Algunos de los integrantes de Perro Blanco vieron El legado del diablo, la película de terror de la que está hablando todo el mundo. Y comenzaron las discrepancias. Aquí debajo les dejamos un diálogo entre dos de los exponentes de los bandos. O no tanto, porque cuando comienzan a hablar ambos críticos se dan cuenta que quizás no estaban tan en desacuerdo. Como fuera, todo terminó siendo una gran excusa para comer y hablar sobre películas de terror, un apasionamiento que no veníamos sintiendo con los estrenos comerciales desde hace un buen rato. Pasen y lean. Ah, una última cuestión: ESTÁ LLENO DE SPOILERS, así que si no vieron la película, no lean si no quieren que les arruinen varios pasajes.

El legado del diablo (Hereditary)
Estados Unidos, 2018, 127′
Dirigida por Ari Aster.
Con Toni Collette, Gabriel Byrne, Alex Wolff, Ann Dowd y Milly Shapiro.

El suplicio de una madre

Por Federico Karstulovich & Hernán Schell

HS: Empezaría con una impresión muy personal: no recuerdo cuando fue la última vez que una película de terror me angustió tanto. Quizás Martyrs fue un caso, aunque no sé si tanto por la calidad de la película como por la temática en sí. Hay algo de especial en Hereditary (me niego a llamarla con el nombre de estreno local que achata las implicaciones del título original) que para mí habla de las grandes virtudes de este tipo como cineasta (al que espero no se le hayan agotado las ideas, por más que se trate de una ópera prima). La primera es la utilización virtuosa del fuera de campo, algo que se evidencia por ejemplo en el llanto del personaje de Toni Collette por la muerte de su hija. Un momento clave que muestra que el director usa el fuera de campo de manera especialmente inteligente. No es un fuera de campo caprichoso, sino que se usa a partir de que es mucho más efectivo que mostrarlo. Haber visto a Toni Collete llorando por su hija, incluso cuando ella sea una gran actriz (y acá lo demuestra con creces; creo que desde Sexto Sentido que no realiza una interpretación tan extraordinaria), haberla visto en un momento tan horroroso no habría tenido el mismo peso que el sólo escucharla. A esto se le suma otra cosa: que vemos un contraste entre la expresión aún shockeada del hijo (y por ende casi petrificada) y el sonido cambiante y desesperado de Collette. Que después de eso venga un corte brusco de la cabeza de la hija de Collette habla a las claras también de otra de las grandes sabidurías de la película: la de una edición veloz que aparece en el momento justo como para shockearnos sin regodearse en la sangre. Pasa eso ahí y también en el momento en el que el personaje de Byrne se incinera. Hay una inmediatez muy sabia en esa escena, sabiendo que la información que se nos da es lo suficientemente horrorosa como para que un segundo sea suficiente como para horrorizarnos.

FK: Tengo sentimientos encontrados con esta película. Hay todo un componente que tiene que ver con los giros repentinos que no me cierra, que me resuena a problemas de guión (y que hacen eclosión en un tono rarísimo que la película adquiere al final). Pero prefiero hablar de los problemas luego. Antes, las virtudes. Al mismo tiempo que la película tiene fallas, es interesante cómo dialoga con inteligencia con esa tradición tan incomodante e inglesa del terror pagano. De hecho, yo creo que es una de las vías que tiene el terror para encontrar su conexión con lo desconocido, precisamente porque toda la iconografía y los mitologemas del cristianismo han sido agotados, y creo que hoy no le mueven un pelo a ningún espectador más o menos entrenado en el género. Por el contrario, el retorno a ese componente que tiene un costado humano (el de los fanáticos sectarios) y un costado sobrenatural (la conexión con un mal metafísico) creo que es una de las últimas cartas que tiene el terror contemporáneo como para volver a narrar desde una perspectiva menos cínica con el género y su historia. En este sentido soy pesimista con el género y sus expresiones contemporáneas. Creo que lo que está surgiendo es una serie de películas de terror “boutique”, como si se tratara de un terror de curaduría, con dosis precisas de elegancia formal, con dosis precisas de cinefilia, con dosis precisas de inquietud. No digo que sean malas, pero tienen una cosa de preciosismo qualité que creo que no ayudan en nada al género. Hereditary se queda a mitad de camino entre los excesos de un género adepto a ellos y la plástica de un cine más elegante y arty (incluso me hizo acordar a Lanthimos, que en  El sacrificio de un ciervo sagrado juega a ser Kubrick).

