Pie Pequeño (Smallfoot) 
EE.UU., 2018, 96′
Dirigida por Karey Kirkpatrick y Jason Reisig
Con voces de Channing Tatum, James Corden, Zendaya, Common, LeBron James, Danny DeVito, Gina Rodriguez, Yara Shahidi, Jimmy Tatro y Ely Henry

Desde el frío de la posverdad

Por Sergio Monsalve 

1. Pie Pequeño, que es más grande que su título, sería la película de la posverdad antitrump. Así me lo dijo la profesora Malena Ferrer, que también fue mi cómplice en una serie de televisión que llamamos “Estado Crítico” y en donde quisimos hacer una réplica de El Amante Tv y Días de Cine en Venezuela. Eran otros tiempos en el país, antes de la catástrofe final del chavismo.

2. Lamento que los amigos progres de Argentina no estén aquí para que comprueben lo que afirmo, pasando de largo de cualquier programa y proyecto izquierdista que acabará tan mal como el de Maduro. Hablando con la periodista Diana Carolina Ruiz, en su programa de radio, comentamos que el plot de Pie Pequeño funcionaría para ilustrar el encierro y el bloqueo de la ex patria de Bolívar, por otros medios.

3. Resulta que la película cuenta casi lo mismo que La Aldea y Canino -pero sin la solemnidad de Shyamalan y Lanthimos- al narrar la historia de unos yetis que viven encapsulados en lo alto del Himalaya, bajo la maquinaría de fake news de un dictador benevolente que manipula las informaciones a su antojo, con el fin de mantener a su prole unida en un paraíso artificial que supone la actualización de las tesis de Metrópolis y Matrix.

4. El mago de Oz lanudo, el patriarca del invierno infinito, oculta la verdad a los suyos, tras un tinglado de rocas que se acuñan como tablas de salvación. A lo Moisés en Los Diez Mandamientos, el Gandalf del pueblo divide las aguas del relato, cada vez que muestra un axioma o una ley que imprime sobre las piedras de una caverna de Platón. De manera elegante la película destruye las viejas teorías comunistoides de Armand Mattelart sobre la supuesta conspiración de la meca, para adormecer a nuestros hijos y hermanitos, sometiéndolos al método Ludovico de consumir sucedáneos de la Disney, a perpetuidad.

5. Filosofía para niños, que no para dummies, estamos ante una película que logra resumir la inteligencia de décadas de pensamiento crítico en el seno de una compañía que albergó las deconstrucciones de Bugs Bunny, del Pato Lucas y del lobo calentón de Tex Avery.  Y es que a diferencia de las últimas piezas de su estilo, Pie Pequeño basa la efectividad de su comedia física en el diseño de unos gags que no se sostienen por la acumulación de chistes insulsos, en modo Minions, sino por la creación de unos personajes a los que estimamos y queremos conocer más. Nos importan ellos y sus lances, porque los amoldaron con gracia y cariño en los guiones y los procesadores.

6. Veamos qué sucede con los personajes: el protagonista podría haber tenido el clásico papá castrador y pincha globos que es legión en el género. Pie Pequeño, en cambio, se preocupa por estructurar, en la figura del progenitor, uno de los giros dramáticos y emotivos del argumento, cuando se comienza a descubrir la conjura de necios que impide a los gigantes de la montaña helada salir de su burbuja primitiva y oscurantista. En paralelo, el mundo de los hombres discurre por una confusión similar al contagio del factor fama y de las conquistas de la red. En la comparación, la caricatura de los humanos arrastra el peso de la convención, pactando con unas formas y unos argumentos predecibles. En ambos casos, el influjo de la sátira musical agrega un valor adicional a la dramaturgia conformista y desangelada de los momentos fríos del libreto. La fábula se calienta en las acciones de los secundarios y en las canciones de la subversión de la normalidad millenial.

7. El clímax llega en la cueva profunda del viaje del antihéroe, donde se pierde la inocencia y se disipan las nubes que encubren al entorno. El tono de una monserga rapera inunda a la banda sonora con un ritmo de insumisión clandestina. Los cuadros subterráneos cobran toda su dimensión plástica en la potente sinfonía rock. Pienso en las óperas libertarias de Pink Floyd, en The Wall. Hay que derribar al muro y dejar que los chicos crezcan por su cuenta.

8. Dos películas enfrentadas parecen anidar en el fondo de la construcción de Pie Pequeño. Una aspira a dialogar con cuestiones “elevadas”, morales y falsamente edificantes, como el final empalagoso de reencuentro forzado entre monstruos y pares asiáticos de un parque temático al uso. Otra asume la aparente minoridad del título, develando los dispositivos y los discursos que explota el poder para controlarnos. Por tanto, la metaficción recupera el espíritu de Looney Tunes y Quién Engañó a Rogger Rabit para subvertir las cosas con la velocidad y la felicidad que da la locura y la libertad de las acciones físicas.

9. Es una verdadera lástima que la propia corporación que promueve el proyecto, el estudio Warner, sea la primera en conspirar contra la difusión clara de la idea matriz del largometraje en las pantallas. No en balde, el tráiler renuncia a brindar cualquier orientación sobre el auténtico objetivo de la película, lo que nos confunde a dejarla pasar por alto, como si se tratara de un autoboicot. Le hacen la tarea fácil a los críticos perezosos que se quedan en la superficie y que bajan los pulgares ante la trampa de un desenlace fabricado por compromiso.

10. Nosotros hemos procurado no dejar pasar la subversión que anima a Pie Pequeño, acaso más interesante, urgente, y necesaria de lo que pensamos, que con su pie grande pisa fuerte en el globo del estado islámico, de Putin, del Breixit, de Trump y de Maduro y de los populismos varios, para desarmarles su sistema orwelliano de propaganda, hoy, en 2018, todavía vigente.

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