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Persuasión

Por Carla Leonardi

Persuasion
EE.UU., 2022, 109′
Dirigida por Carrie Cracknell
Con Dakota Johnson, Cosmo Jarvis, Henry Golding, Suki Waterhouse, Richard E. Grant, Lydia Rose Bewley, Edward Bluemel, Nikki Amuka-Bird, Doc Brown, Mia McKenna-Bruce, Izuka Hoyle, Yolanda Kettle, Janet Henfrey, Agni Scott, Stewart Scudamore, Sophie Brooke

Una lectura aplastante


La adaptación de una obra literaria al cine puede entenderse como la lectura que el director realiza de la misma. Más allá de que la trasposición sea literal o libre, de las interpretaciones y la dirección de arte cuando se trata de la ambientación en otra época, es clave cuál es la lectura que se está realizando del texto literario y de qué modo se transmite a través de la puesta en escena. 

Persuasión traspone la novela homónima de la escritora Jane Austen, que fuera la ultima que escribió y que fue publicada de manera póstuma. El primer cambio que realiza la directora es el pasaje de la tercera persona en que está narrado el texto literario a la primera persona, que es introducida en el prólogo por la voz en off que plantea el tema del film, y la asunción de su punto de vista. La narradora y protagonista, Anne Elliot (Dakota Johnson) cuenta en el prólogo que alguna vez estuvo enamorada de un joven marinero, sin fortuna ni rango, y que fue persuadida (de ahí el título) por presiones familiares (especialmente de su consejera y suerte de sustituta materna Lady Russell), a abandonarlo. 

Es una decisión interesante por parte de la directora, aportar cierta dosis de modernidad y dinamismo, al hacer que la narradora, cuente sus experiencias y sentimientos, desde la escena misma y que abandone la voz en off (que podría resultar tediosa y obstaculizar el desarrollo de la trama), luego del prólogo. Así el personaje de Anne, construido con una fuerte impronta teatral, rompe varias veces la cuarta pared y establece entonces una complicidad con el espectador; a la vez que funciona como una suerte de personaje de coro cuando interviene con mirada distanciada y con sus opiniones, anticipando ciertos acontecimientos o situaciones de los personajes que la rodean.

La primera parte es la presentación de su situación actual (tras ochos años sumida en la tristeza y la oscuridad por la ausencia del amado) y de su grupo familiar. La aristocrática familia Elliot se compone del padre Sir Walter (Richard Grant), un hombre vanidoso y narcisista, cuyo retrato empapela la mansión como único objeto de veneración, la madre ya fallecida y las dos hermanas de Anne: Elizabeth (Yolanda Kettle), la mayor, de deslumbrante belleza pero vanidosa como su padre y Mary (Mia McKenna-Bruce), la menor, casada con el heredero de una familia acaudalada y con hijos. La juventud comienza a abandonar a Anne, quien ha perdido toda esperanza en el amor y se entrega en soledad a la bebida. A poco de comenzar la vemos acariciando un conejo, animal que la simboliza tanto evocando a la reina Ana de Austria, aquella que no tenía hijos; al conejo blanco de Alicia en el País de las Maravillas, evocando la idea de un tiempo que va pasando y la crisis de identidad consecuente; y también las cualidades que la identifican como la ternura y bondad hacia los demás. 

La decadencia económica de la familia y el hecho de que deban alquilar la mansión, para mudarse a una residencia más pequeña, es lo que vuelve a poner en contacto a Anne con su antiguo amor de juventud, Frederik Wenthwoth (Cosmo Jarvis), ahora devenido en capitán de la Armada y hermano de la esposa del Almirante Croft, arrendatario de la mansión. El film es una suerte de comedia dramática romántica, donde los enredos, malentendidos y especialmente el resentimiento de Frederik, obstaculizan y distancian a los amantes, hasta que finalmente puedan re-encontrarse al final.

La directora hace un buen uso de los colores y la luz (apagados, grises o en la gama del azul oscuro en los momentos de distanciamiento y tristeza y más estridentes como el púrpura o el turquesa brillantes en los momentos de encuentro de los enamorados). También usa apropiadamente algunos elementos clave en la puesta en escena (además del conejo ya mencionado), como ser el cerco que, durante la caminata por el parque, marca la separación entre las hasta entonces confidentes primas Louisa (Nia Towle) y Anne, cuando Louisa le confiese su amor por Frederik y se transforme entonces en la tercera en discordia. 

Por otro lado, bajo la persuasión familiar de abandonar la relación amorosa con un hombre de un estrato más humilde, la película pone en evidencia el lugar de la mujer en aquellos tiempos (siglo XIX), en tanto objeto de intercambio, ya sea para asegurarse la posición económica o el titulo nobiliario, que la confinaba a los lugares de esposa y madre. La mujer limitada al ámbito de la interioridad doméstica de esos roles o bien al de guardiana de los sentimientos; sin embargo, puede escabullirse al desplegar la afición por la palabra poética (como bien se ve en Anne, ávida lectora) o por la escritura como han podido hacer varias autoras de ese tiempo. Se diferencia también el matrimonio como sociedad socio-comercial, de otras configuraciones del amor, encarnada en el personaje de Lady Russell (Nikki Amuka-Bird), que aunque viuda, tiene amantes secretos en los viajes que realiza por Europa. Y también distingue el matrimonio y la relación de las mujeres con el amor, tanto como condición de su goce y como nominación que estabiliza lo ilimitado e ilocalizado de ese goce indecible; independiente del estrato socio-económico del hombre que sostenga el dicho amor. El problema del film es que todo esto se plantea desde lo discursivo y elocuente, más que desde la puesta en escena y el simbolismo, y que termina decantando en el final en un mensaje moralizante que advierte sobre los peligros de dejarse persuadir por otros en el terreno del amor. 

Los pasajes más interesantes son aquellos en los que intervienen Sir Walter Elliot, Mary o el primo William Elliot (Henry Golding), donde se apunta a poner en ridículo (no siempre con pleno efecto) los semblantes de la aristocracia en su extrema vanidad y auto-complacencia, en su rebajamiento por obtener el beneplácito de familiares lejanos que en verdad los ignoran, como así también la frivolidad y el calculo estratégico de una seducción interesada, en el afán de conseguir poder económico o nobiliario.  

El resultado es una película desabrida, que se sostiene en la fuerza y el esfuerzo interpretativos de Dakota Johnson. La lectura del texto literario que baja línea con un discurso moralizante, con explícita y reiterada ideología de género y con la innecesaria (pero acorde a la moda de la época) inclusión de personajes racializados; lamentablemente aplasta el efecto subversivo y corrosivo que la obra de Austen sí lograba, desde el humor paródico e irónico sobre la mezquindad, la estrechez de mira y los acartonados semblantes de la aristocracia de su tiempo. 

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