HS: Puede ser. Pero quisiera concentrarme, además de lo formal, en otro punto que le da solidez a la película. Que es más general, ciertamente. Y que se vincula con la solemnidad tremenda de lo que cuenta. Normalmente no soy muy fanático de la solemnidad, y dudo de la importancia de cualquier cosa que no pueda reírse de sí misma. Pero en algún punto creo que la solemnidad acá juega un punto a favor, porque a esta altura es una novedad dentro del género modelo SXXI. A diferencia de tu pesimismo, creo que estamos pasando por un muy buen momento del cine de terror. Creo que desde la década del 70 que no se veía un terror tan ambicioso como el que se ve ahora. Lo muestran películas como Get Out!, The Cabin in the Woods, el díptico El Conjuro, Te sigue y demás películas de terror que podrán gustar más o menos, pero que muestran un género que está dispuesto a renovarse sin dejar de tener en cuenta herencias anteriores. Lo valioso de Hereditary es que es una película muy deudora de películas previas, pero al mismo tiempo con una personalidad muy fuerte. Es al fin y al cabo una versión más grave e incluso más terrible de El Bebé de Rosemary, con la figura de la brujería, el Mal triunfante, la idea de un mal que viene del propio hogar. Pero en este caso, la película de Ari Aster quita del medio ese humor (retorcido, pero humor al fin) que tenía Polanski para darle un aire de tragedia, quizás menos interesante por su falta de ambigüedad, pero sí más desesperante. Desde este punto de vista, las reflexiones que hay en la película sobre la significación de la tragedia son parte para mí de un fuerte punto flojo, porque son momentos de trazo grueso innecesario y un subrayado/guiño al espectador. Pero también habla de las sanas ambiciones de un cineasta muy prometedor.

FK: A ver. A mí me pasa una cosa rara con esta película. Y creo que se deben a que siento que la misma oscila entre sus ambiciones (que no la vuelven pretenciosa, ojo) y los resultados de sus decisiones. Por un lado está la suma de decisiones formales que mencionabas antes, que la vuelven una película brutal y elegante a la vez (tal como dije: está empezando a diseminarse una suerte de terror arty que es beneficioso y no para el género, por eso celebro que esta película tenga cosas de ambas partes), pero al mismo tiempo creo que hay algo de eso que atenta contra su resultado final. En este último sentido, bajo ningún aspecto comparto que sea solemne. En todo caso, puedo decir que lo es durante los primeros 40-45′ hasta la muerte en cuestión de la hija, que cambia todo. Todo ese inicio extenso, que se toma sus tiempos, tiene algo del terror setentista duro, sin concesiones, incómodo, que atenta contra el núcleo familiar. El tema es que a partir de un momento la película comienza a girar en otras nuevas direcciones (a mi modo de ver, la gran influencia tapada que está dando vueltas por acá en tanto a tono es El Resplandor, película que es más efectiva cuando se juega por los excesos que cuando se pone pretenciosa y solemne) y creo que algo de eso afecta las posibilidades reales de catarsis o incomodidad real que pueda generar.

HS: Sí, puede que solemne sea una palabra inadecuada. Sí diría grave y carente de humor. Para decirlo de modo sencillo: la película es una lija. Con respecto a las influencia de El Resplandor, sí, es posible. Algunos la mencionaron por el tema del sadismo para con el personaje de Collette en paralelo con el de Duvall, pero no hay que olvidar que, en la película de Kubrick, Duvall sí termina teniendo una salida: ella logra salir del hotel, logra pegarle un batazo al marido, y escapar con su hijo. De hecho, tiene mucho de cuento de hadas la película de Kubrick (bastante literal en algunos aspectos). Hereditary no tiene nada de eso, porque está signada por la tragedia más pura y dura. Es la historia de un mal (el MAL en mayúsculas, en realidad) triunfante y una mujer encerrada en eso sin escapatoria posible. Sí se parece a El Resplandor en algo clave: es una película con un argumento sencillo, pero que disemina pistas que nunca terminan de responderse y que parecieran claves. Hacia el final pasa eso: es imposible saber finalmente cuál era todo el plan exacto y el orden y la función de las jerarquías, y parte de lo inquietante de la película tiene que ver con eso. Con respecto a lo de mitad de camino, diría más bien que el problema de la película es que tiene un tono en su primera mitad que se desarma cuanto más revela de su trama y más explícita quiere volverse. Es una película a la que la resienten las imágenes demasiado sobrenaturales, como la de Collette golpeándose la cabeza contra el techo. Por eso quizás uno de los grandes hallazgos de la película sea las sesiones de espiritismo. Son tremendamente simples, y en un caso logran crear clima con que solo un personaje diga que el aire “está quebrado”. Por otro lado, también coincido y mucho con que la otra gran influencia es el terror pagano inglés. Pensé de hecho en The Wicker Man. Hay algo de terrible en ese terror que desarrolla otro tipo de Mal al representado mayormente en occidente. Como si estas películas nos recordaran que quizás pudimos habernos equivocado de dioses todo este tiempo. Es algo muy perturbador.

