Rim of the World 
EE.UU., 2019, 99′
Dirigida por McG
Con Jack Gore, Miya Cech, Benjamin Flores Jr., Alessio Scalzotto, Dean Jagger, Andrew Bachelor, Lynn Collins, Annabeth Gish, Michael Beach,  Tony Cavalero, Andrea Susan Bush, Kerry Westcott, Allan Graf, Michael Papajohn, Scott MacArthur, Cameron Fuller, Annie Cavalero, Rudy Mancuso, Carl McDowell, Chris Wylde, David Theune, Punam Patel, Jason Rogel.

Negocios riesgosos

Por Sergio Monsalve

Netflix quema demasiado dinero en la producción original. Así, piensan en la compañía, que lograrán mantener el enganche de su audiencia internacional. Las series siguen evitando el estallido de la burbuja, si, pero las primeras alarmas han sido encendidas en la compañía de Reed Hastings, tras la caída en la bolsa de valores, del 11 % en fecha de julio de 2019, como consecuencia de la deserción de 130 mil suscriptores en Estados Unidos. 

Sin embargo, la empresa está lejos de ser un espejismo, un saco roto o el cascarón vacío que señalan los críticos alarmistas de la prensa amarilla. 

En rescate de las audiencias perdidas, de la plataforma, ha venido el salvavidas de la teen nostalgia que engloba la franquicia Strangers Things, que mantiene entretenido a centenials y cuarentones por igual, postergando la fantasía de la última historia sin fin que los evada del horror vacui de un mundo a la deriva, fragmentado y que decidió cancelar el futuro en su adicción por repetir la misma dosis de cultura populista, una y otra vez. A una de era de demagogos ha tocado, como correlato, un tiempo de bucles medio cínicos e hipócritas en su falsa inocencia revisitada. Es el caso, bien sintomático, de Rim of the World, otro crudo ejemplo de la lógica autoindulgente, derivativa y caníbal del gigante del streaming en Hollywood. 

Ya no es un suceso aislado sino un modelo de negocios de producir, a un ritmo demencial, un cúmulo de intrascendencias que conserven la fidelidad de la audiencia, al precio de liquidar géneros, identidades, carreras y personalidades. En particular, mi caso al menos, la cantidad de despropósitos en largometraje me había separado de la parilla fílmica del multimedio. Hay que declararla como la peor barra de programación que ofrece el portal de pago. 

Tiene que ser uno muy ingenioso para justificar tal sucesión de descalabros, de vacuidades, de pastichos que no se sabe si son absurdos y ridículos por acción u omisión. 

Así y todo, lo más curioso es que la nueva película de McG se presta a que cualquier reseñador le dore la píldora, desglosando sus innumerables guiños, citas, imágenes berretas, símbolos geopolíticos, estereotipos y argumentos trillados. 

Es obvio que el realizador no se toma muy en serio el trámite de contar lo que se antoja como un mix entre Cuenta Conmigo, El club de los cinco y La guerra de los mundos, recuperando el trash de serie b de Marcianos al ataque, con unos efectos especiales en CGI mal diseñados, que se asumen como chistes de Sharknado

Clásico de Netflix, el primer acto ostenta un notable esfuerzo por narrar de forma empática y solvente la introducción del conflicto dramático con sus personajes.La comedia funciona en el desmontaje hiperbólico, típico de Los Simpson, de un ritual estival que ha perdido su encanto ante los ojos digitalizados de los chicos en red. 

Por desgracia, el ritmo y el contrato se evaporan casi al instante de empezar la invasión extraterrestre, al resignar el interés por descubrir la verdadera realidad de los protagonistas, en favor de un encadenamiento de secuencias explosivas que apenas salvan los actores y los montajistas del entuerto narrativo del autor, generalmente propenso a desfigurar a sus seres de carne y hueso dentro de un desmesurado parque de atracciones. 

Faltaría que John Hughes reencarnara para que Rim of the World lograra conservar su encanto hasta el final. Pero la película se extravía en control de su auténtico conductor, amén de la incapacidad de resolver el encargo con la gracia que sí exhibieron, en el pasado, sus fuentes de inspiración. Pero la culpa es de Netflix y de su manía de hacer algo como una Adidas, The Movie for kids, utilizando un viejo guion de coming of age, remozado con la respectiva cuota de representatividad. Todo un experimento a la carta de un consumidor que se quejará y que abandonará la programación, si no se toman los correctivos correspondientes. 

Mientras tanto, el hype sostiene la ilusión del contenido ilimitado sin importar el resultado. La burbuja crece. Y como toda especulación con jabón y agua, en algún momento puede explotar. El riesgo, a la vuelta de la esquina. Mientras tanto una generación cancela el futuro reciclando el pasado una y otra vez de manera estúpida. 

Comentarios