Quién te cantará 
España, 2018, 125′
Dirigida por Carlos Vermut
Con Najwa Nimri,  Eva Llorach,  Carme Elías,  Natalia de Molina,  Julián Villagrán, Vicenta N’Dongo,  Inma Cuevas,  Ignacio Mateos,  Catalina Sopelana

Una que sepamos todos

Por Marcos Rodriguez

No hay caso, che, no me funcionan las películas de Vermut. Entiendo que hay una legión pequeña pero leal de fanáticos legítimos, entiendo que sus películas (vi dos de las tres que hizo, un buen promedio) tienen elementos más que suficientes para atraparme y, sin embargo, no. Me pasó antes, me acaba de pasar con Quién te cantará, esa que cantaban todos en la última edición del Festival de Mar del Plata y que acabo de ver por Netflix. No me vengan con que tendría que haberla visto en pantalla grande. No. A veces hay película y directores que a uno simplemente no le interesan. Puedo reconocer sus méritos e intenciones, pero ¿de qué serviría ponerse a enumerarlos, como lista de supermercado? ¿El lector busca información sobre la película? Esa sobra hoy en día. ¿Está en busca de una descripción objetiva y sopesada de los hallazgos y fracasos de una obra cinematográfica? No pretendo ser capaz de tanto. ¿Serviría que hable de Franju? Los entendidos ya lo conocen. ¿Tendría que referirme a Almodóvar? Bueno, ahí la cosa se pone más complicada porque me parece que a Vermut no le conviene que lo pongan junto al divino Pedro. Aunque, por otro lado, él mismo parece pedirlo a gritos.

¿Qué es lo que no me funciona de Vermut? Hay melodrama, hay perversión, el tipo sabe componer un cuadro. Pero me falta algo. No le creo. El señor Vermut acumula elementos que es probado que funcionan bien juntos, pero no le encuentro un corazón a su pasticho. El problema no es una supuesta frialdad anti-melo, como demuestra por ejemplo La piel que habito, la más Franju de las obras maestras de Almodóvar. Pero incluso en esa película gélida como expresión facial de Antonio Banderas uno podía sentir, casi desde el primer minuto, la pulsión reprimida que corría, desbocada como río helado, debajo de las composiciones de encuadre y color, de ritmo y citas cinematográficas. El divino Pedro no deja de pegar referencias y colores saturados unos al lado de otros, pero lo que hace que sus melodramas funcionen, que nos duelan como patada en los huevos, que podamos sufrirlos y disfrutar sufriéndolos, es la pasión, incluso si es de muerte.

Vermut es mil veces más frío. ¿Quiere decir que es más perverso? ¿Es menos clásico? ¿Es un Almodóvar para el siglo XXI, esa época lavada y descreída que resucita géneros porque es lo único que le queda por resucitar? Hay algo en esa supuesta perversión que tampoco me funciona.

Quién te cantaráes una película sobre madres e hijas, como había sido Tacones lejanos, y la primera relación madre-hija que se nos presenta es la de Violeta con su hija malcriadita. ¿Hay perversión en ese vínculo? Sin duda, pero la forma en la que Vermut nos lo presenta no es perversa, al contrario: Violeta, la imitadora de Lila, aparece casi desde el principio de su existencia de personaje como una víctima. Víctima de melodrama puro y duro, a lo Mildred Pierce. Está bien, hay que ser no poco jodido para resolver ese vínculo de la forma en la que lo resuelve Vermut al final de la película, pero eso es al final, después de un largo valle de planos compuestos y colores planos. Hay un problema con la narración estática de esta película: sus fantasmas no la habitan, no avanza a través del tiempo sino apenas en el ancho del plano. Es más, incluso ese primer momento de melodrama madre-hija se nos presenta pasada la primera media hora de película. Hasta entonces, ¿qué tuvimos? Plano bello, plano bello, música bien calzada, caras sin expresión. Si hasta tenemos el tópico más tópico sacado de cualquier telenovela: Quién te cantaráempieza con una mujer que despierta con amnesia y no recuerda nada de su vida.

Así es como opera esta película: cita, samplea, trafica ideas supuestamente interesantes, traza el armazón de lo que podría ser un melodrama y vampiriza la cultura popular para generar momentos emotivos. Claro, lo importante está en el cómo y Carlos Vermut sabe barajar sus momentos con destreza para que la cosa se sostenga. Quién te cantará no es una canchereada pop, pero, me atrevería a decir, tampoco cuaja como cine. ¿Cuál es la distancia que lo separa del cine de Almodóvar, del que tanto parece querer apropiarse? Esa distancia es una lágrima. Las lágrimas de Vermut son frías, no por perversas sino por calculadas. Y si hay algo que no se puede calcular es un melodrama. Hay lindo trabajo de composición y dirección de arte, hay tiempos justos y referencias para dejar contentos a los entendidos. Pero una sospecha corroe mi corazón: el señor Vermut, que sabe abrevar en tradiciones de las buenas, busca más la pleitesía que el pañuelo mojado. Y eso, amigos, es casi un pecado.

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