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Tiempo de lectura: 3 minutosVivarium

Luciano Salgado

Vivarium 
EE.UU., 2019, 97′
Dirigida por Lorcan Finnegan
Con Imogen Poots,  Jesse Eisenberg,  Jonathan Aris,  Olga Wehrly,  Danielle Ryan, Senan Jennings,  Molly McCann,  Eanna Hardwicke,  Shana Hart

Las parábolas de mierda

Por Luciano Salgado

Ya lo mencionó uno de mis compañeros en la revista, Gabriel Santiago Suede, en alguna que otra ocasión en esta revista. Creo que lo hizo en una nota inmediatamente de cobertura de no-estrenos. Pero como todo es no estrenado en estos momentos, la experiencia se extiende y aplica más allá del nicho de «película de Netlflix». Yo también comparto algo de ese gusto por las películas de high-concept (para no repetir los reenvío a aquella nota de GSS, que pueden leer en este link en donde habla del concepto en las primeras líneas, luego vuelvan). Y si bien en gran medida esa clase de materiales son soberanos emboles que no puedo ni terminar de explicar, aquí estamos para sufrir. Pero por algún motivo irracional me adentro en esos mares embravecidos de berretadas, de cosas pretenciosas o de genialidades. Casi no suele haber grises entre esos extremos. Porque el high concept descree firmemente de tal posibilidad. Para esa clase de películas todo debe jugarse en el ataque, porque sino no vale la pena la experiencia. El problema es que a veces se trata de una montaña rusa sin presupuesto, a la que solo le alcanzó para la subida inicial. Y todo el resto es en bajada, sin capacidad de retomar el loop de retorno. El high concept tiene algo de versión degradada del cine clase B. Pero donde este último desarrollaba una serie de libertades sustentadas sobre la ironía, el sentido del humor, la ligereza, el gusto por el inverosímil, el high concept ha tendido a optar por una construcción más constrictiva. Y dependiendo el caso, plagada de solemnidad.

Vivarium, ya se habrán dado cuenta, entra perfectamente en esta categoría. Su premisa es elemental. Pero también su mayor arma. A menos de cinco minutos estamos en el baile. Como en las viejas películas clase B en donde el tiempo era oro y no podía desperdiciarse (pensando al largometraje como si fuera un corto, ojo a este dato). De ahí que el arranque sea el proveedor de potencia. Pero el problema es ese: una subida sin aceleración posterior. O al menos no una aceleración propia, sino derivada del movimiento de la inercia inicial. Ahí ya tenemos un problema grave: premisa no es película. Toda premisa es un punto de partida. Pero Vivarium tiene alguna carta más bajo la manga (carta que no es un as, ni por casualidad: apenas un cuatro de bastos roñoso).

Ahora bien, cuando la premisa no le sirve por mucho más tiempo (dos jóvenes viajan a un barrio de suburbios donde todas las casas son iguales y entran a una de ellas que les es mostrada lista para habitarse…pero no pueden escapar del barrio e ingresan en un loop espacial sin salida posible) la película comienza a establecer la segunda etapa de previsibilidad. Por eso la literalidad del juego lógico del inicio da paso a la figuración-cliché de la crítica al sistema de vida productivo-reproductivo. De ahí que la aparición de un bebé (y luego niño siniestro) sea menos parte de un juego del fantástico antes que la gran comprobación del lugar común de la crítica a la familia estandarizada que reproduce diariamente su vida de igual forma (por ahí he leído que Vivarium anticipaba el confinamiento durante la pandemia: muchachos, no se puede linkear cualquier cosa con cualquier cosa solo por el clickbait, es decir, por la búsqueda de likes).

Pero Vivarium tiene una tercer etapa (que es bastante menos que un tercer acto, claro) y es en donde precisa de otro volantazo desesperado para que el asunto logre alguna intensidad que le venía siendo negada durante el plomífero segundo tercio. Es así que por algún motivo desconocido nos enfrentamos a una vuelta de tuerca violenta que apenas podía anticiparse de forma parcial y que reduce toda potencialidad de los segmentos anteriores a lo que terminan revelando ser: puras postergaciones temporales para llegar a ese cierre que incluye mundos paralelos, extraterrestres y replicas del mismo esquema para finalmente volver al inicio del ciclo.

El inconveniente es ese: Vivarium no dice nada nuevo, ni es inteligente (por más que tenga a Eisenberg y Potts en su mejor plan cínico) ni es sensible ni es desagradable (bueno, si lo es pero por motivos inversos a los que busca: su inhumanidad la convierte en una película de diseño sin la menor vida, como si no hubiera aprendido la lección que indica que planificación no tiene que equivaler a muerte). Es una experiencia más en este encierro eterno hasta que venga la siguiente.

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