FK: Bueno, es que aunque la palabra sea grave, yo sí creo que en efecto tiene humor. Y el humor está en su salvajada, o en los caminos que quiebran un clima (la mina que le cuestiona a Collette el querer irse de la sesión de espiritismo con un “what?”, el marido de ella respondiéndole “sí, sí, seguramente me voy a encontrar esto” en referencia a lo que va a ver al subir al altillo, el pibe llorando como un bebé en medio de la sesión en la casa, la misma protagonista volando o dándose la cabeza contra el altillo). La referencia a El resplandor venía más por esa mezcla entre exceso que rompe climas y solemnidad estilizada, no por la salida posible al drama. Estoy de acuerdo con las pistas que no cierran, pero en algún punto también podrían leerse como un error de guión en la película. Y me pasa lo que dije antes: toda la salvajada no me produce miedo en esta película, pero me generó una liberación de la incomodidad derivada de toda la primera parte. En algún punto, la catarsis que puede generarte excede al género, por eso creo que tiene un humor tanto voluntario como involuntario a la vez. Por otro lado, creo que ese aspecto de terror pagano al cual me refería tiene media vuelta de tuerca faltante, como si la película precisara de un golpe de horno no necesariamente para terminar de explicar a esa secta de adoradores de demonios (poco me interesa saber tanto), sino que terminara de asentar su perturbación menos en dirección a un final apoteótico que a otro final más terrenal e incómodo. Y ahí surge el componente que más miedo me causa: al fin y al cabo, estamos ante una gran película sobre psicópatas, verdaderos manipuladores que le cagan la vida a la gente con el fin de sostener en pie su fanatismo. Que el origen de esa psicopatía pueda destruir a una familia a través de generaciones creo que es lo que más miedo me da. Esa mezcla entre la manipulación humana y la ausencia de explicaciones sobrehumana hace que me estremezca. Las decisiones del final me llevan más hacia un goce medio camp, pero no necesariamente hacia un terror catártico y setentista como parecía prometer esto. Por eso la película oscila tanto en mi cabeza.

HS: Hay un punto en el que coincido:  me parece que es una película que se cae un poco con lo sobrenatural también por el hecho de que sus escenas más realistas dan más miedo que cualquier fantasía. Pienso en la escena en la que cenan pollo y la madre no puede evitar mirar con odio a su propio hijo. Es de un nivel de tensión que está por sobre cualquier escena sobrenatural. Lo mismo sucede cuando la protagonista hace la miniatura de su hija sin cabeza. Es una actitud agresiva y enfermante, pero perfectamente creíble y mete más miedo que sus últimos 15 minutos. Me recuerda un poco lo que decía Val Lewton: que el gran cine de terror es aquel que puede sostenerse sacando el elemento fantástico. El problema de la película es que al ser tan potente en sus momentos carentes de fantasía, cuando este aparece es un poco decepcionante. Y no sé si es por un golpe de horno. Es muy difícil también sostener el clima que la película propone en toda su primera mitad. Creo que el director no encontró otra salida que esa. Aún así, la sigo pensando como una muy buena película. Algo despareja, pero muy buena. Y agregaría algo más: no creo que las cosas que no cierran sean errores de guión. La mayor parte de la película no sale del punto de vista del personaje de Collette y su hijo. Y parte su desesperación tiene que ver con que nos mete en su mirada limitada. Que no se sepa todo, que haya cosas que no cierran, habla de que son cosas que nos exceden: en definitiva esa es la base misma de lo trágico. Por algo también la película juega con que ella- hablo de la protagonista- sienta la ilusión del control en su mundo de maqueta. Un mundo de control frágil que lógicamente se desvanece.

FK: A ver, yo no estoy en desacuerdo con el punto de la tragedia. Justamente, si hay una gran tragedia en la película que da miedo real es la de la psicopatía, la manipulación, la incomunicación que genera sobreentendidos que son contracara de un dolor contenido. Lo que digo es que, justamente, creo que la película nunca termina de saber de qué manera articular todos esos problemas. Por eso tiene como esta cosa estrábica, que te permite percibir por un lado la tragedia, a su vez trabaja un humor sardónico muy incómodo (pero que atenta contra el clima general) y envolviendo todo eso un subgénero como el del terror pagano, que tiene esa incomodidad que mencioné antes. El tema es que ni las grandes decisiones narrativas (el fuera de campo informativo que mencionabas, así como las decisiones formales) ni los buenos momentos, articulan necesariamente todo el combo. Y ahí es donde puedo ver la ambición de contar un relato, pero a su vez veo desesperación. Quizás algo más de experiencia termine de sedimentar en este director, y en unos años hablemos de una obra maestra. No es este caso.

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