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Tiempo de lectura: 3 minutosZeros and ones

Por Marcos Rodríguez

EE.UU., 2021, 85′
Dirigida por Abel Ferrara
Con Ethan Hawke, Valerio Mastandrea, Cristina Chiriac, Babak Karimi, Dounia Sichov, Salvatore Ruocco, Phil Neilson, Anna Ferrara, Valeria Correale, Korlan Rachmetova, Mahmut Sifa Erkaya

Ficción escasa

En su nueva película, Abel Ferrara arma lo que podríamos llamar una ficción escasa: hay personajes, hay algo similar a una historia (una situación, en realidad), hay cosas que pasan unas después de otras, pero lo que pasa se entiende poco e importa poco. Ferrara nunca fue el más grande de los narradores, pero, en cambio, lo que lo hace un cineasta enorme es el peso que le otorga a sus imágenes.

Por otro lado, el propio Ferrara se dedica a dinamitar su ficción desde el vamos: como había hecho ya en “Bienvenido a Nueva York” (otra película en la que el peso de la realidad doblaba la ficción), “Zeros and Ones” comienza con un prólogo documental en el que el protagonista explicita algunas de las cuestiones que se trabajan en la película. En “Bienvenido…” Depardieu hablaba en una entrevista, lo veíamos a él, no a su personaje, opinar sobre el papel que interpretó. En “Zeros…” vemos a Ethan Hawke, que explica por qué se interesó en el proyecto, qué le interesa de Ferrara y qué vio en este guión. Después sabremos, en el epílogo en el cual de nuevo Hawke se presenta frente a nosotros, que ese primer video lo grabó como parte de una estrategia para recaudar fondos para poder filmar esta película; el video final es una reflexión del propio Hawke una vez que vio la película terminada. Es decir: la película incluye en su cuerpo estrategias y artilugios que hacen a la construcción de la película, y que por tanto debilitan la idea de la ilusión narrativa.

Pero incluso si el propio Hawke no se nos presentara en un plano probablemente tomado desde su computadora en su casa (al estilo de “reunión virtual” al cual tuvimos que acostumbrarnos), el cuerpo principal de la película dejaba en evidencia ya que la ficción que se fue tejiendo sobre una realidad que parece documental importa tal vez menos que aquello que se está filmando: en este caso, las calles de Roma durante la cuarentena. “Zeros and Ones” propone una especie de ciencia ficción que se roza con la realidad/pandemia: calles vacías, barbijos, control policial en las calles.

No es la primera vez que Ferrara traza ficciones leves y que se acerca a la ciencia ficción. Uno de los personajes que interpreta Ethan Hawke es un militar que llega a la ciudad en busca de su hermano (Ethan Hawke), al parecer una especie de revolucionario (¿terrorista?) que fue capturado y posiblemente asesinado. Casi la totalidad de la película transcurre, además, de noche, lo cual suma capas de oscuridad sobre la poca claridad de un relato que nunca se explica. Con un formato muy duro, con un digital bastante crudo (¿vendrá de ahí el título de la película?), Ferrara sigue el deambular de Hawke por una ciudad desierta, y cada tanto se entrega a lo que podríamos llamar un preciosismo sucio: el placer de los píxeles, los colores reventados y la oscuridad ruidosa. Algo de Ferrara fue siempre así, pero también hay algo que recuerda directamente a “Siberia”, su ficción anterior, en la que Willem Dafoe se sumergía en cuevas simbólicas y emergía cada tanto de entre sombras nunca explicadas. En “Zeros…” la cueva es la realidad del presente pandémico y cada tanto nos cruzamos con ángulos del cuadro en los que emerge la cara semi tapada de Hawke, que busca en la noche.

Sin embargo, el esfuerzo por construir esa ficción (apuntalada por videos vistos en computadoras y por líneas escasas de diálogos) importa tanto como, por ejemplo, la cantidad casi absurda de planos que Ferrara le dedica al acto de desinfectarse las manos con alcohol. Cada vez que un personaje entra a un lugar, se desinfecta. Y, cada vez, Ferrara lo muestra. Cuando Hawke le paga unos dólares a una mujer, la cámara se detiene sobre el detalle de cómo la mujer va rociando alcohol sobre cada billete y luego lo limpia, lado por lado. Barbijos que entran y salen, charlas con barbijos colgando de las orejas. Saludos precedidos por pistolas para medir la temperatura. En cierta forma, “Zeros and Ones” es un catálogo de los nuevos gestos de la pandemia. Está claro que Ferrara quería registrar eso, así como también está claro que no quería solo registrar eso: Ferrara siempre tiene algo para decir, aunque pueda resultar confuso.

Más allá del registro de la experiencia de la pandemia, lo que resulta más interesante es ver cómo Ferrara se acerca a la circunstancia de la pandemia, siempre con una mirada corporal y concreta. La película se llama “Zeros and Ones”, ceros y unos, lo cual remite por supuesto a lo digital. ¿Lo digital es la cámara con la que filma, el modo en que ve ahora? ¿Ese digital se refiere a las nuevas comunicaciones virtuales, que son las únicas con las que contamos durante el encierro? No queda claro pero después de ver “Zeros and Ones” la impresión que nos queda no es la de una realidad virtualizada, un mundo digital, sino muy por el contrario un mundo de cuerpos encerrados, de cercanías pringosas que intentan cubrirse de desinfectante pero no pueden renunciar a su propio peso. Un ser humano encerrado es mucho más espeso y concreto que uno que puede deslizarse por una ciudad, por los cielos, creyendo que nada se interpone en su camino.

La materialidad de Ferrara aplicada al mundo pandémico termina por resaltar todo lo que pronto preferiremos olvidar: ese encierro limitante, pesado y concreto que puso en evidencia (por si hacía falta) que la virtualidad no alcanza y que la experiencia es siempre del cuerpo.

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