro? ¿acaso ya no notamos la manipulación, que se nos ha vuelto connatural al uso de las redes? La diferencia precisa, lo que aquí se denuncia es la utilización dirigida y precisa de esta arma comunicacional, piezas gráficas cuyo diseño y mensaje estarían basados en variables sociológicas más finamente valoradas. Nos queda también la duda de si además de segmentar por edad, lugar de residencia, y otra cantidad de variables sociológicas, Facebook permite a sus grandes anunciantes segmentar de acuerdo a variables más finas, o en función de datos recogidos y manejados exclusivamente por la red social. Supongo que es factible; habrá que preguntarle a Brittany cuando esté sobria. De ahí a la manipulación individual todavía tenemos un trecho. Y a la urna, otro tanto.

Llegados a este punto, cualquier espectador argentino de NEP que vote y tenga una cuenta de Facebook corre el riesgo de morir de un ataque de risa. Si no lo hace, podría hacerse esta pregunta: ¿Y cómo funcionan las democracias en cualquier otro lugar del mundo? Porque se trata de métodos demasiado sutiles para el país del voto cadena, las zonas liberadas, los punteros. Todo eso quizá también atente contra la idea de la democracia. Pero también porque la propaganda política que ya conocemos, con la que convivimos desde siempre, hizo y hace esto todo el tiempo. Está bien: se basa en encuestas bastante más primitivas, en el trabajo de una red de militantes convencidos que crean y reproducen en las redes material que podría considerarse fake news(según los criterios de la Cámara de los Comunes en el informe sobre CA: https://bit.ly/2Ly0YEj), y por qué no, en el olfato y el oficio de consultores como Durán Barba, por citar al más conocido y probado gurú de la comunicación política. Por supuesto, el uso de datos privados indebidamente obtenidos es algo inaceptable. Pero de ello no se sigue automáticamente que la manipulación funcione en la manera descrita por el paradigma hipodérmico. Y si lo hace ¿qué tan distinta es su eficacia de cualquier otra campaña más artesanal que segmente adecuadamente sus públicos? Del uso de este tipo de datos en una elección puntual en EE.UU. tampoco se desprende que se hayan obtenido y utilizado datos similares de Facebook en otras elecciones, en otros países, para una suerte de manipulación de efecto individual. El microtargetinghace blanco anónimo sobre una combinación de variables, sobre un segmento, no sobre un individuo. Pero esa versión fue ampliamente difundida en nuestro medio, y es exactamente lo que NEP quiere sugerir. 

Ahora sí, spoiler alert, porque tengo una solución que no les va a gustar: hay que dejar de publicar en Facebook por dos años. Y Netflix también. Buenas noches.

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