No te preocupes, no irá lejos (Don’t Worry, He Won’t Get Far on Foot)
EE.UU.-Francia, 2018, 114′
Dirigida por Gus Van Sant.
Con Joaquin Phoenix, Rooney Mara, Jonah Hill y Jack Black

Los bordes seguros 

Por Rodrigo Martín Seijas

La ecléctica filmografía de Gus Van Sant encuentra en No te preocupes, no irá lejos una nueva instancia para jugar con algunos preceptos genéricos y retorcerlos un poco, pero sin romperlos ni traspasar ciertos límites. A la vez, el cineasta vuelve a demostrar que se siente cómodo recostándose en ámbitos de producción independientes pero que ya está lejos de la radicalidad y ambición formal que mostró en películas como Gerry o Elefante apenas una década atrás, quizás en el final del período más prestigioso a lo largo de su carrera (extendido entre 1999 y 2007).

El relato de No te preocupes, no irá lejos se presta para el discurso de autoayuda (y algo de eso hay), a partir de centrarse en la historia real John Callahan (un moderadamente intenso Joaquin Phoenix), un alcohólico que queda en silla de ruedas luego de un accidente automovilístico y que emprende un camino de recuperación e incluso redención en el que descubre que tiene un particular talento para dibujar caricaturas plagadas de humor negro. La primera hora del film es la más irregular pero también la más interesante, porque ahí es donde Van Sant se permite utilizar al montaje como una herramienta desconcertante, con idas y vueltas temporales que poseen un principio ordenador en las charlas terapéuticas que Callahan tiene en un grupo de alcohólicos anónimos, pero que igualmente llevan a la narración a una estructura casi fragmentaria.

De hecho, No te preocupes, no irá lejos se construye en esa primera mitad como una serie de viñetas sobre la vida de Callahan, con pequeños trazos de humor que en un punto replican la obra del caricaturista, dialogando con ella, pero que a la vez sirven para aminorar posibles chances de miserabilismo, ya que es indudable que la existencia de Callahan tuvo muchos momentos y eventos de mierda: abandonado por su madre, alcohólico desde joven, postrado y condenado a una silla de ruedas, con un comportamiento autodestructivo y un rumbeo personal cuando menos errante hasta que le encontró un sentido cabal a su vida. De ahí que la mecánica de pequeños apuntes sueltos sobre el protagonista y de coexistencia con otros lenguajes artísticos le brinda al film un tono algo elusivo, a la vez que esquiva riesgos melodramáticos.

Claro que esa estructuración de la primera mitad lleva a que la película tenga unos cuantos pasajes contraproducentemente anárquicos, como si Van Sant no tuviera del todo claro hasta donde llevar sus apuestas narrativas y formales, con lo cual no extraña que la segunda hora entre en un territorio mucho más convencional, focalizándose primariamente en la redención y reconstrucción de Callahan. En ese territorio seguro, Van Sant se muestra como un artesano eficiente y servicial, y a la vez capaz de hallar una dinámica de trabajo con los actores que lleva a que todo se perciba natural, fluido y sincero, otorgándole una credibilidad inusual incluso en las secuencias más melodramáticas, especialmente en una escena donde el motivador que encarna Jonah Hill revela una parte de su oscuro pasado. Sin embargo, a pesar de los logros de este tramo, la sensación patente es que estamos un relato de auto-superación que no sale de los lugares comunes por más que tenga una superficie indie.

Quizás ese sea el gran problema que ha atravesado al cine de Van Sant durante toda su carrera y que en No te preocupes, no irá lejosse continúa casi irremediablemente: estamos ante un realizador que tiene una incuestionable capacidad para trabajar con toda clase de premisas, temas, géneros, estéticas y formas narrativas, pero que solo en momentos puntuales de su filmografía se ha atrevido a llevarla hasta el límite. Cuando lo ha hecho, ha podido incluso romper esos límites, sacudir toda clase de expectativas y reconfigurar lenguajes, problematizando perspectivas y dejando una multitud de preguntas en el espectador. Sin embargo, No te preocupes, no irá lejos (al igual que Tierra prometida y Milk, por citar un par de casos) es de esos films del realizador que entrega todas las respuestas, funcionando incluso como obras cuasi didácticas, en el sentido más explicativo (y cómodo) del término.

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